Una lesión diminuta puede guardar una historia capaz de cambiar lo que sabemos sobre nuestros antepasados. En ocasiones, los huesos conservan señales de acontecimientos que ocurrieron hace miles de generaciones y permiten reconstruir episodios que, de otro modo, habrían desaparecido para siempre. Eso es lo que sucede con unos restos neandertales que desconciertan a los investigadores.
El hallazgo se remonta a unos 75.000 años y presenta una característica difícil de explicar: un orificio casi circular en un omóplato que podría haber sido provocado por el impacto de una lanza de madera afilada. Si esta interpretación es correcta, estaríamos ante una de las evidencias más antiguas de violencia interpersonal letal con un arma de este tipo.
La investigación también reabre una pregunta incómoda sobre la prehistoria: ¿hasta qué punto eran violentos los grupos humanos que habitaron la Tierra mucho antes de la aparición de las primeras sociedades agrícolas?

Un agujero en un hueso que podría contar una historia mortal
Los restos analizados pertenecen a un neandertal identificado como Shanidar A, descubierto en la cueva de Shanidar, en el Kurdistán iraquí. Además del omóplato izquierdo, el conjunto incluye una mano derecha, tres costillas y algunos dientes. Aunque los fragmentos conservados son limitados, una lesión concreta ha concentrado la atención científica.
El hueso presenta un orificio de aproximadamente 15 milímetros. Su forma y orientación llevaron al equipo investigador a plantear que pudo haber sido atravesado por una lanza de madera puntiaguda. Según la reconstrucción propuesta, el arma habría entrado por el pecho y alcanzado el omóplato después de atravesar el cuerpo.
Un impacto de estas características podría haber dañado un pulmón y vasos sanguíneos importantes, provocando una hemorragia mortal. La posición de la lesión también sugiere que el ataque pudo dirigirse hacia una zona vital del torso.
La doctora Emma Pomeroy, autora principal del estudio e investigadora del Departamento de Arqueología de la Universidad de Cambridge, considera que el descubrimiento podría representar una evidencia excepcional de violencia interpersonal letal relacionada con una lanza de madera.
Sin embargo, los investigadores no pueden reconstruir con absoluta certeza lo sucedido. Los huesos permiten identificar daños y formular hipótesis, pero no revelan por sí solos las circunstancias exactas de una agresión ni la identidad de quien pudo haberla provocado.
¿Fue un asesinato o un accidente durante una cacería?
La forma del orificio es uno de los elementos que más llaman la atención. Según Pomeroy, no parece una fractura producida por procesos naturales, ya que presenta un contorno muy regular. Esa característica respalda la posibilidad de que el daño fuera provocado por un objeto puntiagudo.
Aun así, existen diferentes explicaciones. El neandertal pudo haber sido atacado deliberadamente por otro individuo, pero también pudo resultar herido accidentalmente durante una cacería. Incluso cabe la posibilidad de que el impacto se produjera en una situación de fuego amigo, cuando varios miembros de un mismo grupo participaban en una actividad peligrosa.
El profesor Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, quien no participó en el estudio, considera que la hipótesis de una agresión entre individuos resulta especialmente plausible por la ubicación y las características de la lesión.
El contexto arqueológico añade otro elemento interesante. La cueva de Shanidar ya había proporcionado indicios de lesiones compatibles con el uso de armas. En 1957, los investigadores encontraron los restos de otro neandertal que vivió hace unos 50.000 años y cuyas costillas presentaban señales de una herida parcialmente cicatrizada.
En aquel caso, los especialistas plantearon que la lesión pudo haber sido causada por una lanza con punta de piedra. Tampoco fue posible determinar si se trató de un accidente de caza o de una agresión deliberada.
Considerados en conjunto, ambos descubrimientos sugieren que los episodios violentos pudieron formar parte de la experiencia de algunos grupos neandertales. No obstante, dos individuos heridos no bastan para establecer con qué frecuencia ocurrían estos acontecimientos.
Las pruebas de España que llevan la violencia mucho más atrás
La posibilidad de que los enfrentamientos entre humanos tengan raíces muy antiguas no depende únicamente de los hallazgos del Kurdistán. En 2022, una investigación sobre restos encontrados en la Sima de los Huesos, un yacimiento arqueológico del norte de España, aportó evidencias que retroceden cientos de miles de años más en el tiempo.
El estudio analizó lesiones craneales identificadas en 20 individuos, con un total de 57 daños registrados. Nueve de ellos presentaban fracturas potencialmente mortales, mientras que seis mostraban heridas punzantes en una zona similar: la parte posterior izquierda del cráneo.
La repetición de lesiones en lugares parecidos llevó a los investigadores a considerar que algunos daños pudieron ser consecuencia de golpes deliberados, en lugar de accidentes. Uno de los cráneos presentaba dos heridas que posiblemente habían sido causadas por el mismo objeto.
Los restos se remontan a unos 430.000 años, por lo que constituyen una referencia importante para estudiar los orígenes de la violencia letal entre poblaciones humanas antiguas.
Eso no significa que todos los integrantes de aquellos grupos fueran violentos ni que existiera una práctica generalizada de homicidios. La evidencia permite plantear que se produjeron episodios mortales, pero no establecer por sí sola cómo eran las relaciones sociales de toda una población.
La violencia humana comenzó mucho antes de las primeras guerras
Durante décadas, algunas explicaciones arqueológicas relacionaron el surgimiento de la guerra organizada con el desarrollo de la agricultura. La aparición de asentamientos permanentes habría favorecido la competencia por territorios, alimentos almacenados, ganado y otros recursos.
Sin embargo, los hallazgos de poblaciones cazadoras-recolectoras y de antiguos parientes humanos muestran que la violencia individual es muy anterior a esas transformaciones sociales.
La cuestión central ya no consiste únicamente en determinar si nuestros antepasados podían matar a otros miembros de su especie. Los investigadores también buscan establecer con qué frecuencia sucedían estos episodios y cuándo comenzaron a transformarse en enfrentamientos organizados entre grupos.
La lesión de Shanidar A aporta una pieza más a ese rompecabezas. Su interpretación todavía admite dudas, pero permite explorar cómo eran los riesgos, los conflictos y las relaciones entre los neandertales.
La investigación, publicada en la revista Scientific Reports, no demuestra que la violencia fuera una característica habitual de todos los neandertales. Sí refuerza la idea de que los comportamientos violentos tienen una historia mucho más antigua de lo que se creyó durante mucho tiempo.
[Fuente: BBC]