Un equipo de investigadores de la Universidad de Almería y la Universidad de Granada localizó, en la cuenca de Almería-Níjar, un conjunto de arrecifes de coral fósiles que crecieron en aguas profundas y con muy poca luz hace unos 6,5 millones de años, durante el Messiniense inferior. El hallazgo, publicado en la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, corresponde a la etapa inmediatamente anterior a la crisis salina del Messiniense, la mayor crisis geológica registrada en la historia del mar Mediterráneo.
El estudio, dirigido por Fernando Sola, del Departamento de Biología y Geología de la Universidad de Almería, y Juan Carlos Braga, del Departamento de Estratigrafía y Paleontología de la Universidad de Granada, documentó los restos en distintos puntos de la ciudad de Almería y sus alrededores: el cerro de San Cristóbal, La Molineta, el barranco del Lobo y Las Cumbres, en Huércal de Almería. Los arrecifes llegaron a extenderse desde la zona de la Alcazaba de Almería hasta Alhama de Almería.
Colonias con forma de dedos, adaptadas a la oscuridad

Los arrecifes están formados principalmente por corales del género Porites, con una presencia menor de Tarbellastraea, y aparecen recubiertos por foraminíferos, algas coralinas y microbialitos. Su grosor varía entre menos de un metro y unos 20 metros en la estructura más grande, localizada en el cerro de San Cristóbal, que alcanza casi 20 metros de altura y 38 metros de ancho.
Las colonias son predominantemente laminares y contorneadas, con proyecciones cortas en forma de dedo, una morfología típica de ambientes con muy poca disponibilidad de luz. Sola explicó que esa forma de crecimiento se desarrolló específicamente para que el coral pudiera captar la mayor cantidad posible de luz en un entorno tan desfavorable.
Por qué crecieron a tanta profundidad y en la oscuridad

Los ecosistemas coralinos mesofóticos, aquellos que crecen en condiciones de luz reducida, se dividen en dos categorías según la causa de esa escasez lumínica. Los mesofóticos marrones se forman en aguas someras, de menos de 30 metros, enturbiadas por sedimentos en suspensión. Los mesofóticos azules, en cambio, se desarrollan en aguas claras de entre 30 y 150 metros de profundidad, donde apenas llega entre el 1% y el 10% de la luz solar de superficie.
Las mediciones directas de paleoprofundidad en los afloramientos de Almería muestran que estos arrecifes comenzaron a crecer a varias decenas de metros, hasta unos 40 metros en los ejemplos más alejados de la costa. El contenido de sedimentos terrígenos resultó muy bajo, con una media del 2,92% en las muestras analizadas, lo que descarta la turbidez del agua como causa de la escasa luz y confirma que fue directamente la profundidad el factor determinante.
El primer registro de su tipo en todo el planeta

Según el estudio, los arrecifes de Almería constituyen el primer registro mundial de arrecifes mesofóticos azules del Mioceno superior, un tipo de ecosistema del que existen muy pocos ejemplos documentados en todo el registro geológico. Otros arrecifes de coral del mismo período hallados en cuencas cercanas, como Sorbas, Vera y Cabo de Gata, se formaron en aguas mucho más someras, con colonias de Porites en forma de ramas o cabezas, un contraste que aporta una referencia nueva para reconstruir cómo era el Mediterráneo justo antes de la crisis salina.
Qué tiene que ver esto con el Mediterráneo actual
Durante la crisis salina del Messiniense, el Mediterráneo quedó prácticamente aislado del Atlántico y acumuló gruesos depósitos de sal en buena parte de su superficie, en uno de los episodios geológicos más extremos que atravesó el mar en toda su historia. Sola vinculó las condiciones que permitieron el crecimiento de estos corales hace millones de años con el aumento actual de la temperatura del Mediterráneo, advirtiendo que si el calentamiento de este mar persiste, no se puede descartar que nuevas especies de coral comiencen a colonizarlo.