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Ciencia

Un vestido de 1880 escondía uno de los códigos más misteriosos de internet: tardaron una década en descubrir que hablaba del clima

Dos papeles arrugados aparecieron dentro de un bolsillo secreto de un vestido victoriano comprado en 2013. Durante una década nadie consiguió entender frases como “Bismark, omit, leafage, buck, bank”. Finalmente, un investigador encontró la clave: eran observaciones meteorológicas del 27 de mayo de 1888 comprimidas para viajar por telégrafo.
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Parecía el comienzo de una historia de espionaje. Un vestido de seda del siglo XIX, un bolsillo oculto y dos papeles cubiertos de palabras aparentemente sin sentido.

El hallazgo ocurrió en 2013, cuando la arqueóloga y coleccionista de prendas antiguas Sara Rivers-Cofield compró un vestido de dos piezas de la década de 1880 en Maine. Dentro encontró unas dos docenas de líneas escritas a mano.

Una de ellas decía:

“Bismark, omit, leafage, buck, bank”.

Durante años, criptógrafos aficionados intentaron averiguar qué significaba. Hubo hipótesis sobre espionaje, comunicaciones militares e incluso apuestas clandestinas. Ninguna funcionaba.

Hasta que Wayne S. Chan consiguió resolverlo. Su investigación fue publicada en la revista especializada Cryptologia: el supuesto mensaje secreto era en realidad un informe meteorológico codificado.

Un vestido de 1880 escondía uno de los códigos más misteriosos de internet: tardaron una década en descubrir que hablaba del clima
© CBS Chicago – Youtube.

El problema era que nadie sabía qué libro de códigos utilizar

En el siglo XIX, enviar información mediante telégrafo podía resultar caro porque los mensajes se cobraban por palabra. Una solución era utilizar códigos en los que una sola palabra representaba varios datos simultáneamente.

Eso explicaba por qué el mensaje parecía formado por términos aleatorios.

Chan investigó antiguos manuales telegráficos hasta encontrar referencias al sistema utilizado por el U.S. Army Signal Service para recopilar observaciones meteorológicas. Aquella pista terminó permitiéndole reconstruir el código.

Cada línea comenzaba con una estación meteorológica y continuaba con palabras que comprimían información sobre temperatura, presión atmosférica, punto de rocío, precipitaciones, dirección del viento y velocidad.

“Bismark omit leafage buck bank” dejó de ser un galimatías

La famosa línea sobre Bismarck, en el actual estado de Dakota del Norte, podía finalmente traducirse.

“Omit” representaba una temperatura de 56 °F —unos 13 °C— y una presión barométrica de 30,08 pulgadas de mercurio. “Leafage” indicaba un punto de rocío de 32 °F y una observación realizada a las 10 de la noche. Las siguientes palabras codificaban información sobre el cielo, las precipitaciones y el viento.

Era, esencialmente, una forma decimonónica de comprimir datos.

Los observadores de distintas estaciones enviaban esos mensajes por las redes telegráficas hacia Washington, donde la información podía utilizarse para elaborar mapas y pronósticos meteorológicos.

Chan consiguió incluso averiguar qué día describía

Resolver el idioma del mensaje todavía dejaba una pregunta: ¿cuándo se habían realizado aquellas observaciones?

Chan comparó los datos descifrados con registros meteorológicos históricos de Estados Unidos y Canadá.

La combinación coincidía con un día concreto: 27 de mayo de 1888.

Eso convierte los papeles en algo más interesante que un simple rompecabezas criptográfico. Son una pequeña fotografía de cómo funcionaba la meteorología hace más de 130 años, cuando redes de observadores y operadores telegráficos recopilaban datos procedentes de enormes distancias sin ordenadores ni comunicaciones digitales.

Pero todavía queda un misterio dentro del vestido

Descifrar el código no explicó por qué terminó escondido allí.

En la prenda aparece el nombre “Bennett”, pero hasta ahora no se ha podido establecer de forma concluyente quién era su propietaria ni qué relación tenía con el servicio meteorológico.

Tampoco era un mensaje destinado necesariamente a permanecer secreto. Estos códigos servían principalmente para comprimir y estandarizar datos telegráficos, aunque para cualquiera que desconociera el manual adecuado resultaban prácticamente indescifrables.

Así que el gran misterio del vestido resultó ser menos propio de una novela de espías y más extraño por otra razón: alguien guardó en su bolsillo un fragmento perdido de la red meteorológica del siglo XIX, y permaneció allí más de un siglo esperando a que alguien volviera a entenderlo.

Fuente: Futura-Science.

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