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Tecnología

Europa abre su mayor planta de captura de carbono mientras crece la presión por reducir las emisiones

Países Bajos acaba de inaugurar en una fábrica de fertilizantes una de las mayores instalaciones de captura de CO₂ de Europa. El sistema podrá retener unas 800.000 toneladas al año y enviarlas por barco hasta Noruega, donde serán almacenadas bajo el lecho del Mar del Norte.
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Europa sabe que reducir las emisiones sigue siendo imprescindible, pero también empieza a asumir que, para algunos sectores industriales, hacerlo con suficiente rapidez será extremadamente difícil. Ahí es donde entra en juego la captura y almacenamiento de carbono, una tecnología que busca evitar que parte del CO₂ generado llegue siquiera a la atmósfera.

Uno de los proyectos más ambiciosos acaba de ponerse en marcha en Sluiskil, Países Bajos, dentro de la fábrica de fertilizantes de Yara. La instalación está diseñada para capturar y licuar alrededor de 800.000 toneladas de CO₂ cada año, equivalentes aproximadamente al 0,5% de las emisiones anuales neerlandesas.

El CO₂ se captura directamente en la fábrica

Que la instalación se encuentre junto a una planta de fertilizantes no es casualidad. La fabricación convencional de amoníaco utiliza gas natural tanto como fuente energética como materia prima para producir el hidrógeno necesario durante el proceso.

Ese método genera grandes cantidades de dióxido de carbono. Hasta ahora, buena parte terminaba directamente en la atmósfera. Con el nuevo sistema, el CO₂ será separado, capturado y posteriormente convertido en líquido para facilitar su transporte.

El proyecto contempla almacenar unos 12 millones de toneladas durante los próximos 15 años. Pero ese carbono no permanecerá en Países Bajos.

Europa abre su mayor planta de captura de carbono mientras crece la presión por reducir las emisiones
© Yara International – Youtube.

Dos barcos semanales rumbo a Noruega

Una vez licuado, el CO₂ será transportado por la compañía noruega Northern Lights hasta instalaciones de almacenamiento geológico en el Mar del Norte.

Está previsto realizar aproximadamente dos viajes semanales, con barcos capaces de transportar unas 7.200 toneladas cada uno.

Una vez allí, el dióxido de carbono será inyectado en formaciones geológicas situadas a unos 2.600 metros bajo el fondo marino, donde debería permanecer atrapado durante largos periodos. La idea es sencilla en apariencia: capturar el carbono antes de que llegue a la atmósfera y almacenarlo de forma permanente bajo tierra.

Europa quiere multiplicar estos proyectos

El proyecto de Sluiskil forma parte de una estrategia mucho más amplia.

La Unión Europea pretende disponer para 2030 de capacidad suficiente para almacenar al menos 50 millones de toneladas de CO₂ al año, especialmente procedentes de sectores en los que eliminar completamente las emisiones resulta complicado.

Entre ellos aparecen industrias como el cemento, el acero, los productos químicos y los fertilizantes.

El comisario europeo de Acción Climática, Wopke Hoekstra, considera que Europa necesitará muchos más proyectos similares durante los próximos años mientras intenta cumplir sus objetivos climáticos.

La gran crítica: capturar no sustituye a dejar de emitir

La tecnología también tiene detractores. La principal preocupación es que la captura de carbono termine utilizándose como argumento para prolongar el consumo de combustibles fósiles, bajo la promesa de que las emisiones podrán almacenarse posteriormente.

Además, capturar, transportar y enterrar CO₂ requiere grandes infraestructuras, energía y costes económicos, y no elimina otros impactos asociados a la extracción y utilización de combustibles fósiles.

Por eso, los especialistas suelen considerar estas tecnologías como un complemento para aquellas emisiones especialmente difíciles de evitar, y no como un sustituto de las energías renovables o de la reducción directa del consumo de carbón, petróleo y gas.

Europa empieza así a apostar por una estrategia doble: emitir mucho menos allí donde sea posible y capturar parte del carbono que las industrias más difíciles de descarbonizar todavía no pueden evitar producir.

Fuente: Xataka.

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