Louise abandonó el zoológico de San Diego en 1992. Allí quedaron su hermana Loretta, su sobrino Erin y una parte considerable de su vida anterior. Durante más de 26 años no volvió a encontrarse con ellos.
En 2019, cuando Louise tenía 46 años y vivía en el Santuario de Kumamoto, en Japón, unos investigadores colocaron delante de ella dos fotografías. Una mostraba a su hermana; la otra, a una bonoba completamente desconocida. Louise apenas dudó: su mirada se dirigió hacia Loretta y permaneció allí mucho más tiempo.
La escena podría parecer una reacción aislada. Sin embargo, ocurrió repetidamente y formó parte de un experimento con chimpancés y bonobos que terminó revelando una capacidad hasta entonces desconocida: nuestros parientes evolutivos más cercanos pueden conservar algunos recuerdos sociales durante buena parte de sus vidas.
Louise no había visto a su familia desde hacía más de un cuarto de siglo

La investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences, reunió a 26 chimpancés y bonobos de zoológicos y santuarios de Japón, Reino Unido y Bélgica.
Los animales observaron parejas de fotografías durante apenas tres segundos. En una aparecía un antiguo integrante de su grupo, con quien habían convivido durante al menos un año; en la otra, un simio del mismo sexo al que nunca habían conocido.
Un sistema de seguimiento ocular por infrarrojos registraba hacia dónde miraban y durante cuánto tiempo. No había que enseñarles a señalar una una imagen, pulsar un botón o completar una tarea: sus propios ojos revelaban qué rostro les resultaba significativo.
En conjunto, los simios dedicaron entre un 11% y un 14% más de tiempo a observar a sus antiguos compañeros que a los desconocidos, según el análisis recogido por el Smithsonian.
Louise produjo el resultado más contundente. Durante ocho pruebas mostró una preferencia clara tanto por Loretta como por Erin. Habían pasado más de 26 años, pero sus rostros todavía parecían ocupar un lugar diferente al de cualquier extraño.
No solo recordaban caras: también importaba cómo se habían llevado

El parentesco no explicaba todos los resultados. Los chimpancés y bonobos también miraron durante más tiempo a antiguos compañeros con los que habían mantenido relaciones positivas, marcadas por comportamientos como el acicalamiento, el juego o el descanso conjunto.
Los autores presentan esta parte del resultado con cautela porque el efecto fue débil y necesitará nuevos estudios. Aun así, plantea una posibilidad enorme: los simios quizá no almacenen únicamente una imagen familiar, sino también cierta información sobre la calidad de aquella relación.
Laura Simone Lewis, autora principal del trabajo, explicó a Berkeley News que todavía no se puede saber si Louise recordaba experiencias concretas, momentos compartidos o simplemente la familiaridad del rostro. El experimento demuestra reconocimiento, no permite entrar en el contenido exacto de ese recuerdo.
Hasta este estudio, el récord de memoria social no humana pertenecía a los delfines nariz de botella. Una investigación publicada en 2013 mostró que podían reconocer el silbido característico de antiguos compañeros después de 20 años.
Este tipo de memoria podría ser millones de años anterior a los humanos
Chimpancés, bonobos y humanos compartimos un antepasado que vivió hace entre seis y nueve millones de años. Como las dos especies de simios mostraron la misma capacidad, los investigadores consideran probable que aquella memoria social ya existiera antes de que nuestros caminos evolutivos se separaran.
Recordar a otros durante años habría permitido mantener alianzas, reconocer rivales y recuperar relaciones después de periodos prolongados de ausencia. Más adelante, esa capacidad pudo convertirse en una de las bases sobre las que los humanos construimos redes sociales, intercambios y sistemas de cooperación que sobrevivían a la distancia.
El hallazgo también cambia la forma de interpretar los traslados y separaciones de grandes simios en cautividad. Para un animal capaz de reconocer a su hermana después de más de un cuarto de siglo, un antiguo compañero quizá no desaparezca cuando deja de estar a la vista. Puede seguir presente durante décadas, esperando detrás de una fotografía.