Los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial ocupan enormes edificios, consumen cantidades gigantescas de electricidad y necesitan complejos sistemas de refrigeración. China está explorando una solución mucho más radical: sacar una parte de esa capacidad de computación de la Tierra y colocarla directamente en órbita.
El concepto se conoce como Orbital Data Centre (ODC). En lugar de que un satélite capture información y tenga que enviarla completa a estaciones terrestres para procesarla, parte del análisis podría hacerse directamente en el espacio.
Un informe publicado el 5 de agosto por el European Space Policy Institute (ESPI) advierte que China ha pasado “del concepto a la implementación” en aproximadamente un año y que Europa corre el riesgo de quedarse atrás.
El problema empieza con una avalancha de datos desde el espacio
La cantidad de información producida en órbita está creciendo rápidamente.
ESPI cita previsiones de Northern Sky Research según las cuales el volumen mundial de datos espaciales podría multiplicarse por 14 hasta alcanzar unos 500 exabytes en 2030, impulsado por constelaciones de comunicaciones, sensores y satélites de observación terrestre.
Procesar parte de esa información antes de enviarla a la Tierra permitiría reducir comunicaciones innecesarias y obtener respuestas con menor latencia.
Europa ya ha demostrado esa lógica a pequeña escala. El satélite Φsat-2 de la ESA, construido junto a Open Cosmos, utiliza inteligencia artificial a bordo para descartar imágenes cubiertas por nubes, detectar barcos, identificar incendios y procesar imágenes sin tener que enviar todos los datos sin filtrar a la Tierra.
La diferencia está en la escala.
China ya tiene ordenadores trabajando en órbita. Europa tiene un estudio de viabilidad. El ESPI avisa: si la brecha se amplía, la UE tendrá que calcular sus propios datos espaciales en infraestructura ajena. Radiografía completa. https://t.co/MXtaykxHfq #Espacio #IA… pic.twitter.com/iMlzb2veM7
— lacronicadelhenares (@lacronicadelhe3) August 13, 2026
China ya puso en órbita una primera constelación de computación
Según ESPI, uno de los grandes puntos de inflexión llegó en mayo de 2025 con la Three-Body Constellation de ADAspace, presentada como el primer ejemplo operativo de computación espacial de este tipo.
Desde entonces han aparecido proyectos mucho más ambiciosos.
Nayuta Space ha planteado ALAYA, una constelación que eventualmente contemplaría 12.500 satélites de computación, mientras Shanghai Xingshu Tiansuan Space Technology anunció en julio de 2026 un proyecto que aspira a alcanzar unos 1.000 satélites. Varias empresas estatales y privadas chinas también están desarrollando propuestas relacionadas.
El informe de ESPI sostiene que la ventaja china no procede únicamente de las empresas. Pekín está combinando política estatal, inversión empresarial, incentivos municipales, universidades y centros de investigación dentro de una estrategia coordinada.
China incluso habla de infraestructura espacial de gigavatios
Uno de los planes más llamativos procede de la China Aerospace Science and Technology Corporation (CASC).
Información difundida por medios estatales chinos describe un programa de cinco años que buscaría desarrollar infraestructura digital espacial integrada de nube, edge computing y terminales, eventualmente a escalas de gigavatios. Sin embargo, existe aquí un matiz importante: los documentos originales que respaldarían esas cifras no parecen haberse publicado oficialmente, por lo que medios como Euronews no han podido verificarlos independientemente.
Es decir, China está avanzando claramente en computación orbital, pero algunas de las dimensiones más espectaculares anunciadas todavía deben considerarse objetivos, no infraestructura ya construida.
Europa tiene proyectos, pero todavía no una estrategia comparable
La Unión Europea financió desde 2023 el proyecto ASCEND, creado precisamente para estudiar la viabilidad de grandes centros de datos en órbita y su posible impacto sobre la soberanía digital europea.
También existen Φsat-2, iniciativas privadas y proyectos todavía experimentales.
El problema que plantea ESPI es estratégico: si otro país controla primero la arquitectura, los estándares y las grandes plataformas de computación orbital, Europa podría terminar dependiendo de infraestructuras externas para procesar datos generados incluso por sus propios sistemas espaciales.
Por eso el instituto propone una política coordinada de la UE, apoyo financiero, regulación específica y una gran iniciativa europea de computación orbital.
La carrera todavía está comenzando. Pero China parece haber entendido algo antes que muchos competidores: si la próxima explosión de datos se produce en el espacio, quizá no tenga sentido enviar cada byte de regreso a la Tierra para decidir qué hacer con él.