Hace 7.000 años, el Sáhara no era el inmenso desierto que conocemos actualmente. Donde hoy predominan las dunas y las montañas de roca desnuda existían lagos, pastizales y territorios habitados por comunidades que cazaban, pescaban y cuidaban animales.
En ese paisaje vivieron dos mujeres cuyos cuerpos quedaron enterrados en un abrigo rocoso del actual suroeste de Libia. Sus restos se conservaron naturalmente durante milenios, protegidos en un entorno donde recuperar ADN humano antiguo resulta extraordinariamente difícil.
Cuando los científicos consiguieron analizar su material genético, encontraron algo que no esperaban. Las mujeres pertenecían mayoritariamente a un linaje humano norteafricano que había permanecido relativamente aislado durante miles de años y que no había sido identificado con esa claridad en los genomas estudiados hasta entonces.
El descubrimiento, publicado en Nature el 2 de abril de 2025, plantea nuevas preguntas sobre la historia de las poblaciones africanas y sobre cómo se transmitieron algunas de las transformaciones culturales más importantes de la prehistoria.
El Sáhara fue un territorio lleno de vida antes de convertirse en desierto

Entre hace aproximadamente 14.500 y 5.000 años, el norte de África atravesó el denominado Período Húmedo Africano. El aumento de las precipitaciones transformó amplias extensiones del Sáhara en sabanas, humedales y regiones con lagos permanentes.
Uno de los lugares donde todavía se conservan testimonios de ese pasado es Takarkori, un abrigo rocoso situado en las montañas de Tadrart Acacus, en Libia. Las excavaciones de la Universidad Sapienza de Roma documentaron ocupaciones humanas, herramientas, cerámica, enterramientos y evidencias de actividades pastoriles. Según explica el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, allí aparecieron dos mujeres momificadas naturalmente cuyos restos tenían alrededor de 7.000 años.
El equipo encabezado por Nada Salem logró recuperar ADN de una raíz dental y de fragmentos óseos, a pesar de que el material genético humano representaba una proporción muy pequeña de las muestras.
La información obtenida permitió reconstruir parte de su ascendencia y compararla con poblaciones antiguas y actuales de África, Oriente Próximo y Europa. Y los resultados modificaron algunas interpretaciones previas sobre quiénes habitaban el Sáhara verde.
Su ADN reveló una población que había permanecido aislada durante milenios

Los análisis indicaron que aproximadamente el 93% de la ascendencia de las mujeres, según uno de los modelos genéticos utilizados, procedía de un linaje norteafricano profundo, mientras que el resto podía relacionarse con una antigua aportación levantina. Este linaje compartía afinidades con los cazadores-recolectores que habitaron Taforalt, en Marruecos, hace unos 15.000 años. Sin embargo, las mujeres de Takarkori no mostraban una contribución genética subsahariana significativa en los análisis realizados, algo especialmente interesante porque vivieron durante una época en la que el Sáhara disponía de numerosos corredores ecológicos.
Como señala un análisis de Nature sobre la investigación, los resultados sugieren una historia poblacional más compleja que la de grandes movimientos humanos uniformes a través de una región fértil.
Los investigadores también detectaron aproximadamente un 0,15% de ascendencia neandertal, menos que en muchas poblaciones antiguas de Eurasia, pero más que la identificada mediante el mismo método en los genomas subsaharianos utilizados para la comparación. Esto apunta a contactos genéticos antiguos, aunque no permite reconstruir con precisión cuándo ocurrieron.
Hay un matiz esencial: las mujeres eran humanas modernas, pertenecientes a nuestra propia especie, Homo sapiens. El estudio tampoco demuestra que su linaje desapareciera completamente sin dejar contribuciones genéticas posteriores.
El pastoreo pudo extenderse sin grandes migraciones humanas

La investigación también cuestiona una explicación habitual sobre la expansión de la ganadería en el norte de África. Durante mucho tiempo, se consideró que la llegada de nuevas prácticas pastoriles podía estar acompañada por desplazamientos importantes de población procedentes de otras regiones. Pero los genomas de Takarkori cuentan una historia distinta.
Las dos mujeres pertenecían principalmente a una ascendencia profundamente arraigada en el norte de África, pese a formar parte de comunidades que ya practicaban el pastoreo. Esto respalda la hipótesis de que la domesticación y el manejo de animales pudieron difundirse principalmente mediante intercambio cultural, sin necesidad de una sustitución demográfica masiva.
El estudio original de Salem y sus colaboradores presenta esta interpretación como una explicación compatible con los datos, no como una demostración de que nunca existieron migraciones asociadas a la ganadería.
La conclusión más importante va mucho más allá de las dos momias. Durante años, el Sáhara verde se imaginó como una región que facilitó grandes desplazamientos humanos entre el norte y el sur de África. Las nuevas evidencias muestran que, al menos para esta población, el intercambio de conocimientos pudo ser mucho más intenso que el intercambio genético.
El desierto volvió con el paso de los milenios. Los lagos desaparecieron, los paisajes cambiaron y aquellas comunidades dejaron de habitar Takarkori. Pero parte de su historia permaneció oculta en los huesos de dos mujeres. Siete mil años después, su ADN está revelando que el pasado humano de África fue mucho más diverso de lo que permiten imaginar nuestras fronteras geográficas actuales.