Puede parecer muy poco para reconstruir una historia de millones de años: un fragmento de mandíbula inferior con tres molares. Sin embargo, esos pocos centímetros de hueso aparecieron justo en uno de los momentos más misteriosos de nuestra evolución.
El espécimen, catalogado como KNM-NA46400, pertenece a Nakalipithecus nakayamai, un gran simio que vivió en lo que hoy es Kenia hace aproximadamente 9,9-9,8 millones de años. Junto a la mandíbula aparecieron otros dientes aislados atribuidos a la misma especie.
El fósil fue recuperado en 2005 en Nakali, unos 40 kilómetros al oeste de Maralal, y descrito científicamente en 2007 por un equipo japonés-keniano. Su importancia, sin embargo, sigue plenamente vigente: una revisión publicada en 2026 sobre la separación evolutiva entre humanos y chimpancés continúa situando a Nakalipithecus entre los escasos grandes simios africanos disponibles para reconstruir aquel periodo.
El problema es que casi no sabemos qué ocurrió en África durante esos millones de años

Tenemos un registro fósil relativamente abundante de algunos primates africanos más antiguos y, posteriormente, aparecen los primeros candidatos a homininos. Entre ambos extremos existe una franja especialmente frustrante.
El Mioceno tardío africano, precisamente cuando comenzaron a separarse algunos de los linajes que acabarían produciendo gorilas, chimpancés y humanos, tiene poquísimos fósiles de grandes simios.
Nakali es una excepción extraordinaria. Los investigadores han recuperado allí más de 4.000 fósiles de vertebrados y evidencias de una comunidad de primates sorprendentemente diversa. No vivía únicamente Nakalipithecus: también se han identificado restos de otro gran simio distinto, pequeños primates similares a simios y monos del Viejo Mundo. Los análisis ambientales apuntan además a que buena parte de aquella región era boscosa, no simplemente una sabana abierta.
Nakalipithecus era grande. Las dimensiones de sus dientes son comparables a las de hembras actuales de gorila y orangután, y sus molares presentan un desgaste considerable. Pero el verdadero tesoro está en pequeños detalles de sus cúspides, esmalte y estructura mandibular.
Son esas características las que permiten intentar colocarlo en el gigantesco árbol de los hominoideos.
Esos tres dientes entraron directamente en una batalla sobre dónde surgieron nuestros antepasados

Cuando fue descrito, Nakalipithecus resolvía parcialmente un problema incómodo. Europa y Asia habían proporcionado numerosos fósiles de grandes simios del Mioceno, mientras que África tenía un enorme vacío precisamente durante un periodo evolutivamente decisivo. Eso alimentó durante años una hipótesis: quizá determinados ancestros de los grandes simios africanos evolucionaron en Eurasia y posteriormente regresaron a África.
Nakalipithecus complicó esa historia.
Su presencia en África oriental hace casi diez millones de años demostraba que grandes simios diversos seguían viviendo en África durante ese supuesto vacío. Además, sus dientes guardan similitudes con Ouranopithecus, un gran simio que aparecería algo después, hace aproximadamente 9,6-8,7 millones de años, en el sureste de Europa. Los autores originales llegaron a plantear que, si existía una relación cercana entre ambos, el movimiento podría haber ocurrido incluso desde África hacia Eurasia.
El equipo de Nakali considera que Nakalipithecus es actualmente uno de los mejores candidatos para ayudarnos a imaginar la anatomía próxima al ancestro común de los grandes simios africanos y los humanos, aunque encontrar huesos del resto del cuerpo sería crucial para avanzar.
Eso no significa que pueda declararse “nuestro antepasado”.
De hecho, su posición exacta continúa discutida. Un trabajo reciente recuerda que también se ha propuesto situarlo más cerca del linaje de los gorilas, mientras que otros análisis mantienen abierta su posición dentro de los grandes simios africanos.
Diez millones de años lo colocan peligrosamente cerca de uno de los capítulos que todavía no sabemos reconstruir
La discusión se vuelve todavía más interesante con las estimaciones modernas.
Una revisión publicada en Primates en junio de 2026 reunió 202 estimaciones moleculares sobre la separación entre el linaje humano y el de chimpancés y bonobos. Su metaanálisis sitúa ese evento probablemente hace entre 8,69 y 7,28 millones de años, aunque el intervalo depende de qué fósiles tempranos se acepten como miembros del linaje humano.
Nakalipithecus, con sus casi 9,8 millones de años, vivió poco antes de esa enorme bifurcación evolutiva. Por eso una mandíbula rota con tres dientes puede importar tanto. No contiene la respuesta definitiva sobre de dónde venimos, pero procede de una época en la que el árbol que terminaría produciendo gorilas, chimpancés y humanos todavía estaba tomando forma. Y en uno de los periodos más vacíos de nuestro registro evolutivo, esos tres molares son prácticamente una ventana abierta hacia un mundo del que apenas conservamos nada.