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Tecnología

Una empresa de satélites comerciales puede fotografiar cualquier punto de la Tierra con 30 centímetros de resolución: así destapó un palacio que nadie sabía que existía en el desierto saudí

Ya no hace falta ser una agencia de inteligencia gubernamental para detectar una construcción que nadie anunció. Alcanza con contratar una imagen satelital comercial y saber dónde mirar
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En marzo de 2025, imágenes satelitales de la empresa Maxar Technologies revelaron una construcción hasta entonces desconocida dentro de Neom, el megaproyecto urbano de 2 billones de dólares que Arabia Saudita desarrolla en la costa del mar Rojo: un complejo con playas privadas, jardines extensos, un campo de golf y hasta 10 helipuertos, según documentó Business Insider en un reportaje basado en ese material. Nadie dentro del proyecto había hecho pública esa construcción, y la manera en que se conoció (imágenes captadas desde el espacio y analizadas después por periodistas) resume bastante bien cómo cambió, en poco más de una década, la posibilidad de vigilar la superficie del planeta sin necesidad de poner un pie en el terreno.

Cómo funciona la tecnología detrás de la imagen

Satelite
© Kevin Stadnyk – Unsplash

Maxar opera una de las constelaciones de observación terrestre comerciales más avanzadas del mundo. Su sistema más reciente, WorldView Legion, capta imágenes con una resolución de hasta 30 centímetros por píxel, la más alta disponible hoy en el mercado comercial, suficiente para distinguir vehículos individuales, contar aviones en una pista o evaluar con precisión los daños de una estructura. Cuando la constelación esté completa, con seis satélites en órbita baja combinados con la flota previa de la empresa (WorldView-2, WorldView-3 y GeoEye-1), Maxar podrá captar más de 6 millones de kilómetros cuadrados de imágenes por día, de los cuales hasta 3,6 millones corresponderán a la resolución máxima de 30 centímetros, según datos técnicos de la propia compañía.

De la vigilancia militar al periodismo de código abierto

Este tipo de tecnología nació prácticamente ligada a clientes gubernamentales y militares: durante dos décadas, las imágenes de Maxar funcionaron como estándar de referencia para agencias de inteligencia geoespacial, y su cliente principal sigue siendo el gobierno de Estados Unidos. Pero la creciente disponibilidad comercial de estas imágenes abrió la puerta a un uso mucho más amplio, conocido como inteligencia de fuentes abiertas u OSINT: periodistas, investigadores independientes y organizaciones de derechos humanos pueden hoy comprar o acceder a este tipo de material para verificar hechos que ningún gobierno o empresa confirma por su cuenta.

El ejemplo más citado de este uso es la guerra entre Rusia y Ucrania, donde imágenes de Maxar documentaron de forma independiente movimientos de tropas, formación de fosas comunes y daños en infraestructura civil, muchas veces antes de que existiera confirmación oficial de ningún bando. El caso del palacio en Neom es una versión mucho menos dramática, pero del mismo mecanismo: una construcción que ninguna fuente oficial anunció, detectada igual gracias a la cobertura sistemática que estos satélites hacen de la superficie terrestre.

Qué puede y qué no puede ver un satélite comercial

Imagen De Satelite
© NASA – Unsplash

Conviene ser precisos con los límites reales de esta tecnología. Una resolución de 30 centímetros permite identificar con claridad la forma, el tamaño y el uso probable de una construcción (una piscina, una cancha de golf, una hilera de helipuertos son fáciles de reconocer), pero no alcanza para leer un cartel pequeño ni para identificar a una persona a nivel de rostro. Lo que sí cambió radicalmente en los últimos años es la frecuencia de paso: los satélites más nuevos pueden revisitar zonas de alta demanda hasta 15 veces por día, lo que reduce drásticamente el tiempo que puede pasar una construcción nueva sin ser fotografiada desde el espacio.

Un mercado en expansión

La compañía, hoy rebautizada Vantor tras un cambio corporativo, sigue sumando capacidad e incorporando procesamiento con inteligencia artificial para generar productos geoespaciales en tiempos cada vez más cercanos al tiempo real. Ese avance tiene usos que van mucho más allá de destapar palacios: monitoreo de catástrofes naturales, seguimiento de deforestación, control de actividad marítima o verificación de infraestructura crítica. El caso de Neom, en definitiva, terminó siendo apenas un ejemplo más de una tendencia de fondo: cada vez es más difícil construir algo a gran escala en cualquier punto del planeta sin que, tarde o temprano, algún satélite comercial lo registre.

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