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Ciencia

Un virus que en humanos apenas causa un herpes labial mató a cuatro lemures: el rastro llevó a los veterinarios hasta una clase de yoga

Dos tercios de las personas menores de 50 años en el mundo conviven con este virus sin mayores sobresaltos, a lo sumo alguna molestia pasajera en el labio. Para un grupo de lemures que compartieron espacio con humanos, ese mismo virus resultó mortal en el cien por ciento de los casos tratados
Por Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Veterinarios de la Universidad de Florida confirmaron los primeros casos documentados de virus del herpes simple tipo 1 (HSV-1) en lemures, y uno de los ejemplares afectados podría haberse contagiado durante una clase de yoga compartida con personas. El hallazgo se publicó en la revista Journal of Zoo and Wildlife Medicine.

El HSV-1 lleva conviviendo con los seres humanos desde hace muchísimo tiempo: la evidencia sugiere que empezó a infectar a nuestros ancestros directos hace unos seis millones de años. Hoy, se estima que alrededor de dos tercios de las personas menores de 50 en todo el mundo son portadoras del virus, que en la inmensa mayoría de los casos no provoca más que herpes labial ocasional.

Por qué mata a unos primates y a otros no les hace nada

Los virus del herpes suelen estar muy adaptados a su huésped específico. El HSV-1 alcanzó una especie de equilibrio con la humanidad que le permite persistir en el cuerpo durante décadas sin causar mayores complicaciones, pero esa tregua no se traslada automáticamente a otros primates, sobre todo a los menos emparentados con nuestra propia especie. Estudios previos ya habían documentado que el virus puede resultar altamente letal en gibones de manos blancas, tamarinos comunes y monos saki de cara blanca.

Ya existían sospechas de infecciones por HSV-1 en lemures, pero esta es la primera vez que se confirman mediante pruebas moleculares directas, según los investigadores.

Cuatro casos, encefalitis y ningún sobreviviente

El reporte detalla cuatro casos, todos de animales de propiedad privada que llegaron al Servicio de Medicina Zoológica de la universidad o que fueron sometidos a necropsia por veterinarios de la institución: dos lémures de cola anillada (Lemur catta), un lémur blanco y negro (Varecia variegata) y un ejemplar híbrido de la misma familia.

Los animales enfermos presentaron síntomas neurológicos, incluidas convulsiones, y todos desarrollaron encefalitis, una inflamación cerebral, además de úlceras en la garganta en algunos casos. Las pruebas detectaron rastros del virus en el cerebro de los cuatro primates. Pese a recibir múltiples tratamientos, incluido un antiviral habitualmente usado contra el HSV-1 en personas, ninguno sobrevivió.

El riesgo no va en la dirección que uno imagina

Jim Wellehan, autor principal del estudio y profesor en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Florida, fue directo sobre la lección central del hallazgo: hay que reconocer que las personas podemos ser peligrosas para estos animales. Según explicó, el principal riesgo al trabajar con este tipo de primates no es que ellos nos contagien algo, sino que nosotros les transmitamos patógenos capaces de devastar poblaciones que nunca desarrollaron inmunidad frente a ellos.

De hecho, ningún zoológico acreditado registró casos sospechosos de HSV-1 en lemures durante las últimas décadas, gracias en gran parte a las precauciones que el personal capacitado toma al interactuar con estos animales, como el uso de barbijos.

Cuando el contacto humano se vuelve rutina de entretenimiento

El problema surge en contextos donde ese riesgo no se toma con la misma seriedad. Uno de los casos documentados correspondía a un animal utilizado en clases de yoga con lemures abiertas al público, una actividad que por su propia naturaleza implica un contacto humano mucho más intenso y frecuente que el habitual. Este tipo de actividades no son exclusivas de Florida: existen programas similares en otras partes del mundo.

Los investigadores recomiendan que los veterinarios que atienden lemures de propiedad privada tengan presente al HSV-1 como posible diagnóstico, en particular ante cuadros de encefalitis o úlceras alrededor de la boca y la garganta, y remarcan la importancia de aplicar medidas de bioseguridad adecuadas y capacitar a quienes cuidan de estos animales.

Una pista sobre cómo los virus moldean a sus huéspedes

Los autores del estudio plantean que casos como este también podrían iluminar el papel que virus como el HSV-1 jugaron en la propia evolución de sus huéspedes. Las palomas, por ejemplo, portan un herpesvirus distinto que resulta prácticamente inofensivo para ellas pero letal para algunas aves rapaces que se alimentan de ellas, un factor que podría haber ayudado a las palomas a expandirse por buena parte del planeta. Los investigadores especulan que algo similar pudo haber ocurrido cuando los humanos y su HSV-1 particular comenzaron a migrar fuera de África.

Según resume Wellehan, la relación mayormente pacífica que los humanos construyeron con el HSV-1 demuestra que la supervivencia del más apto rara vez depende de ser el animal más rápido o más fuerte: a veces alcanza, simplemente, con tener la respuesta inmunológica correcta frente al microbio equivocado.

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