Hay hongos en todas partes, no importa dónde estés. Para la ciencia el estudio de los hongos ha significado datos y avances clave en la medicina, la paleontología, la astrobiología y otras disciplinas. Pero lo que todavía no se ha podido lograr es algo tan simple como averiguar su edad.
Un equipo de investigadores estudió este misterio biológico tantas veces dejado de lado, y publicó hoy un trabajo de opinión en Trends in Microbiology. Para ser claros, el trabajo no resuelve el misterio ni pretende hacerlo. Más bien, el equipo analizó las razones biológicas y logísticas de por qué resulta tan difícil calcular la edad de los hongos. Y basándose en este análisis, propusieron algunos planes de acción para estudiar los hongos de manera sistemática ya que se cuentan entre los organismos más antiguos y abundantes en todo el planeta Tierra a lo largo de su historia.
Para contexto, “no sabemos si para un hongo 10 o 500 años es edad avanzada, o cuándo difiere la edad entre las especies y estilos de vida de las distintas especies de hongo”, declaró Kristin Aleklett, principal autora del trabajo y bióloga de la Universidad Lund de Suecia. “Hay todo un reino de organismos que viven alrededor de nosotros y junto con nosotros, y de los que sabemos muy poco en realidad.
¿Dónde empieza el hongo?
Según el trabajo, la forma en que la ciencia estudia a los organismos vivos es muy simple e intuitiva. Hasta donde sabemos, observamos a las criaturas desde su nacimiento hasta su muerte, y vamos marcando los tiempos en los distintos patrones de conducta en lo que refiere a su ecología, ciclos de vida, adaptación e interacciones con otros organismos. Pero en el caso de los hongos el desafío comienza apenas después del primer paso ¿dónde empieza físicamente un hongo en particular? ¿Y dónde acaba?

Los hongos son organismos modulares, y eso significa que tienen un cuerpo “indeterminado” con módulos idénticos. El micelio, una red cambiante de colonias fúngicas, se incrusta en el suelo o la madera y crece continuamente. En determinado momento, se descartan o reciclan partes de esa red. Es decir que en teoría la ciencia sugiere que eso podría dar lugar a “la longevidad extendida, casi como si fuera inmortal”, según indica el trabajo.
“Eso hace surgir una serie de preguntas, como cuándo comienza la edad del hongo, si es en las primeras formas ocultas de la red, tanto como cuando se reemplaza luego esa parte, y si la red oculta se rompe en pedazos con el mismo ADN, ¿sigue siendo un mismo individuo?”, señala el equipo de investigadores.
De un hongo a otro
Hay modelos que ven la germinación de una espora como “nacimiento” de un hongo, pero la percepción de un ciclo de vida por ciclos contradice la “complejidad, plasticidad y modularidad de la vida de los hongos», añaden en su trabajo. El problema se hace más complejo ante la diversidad de especies de hongos, cada una con diferentes patrones de envejecimiento y distintos estilos de vida.
Para estos desafíos no habrá soluciones simples, aunque los autores del trabajo ofrecen algunos puntos de partida. Además de comparar las técnicas genéticas ya conocidas, sugieren potenciales diseños para experimentos que averigüen la edad de al menos algunas especies de hongos. Por ejemplo, al estudiar la fisiología de las plantas la ciencia se centra en cómo se observan las mutaciones genéticas, si las hay, en los distintos especímenes de vida larga y corta.
Con los hongos podrían usarse análisis similares en tándem con la secuenciación genómica del micelio, explican en su trabajo. En el futuro, las tecnologías microscópicas que se están desarrollando, como la de “hongo en un chip” podrían permitir un monitoreo en mayor resolución para los mínimos cambios, según concluyen.
“Creo que resulta interesante que todavía haya tanto por descubrir en materia de investigación básica”, afirmó Aleklett. “Si queremos preservar la biodiversidad de los hongos y los servicios de los ecosistemas, tenemos que entender mejor sus ciclos de vida, como el inicio y el fin de la vida de las diferentes especies”.