El 29 de julio de 2026, un vehículo operado a control remoto llamado Deep Discoverer descendió hasta unos 5.600 metros de profundidad en la zona económica exclusiva de las Islas Cook, como parte de una expedición del buque Okeanos Explorer, de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). Según documentó la propia NOAA, cada vez que el equipo llegaba al fondo marino se encontraba con extensos campos de nódulos polimetálicos, y en varias de esas inmersiones, escondidos entre los nódulos, aparecieron grandes dientes fósiles de pez.
En total, la expedición recolectó siete dientes durante la primera mitad del crucero de 2026. Muchos superaban los siete centímetros, y el más grande, recuperado durante una transmisión en vivo en la que el propio primer ministro de las Islas Cook, Mark Brown, guió de forma remota a los operadores del vehículo submarino, alcanzó los 13 centímetros. Por ese tamaño, la geóloga marina Aurora Elmore, colíder científica de la expedición, y su equipo consideran que probablemente pertenecieron a un megalodón, el tiburón más grande que existió.
Por qué un diente de tiburón termina en el centro de una roca metálica

Los nódulos polimetálicos son formaciones minerales que crecen en el fondo oceánico de manera extremadamente lenta, a partir de la acumulación sucesiva de capas de manganeso y hierro alrededor de un núcleo inicial. Ese núcleo puede ser casi cualquier objeto sólido y estable que quede expuesto en el fondo marino: un grano de arena, un fragmento de roca, o, como ocurrió en varios de estos casos, un diente fósil de tiburón que se hundió hasta el lecho oceánico hace millones de años y quedó ahí, sirviendo de base para que los minerales se depositaran capa por capa a su alrededor durante un período de tiempo geológico.
El resultado no es, entonces, un diente hecho de metal ni un hallazgo reciente: es una pieza dental genuinamente antigua, cuya superficie terminó recubierta y transformada por sucesivas capas minerales acumuladas durante millones de años de quietud absoluta en el fondo del mar.
Lo que un diente puede contarle a la ciencia sobre el pasado del océano

El interés científico de estos dientes va mucho más allá de confirmar la presencia histórica de grandes tiburones. Los dientes fósiles absorben elementos traza y tierras raras, entre ellos el neodimio, directamente del agua y del sedimento después de hundirse. Analizar la concentración de esos elementos dentro del diente permite a los investigadores rastrear cómo se movían las corrientes oceánicas del pasado, una especie de archivo geoquímico natural que se fue sellando, capa mineral tras capa mineral, durante millones de años.
Un estudio publicado por la Unión Geofísica Americana ya había validado esta técnica: la señal isotópica del neodimio en dientes fósiles se mantiene interpretable incluso cuando las condiciones del sedimento circundante cambiaron moderadamente con el tiempo, aunque cada muestra todavía necesita controles adicionales para garantizar que los resultados sean confiables.
Una expedición de mapeo, no de minería
La misión formó parte de una campaña más amplia que, durante su primera etapa, cartografió 24.253 kilómetros cuadrados del fondo marino y recolectó muestras de nódulos, sedimentos, agua y organismos vivos, con participación conjunta de especialistas de NOAA, el Servicio Geológico de Estados Unidos y la Autoridad de Minerales del Fondo Marino de las Islas Cook. La propia NOAA remarcó que se trata de una campaña científica de exploración, no de una autorización para extraer minerales del fondo marino, y que todavía falta analizar en laboratorio las muestras recolectadas antes de sacar conclusiones definitivas sobre la identidad exacta de cada diente.
Los nódulos polimetálicos concentran, además de manganeso y hierro, otros metales de interés económico creciente, como cobalto, níquel y tierras raras, lo que los convirtió en objeto de debate internacional sobre minería submarina en los últimos años. Este tipo de expediciones de mapeo, previas a cualquier decisión sobre explotación comercial, es justamente lo que permite entender qué hay realmente en esas zonas antes de decidir qué hacer con ellas.