Las carreteras representan mucho más que un riesgo de atropello para la fauna silvestre. Su presencia modifica el paisaje, fragmenta territorios y puede cambiar incluso una actividad tan básica como buscar alimento.
Para los grandes mamíferos, elegir dónde comer implica encontrar un equilibrio entre obtener suficiente energía y evitar peligros. Una carretera introduce ruido, iluminación, vehículos y presencia humana, factores que pueden hacer que un área con buenos recursos deje de resultar atractiva. El resultado es que algunos animales cambian sus rutas, reducen el uso de determinadas zonas o esperan hasta momentos de menor actividad humana para desplazarse.
Una carretera puede convertir alimento cercano en inaccesible
En ecología se utiliza el concepto de forrajeo para describir cómo los animales buscan y seleccionan sus alimentos.
Una carretera muy transitada puede actuar como una barrera, incluso aunque físicamente sea posible atravesarla. Algunas especies evitan las inmediaciones de vías con tráfico intenso, aunque la distancia de evitación cambia considerablemente según el animal, el tipo de carretera y el paisaje.
Esto puede reducir el acceso a zonas de pastoreo, fuentes de agua o lugares con abundantes presas.
Además, si un animal evita cruzar directamente una carretera y debe recorrer una distancia mayor para alcanzar otro sector de su territorio, aumenta el gasto energético asociado a la búsqueda de alimento. Para especies que dependen de recursos muy estacionales, como determinados ungulados, estas alteraciones pueden ser especialmente importantes.

La fauna también puede cambiar sus horarios
Otra respuesta frecuente frente a la actividad humana es modificar el momento del día en el que los animales se desplazan. Diversos estudios han observado que mamíferos expuestos a carreteras, asentamientos u otras infraestructuras humanas pueden aumentar su actividad nocturna, aprovechando las horas en las que disminuye el tráfico y la presencia de personas.
Pero esta adaptación no siempre resulta gratuita. Cambiar los horarios puede modificar el encuentro con las presas, la competencia con otras especies y el tiempo disponible para acceder a determinados recursos. En algunos casos también altera interacciones ecológicas que habían evolucionado durante miles de años.
Eso sí, no significa que todos los grandes carnívoros cacen peor durante la noche: especies como lobos y grandes felinos están perfectamente adaptadas a condiciones de poca luz. El efecto depende enormemente de cada especie y ecosistema.
Las cunetas pueden convertirse en lugares peligrosamente atractivos
Existe además una paradoja. Los bordes de las carreteras pueden contener recursos interesantes para los animales.
Las cunetas pueden presentar vegetación joven y abundante, mientras que los cadáveres de animales atropellados representan alimento para carroñeros y depredadores oportunistas. Esto puede provocar que determinadas especies se acerquen precisamente al lugar que supone uno de sus mayores riesgos.
En ecología, una situación semejante puede convertirse en una trampa ecológica cuando una señal aparentemente favorable conduce a los animales hacia un ambiente que reduce sus probabilidades de supervivencia.
📸 5/6: Leading their offspring to new hunting grounds, the Iron Creek West pack's breeding pair breaks trail through fresh snow.
📸 6/6: Elk in the 24,700-acre National Elk Refuge near Jackson, Wyoming. pic.twitter.com/p6EaRGz5a4— National Geographic Animals (@NatGeoAnimals) January 8, 2025
Pasos de fauna para volver a conectar el territorio
Por eso, actualmente no basta con intentar reducir los atropellos. El diseño de carreteras también debe considerar cómo se mueve la fauna para alimentarse, reproducirse y migrar. Los ecoductos, pasos inferiores y corredores de fauna permiten reconectar territorios separados por infraestructuras y pueden recuperar rutas utilizadas por diferentes especies.
Otras medidas incluyen vallados que conduzcan a los animales hacia pasos seguros, gestión específica de la vegetación de las cunetas, reducción temporal de velocidad y sistemas capaces de detectar fauna cerca de la calzada.
La cuestión fundamental es que una carretera puede afectar a un animal incluso sin llegar a tocarlo. Al cambiar sus rutas, horarios y decisiones sobre dónde alimentarse, una infraestructura aparentemente lineal puede transformar el comportamiento de poblaciones enteras y modificar poco a poco el funcionamiento del ecosistema.