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El volcán de Indonesia que esconde tres lagos y un misterio que cambia de color

En una remota isla de Indonesia existe un volcán que guarda tres lagos de colores cambiantes. La ciencia tiene una explicación, pero la tradición cuenta otra historia.
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Hay lugares del planeta que parecen diseñados para alimentar leyendas. En una isla cubierta de paisajes volcánicos, un sendero conduce hasta un escenario tan extraño que resulta difícil no preguntarse qué ocurrió allí durante miles de años. Tres enormes lagos aparecen juntos en la cima de un volcán, separados por las paredes de sus antiguos cráteres y mostrando tonalidades que pueden transformarse con el paso del tiempo. El paisaje es real, pero durante generaciones sus habitantes encontraron en él una explicación mucho más misteriosa.

Tres lagos en lo alto de un volcán

Indonesia es uno de los territorios volcánicos más activos y espectaculares del planeta. El archipiélago está formado por miles de islas y concentra cientos de volcanes, muchos de ellos capaces de crear paisajes que parecen pertenecer a otro mundo. Sin embargo, hay uno que destaca incluso dentro de semejante escenario.

Se encuentra en la isla de Flores y recibe el nombre de Kelimutu. Su particularidad no está únicamente en su origen volcánico, sino en lo que sucede en su cima: tres lagos ocupan antiguos cráteres y cada uno presenta una coloración diferente.

Las tonalidades pueden ir desde el azul verdoso hasta el marrón, el rojo, el granate o incluso colores muy oscuros. Además, no permanecen necesariamente iguales durante años. Las aguas pueden modificar su apariencia varias veces, convirtiendo el paisaje en un fenómeno cambiante.
La explicación científica está relacionada con la compleja actividad geológica que permanece bajo la superficie. La composición química del agua, la presencia de minerales como hierro y magnesio, los gases volcánicos y el aporte de las precipitaciones intervienen en las reacciones que determinan el aspecto de cada lago.

También influyen los procesos de oxidación y reducción que ocurren en sus aguas. Por eso, contemplar Kelimutu en diferentes momentos puede ofrecer imágenes completamente distintas.

En algunos periodos registrados se han producido numerosos cambios de color en un mismo año. La transformación no tiene que ser necesariamente espectacular para resultar evidente: incluso las condiciones atmosféricas pueden modificar temporalmente la percepción de las tonalidades.

Pero la explicación científica llegó mucho después de que los habitantes de Flores construyeran su propia interpretación.

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©Iryna Shpulak – ShutterStock

El lugar donde las almas encuentran su destino

Para las comunidades locales, los tres lagos no son simples acumulaciones de agua en antiguos cráteres. Durante generaciones han formado parte de una tradición espiritual que considera este lugar sagrado.

Según la creencia tradicional, las almas de las personas fallecidas llegan a Kelimutu y cada una encuentra su destino dependiendo de su edad y de cómo vivió.

El lago conocido como Tiwu Ata Mbupu estaría relacionado con las almas de quienes fueron considerados personas de mal comportamiento. Otro, Tiwu Ata Polo, recibiría a las personas mayores. El tercero, Tiwu Nuwa Muri Koo Fai, estaría destinado a las almas de los jóvenes y los niños.
La división entre los tres espacios convirtió al volcán en mucho más que una curiosidad natural. Desde esta perspectiva, las aguas cambiantes forman parte de un territorio vinculado al mundo de los muertos.

Y ahí aparece uno de los aspectos más fascinantes de Kelimutu: la ciencia y la tradición no necesitan competir para explicar la experiencia. Una describe las reacciones químicas y geológicas que producen los colores; la otra aporta un significado cultural que se ha transmitido durante generaciones.

El resultado es un paisaje que impresiona tanto por lo que se puede medir como por lo que representa.

Una caminata sencilla hacia un paisaje extraordinario

A pesar de tratarse de un volcán, llegar hasta los lagos de Kelimutu no requiere una expedición especialmente exigente. Una parte considerable del recorrido puede realizarse por carretera hasta alcanzar la entrada del parque nacional.

Desde allí comienza el tramo a pie hacia los miradores. El camino principal está señalizado y el recorrido hasta el punto de observación es relativamente corto, por lo que no es necesario ser un montañista experimentado para contemplar el paisaje.

Uno de los lugares más conocidos para observar los cráteres es el denominado Punto Inspiración, desde donde se obtiene una panorámica de los tres lagos.

También existen caminos secundarios que permiten recorrer diferentes sectores de la zona volcánica. Sin embargo, estos itinerarios no siempre están disponibles. Cuando los instrumentos de vigilancia detectan un incremento de la actividad, determinadas áreas pueden quedar cerradas por motivos de seguridad.

La precaución no es un detalle menor. Indonesia forma parte de una de las regiones volcánicas más activas del planeta y los cambios en el comportamiento de un volcán pueden producir situaciones peligrosas. Por eso, las indicaciones de los responsables del parque deben respetarse en todo momento.

El momento perfecto no siempre es el amanecer

Como ocurre con muchos paisajes naturales, existe una recomendación habitual para visitar Kelimutu: llegar antes del amanecer.
La idea parece perfecta. Contemplar cómo aparece la luz sobre los tres lagos puede resultar espectacular. Sin embargo, las condiciones meteorológicas no siempre colaboran. Las nubes y la niebla son frecuentes en las primeras horas del día y pueden ocultar precisamente aquello que se ha ido a buscar.

Por eso, más que obsesionarse con presenciar la salida del sol, puede resultar conveniente comenzar la jornada temprano, pero con suficiente luz para realizar el recorrido con tranquilidad.

Después de visitar el volcán, la localidad de Moni es una de las opciones más cercanas para continuar el viaje. Quienes buscan una oferta más amplia de alojamiento y servicios pueden desplazarse hasta Ende, situada en la costa sur de Flores.
La propia isla añade otro elemento a la historia. Su nombre, Flores, fue atribuido por navegantes portugueses que quedaron impresionados por la belleza del territorio.

Siglos después, el nombre continúa pareciendo apropiado. Porque en Kelimutu no solo existe un volcán con tres lagos: hay un paisaje donde la geología cambia de color, las antiguas creencias siguen vivas y una montaña parece guardar una frontera simbólica entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

 

[Fuente: La Vanguardia]

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