A finales de la semana pasada, el Gobierno federal de Estados Unidos anunció una decisión que afectará a los millones de estadounidenses que consumen kratom y productos derivados de esta planta.
La Administración para el Control de Drogas (DEA), siguiendo las recomendaciones del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, tiene previsto revisar los criterios que determinan cuándo un producto a base de kratom puede considerarse una sustancia controlada de la Lista I, con especial atención a la prohibición de los derivados sintéticos.
Se trata del último capítulo de un debate que lleva años abierto sobre la seguridad y los posibles beneficios del kratom, marcado recientemente por varias muertes de gran repercusión mediática y por informes sobre daños relacionados con estos productos.
Sin embargo, después de años de protestas y batallas judiciales, algunos defensores del kratom esperan que el nuevo plan del Gobierno permita finalmente encontrar un punto intermedio seguro para quienes utilizan esta sustancia con el objetivo de controlar problemas de salud, como los trastornos por consumo de sustancias.
«Apoyamos plenamente la prohibición o la inclusión de estos compuestos sintéticos en las listas de sustancias controladas», declaró a Gizmodo Mac Harrow, investigador principal de políticas públicas de la Asociación Estadounidense del Kratom (AKA).
El auge del kratom
El kratom es el nombre que reciben las hojas del árbol Mitragyna speciosa. Se trata de una sustancia compleja que contiene decenas de alcaloides diferentes, capaces de interactuar con el organismo de distintas maneras.
Algunos de estos compuestos pueden activar los mismos receptores opioides mu del cerebro que los opioides tradicionales, como la morfina, especialmente cuando se consumen en dosis elevadas. En dosis más bajas, en cambio, el kratom produce efectos más parecidos a los de un estimulante.
Los principales componentes activos del kratom natural son la mitraginina y la 7-hidroximitraginina (7-OH), aunque esta última representa únicamente alrededor del 2% del contenido total de alcaloides.
Aunque el kratom se utiliza como remedio herbal contra la fatiga y otras dolencias desde al menos el siglo XIX, su popularidad ha aumentado considerablemente en Estados Unidos durante los últimos años. Según los datos de una encuesta representativa a escala nacional, se calcula que 1,7 millones de estadounidenses mayores de 12 años consumieron kratom en 2021.
En un estudio publicado el pasado mes de mayo, investigadores de la Universidad de Michigan descubrieron que aproximadamente cinco millones de estadounidenses habían consumido kratom al menos una vez en su vida, incluidos más de 100.000 menores de entre 12 y 17 años. Además, todo apunta a que su consumo ha seguido aumentando desde 2021.
Los defensores del kratom sostienen que puede utilizarse de forma segura para controlar el dolor crónico o como una alternativa terapéutica más accesible para los trastornos por consumo de sustancias, especialmente los relacionados con los opioides.
La mitraginina y la 7-OH son agonistas parciales de los receptores opioides mu, y existen pruebas de que pueden activarlos sin provocar algunos de los efectos secundarios graves y potencialmente mortales asociados a los opioides tradicionales, como la depresión respiratoria, que puede ralentizar o incluso detener la respiración. Por este motivo, muchas personas utilizan el kratom como una forma de terapia sustitutiva para abandonar progresivamente otras drogas con un elevado potencial de abuso.
Según el estudio de mayo, aproximadamente el 53% de los consumidores recientes de kratom declararon haber sufrido un trastorno por consumo de sustancias durante el último año, mientras que alrededor de un tercio había experimentado un malestar psicológico grave. Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo en que el kratom sea necesariamente un remedio seguro para estos problemas.
«La FDA no ha aprobado el kratom como tratamiento seguro o eficaz para ninguna enfermedad», explicó a Gizmodo Sean McCabe, autor principal del estudio de mayo y director del Centro para el Estudio de las Drogas, el Alcohol, el Tabaquismo y la Salud de la Universidad de Michigan.
«Existen otros medicamentos de eficacia demostrada, mucho más efectivos para tratar las adicciones, que sí han sido sometidos a pruebas».
El kratom sintético, relacionado con sobredosis mortales en Los Ángeles
Independientemente de la opinión que se tenga sobre los beneficios del kratom, tanto sus defensores como sus detractores coinciden en que sus riesgos se han intensificado durante los últimos años debido a la rápida proliferación de productos sintéticos derivados de esta planta. Estos productos suelen contener concentraciones mucho más elevadas de 7-OH u otros compuestos relacionados con los opioides que las presentes de forma natural en el kratom. Por tanto, presentan un mayor riesgo de provocar los preocupantes efectos secundarios asociados a los opioides potencialmente adictivos, incluidas las sobredosis mortales.
Para empeorar las cosas, estos productos pueden encontrarse fácilmente a la venta sin receta, a menudo sin un etiquetado claro que permita distinguirlos del kratom natural. «Hay muchos actores que actúan de mala fe, y queremos limpiar este mercado». A medida que estos productos han ganado popularidad, también han aumentado los informes sobre intoxicaciones e incluso muertes relacionadas con el kratom.
El año pasado, por ejemplo, al menos seis personas murieron en Los Ángeles por sobredosis relacionadas con kratom sintético entre septiembre y octubre de 2025. Al mes siguiente, la ciudad anunció una amplia prohibición de la venta en establecimientos tanto de 7-OH sintética como de productos de kratom en general.
El mes pasado, dos estudiantes de la Universidad de Misisipi murieron después de consumir kratom sintético. Los fiscales federales están presentando cargos penales contra los empleados del establecimiento que les vendieron los productos. «Estoy en contacto con miles de personas que se están recuperando de trastornos por consumo de sustancias y suelo advertirles sobre el kratom y los comprimidos, gominolas y bebidas con 7-OH, que a menudo se venden en gasolineras y tiendas de tabaco», afirmó McCabe.
«He visto a demasiadas personas en recuperación recaer por consumir estos productos, pensando que les ayudarían a tener más energía o mejorar su concentración. Pero estos productos pronto se vuelven en su contra y, al poco tiempo, esas personas terminan gastando entre 200 y 300 dólares diarios, atrapadas en un miserable círculo de adicción».
¿Un posible punto intermedio?
La AKA y otros defensores del kratom coinciden en que sus versiones sintéticas representan un peligro real, pero se han opuesto a leyes y políticas que, según sostienen, buscan eliminar por completo el acceso de los consumidores al kratom.
El Gobierno federal lleva años dejando claro que tampoco le entusiasma demasiado el kratom natural. De hecho, la DEA intentó incluir el kratom y sus principales componentes en la Lista I de sustancias controladas en 2016, aunque la iniciativa generó tanta oposición que finalmente fue abandonada. Sin embargo, las nuevas regulaciones propuestas por la DEA parten de un enfoque más matizado.
En concreto, la agencia solo pretende clasificar como sustancias controladas aquellos productos de kratom que superen determinados umbrales de 7-OH y pseudoindoxilo de mitraginina, un compuesto derivado de la 7-OH.
En julio, la DEA había propuesto inicialmente un límite más bajo para la 7-OH, pero ahora lo ha elevado con esta última revisión. En cambio, mantiene los mismos umbrales propuestos para otras dos sustancias relacionadas con la 7-OH: MGM-15 y MGM-16.
La AKA demandó al Gobierno federal a principios de este verano por las regulaciones propuestas para el pseudoindoxilo de mitraginina, MGM-15 y MGM-16. La organización argumentaba que era necesario aclarar si las medidas podían acabar afectando también a los productos naturales de kratom. Ahora, sin embargo, respalda las regulaciones previstas, al considerar que permiten identificar específicamente los compuestos sintéticos.
El futuro del kratom
La clasificación de estos productos por parte de la DEA, cuya entrada en vigor está prevista para el próximo mes, tendrá por ahora carácter temporal.
Esto significa que el Gobierno podría volver a cambiar de postura en el futuro. Pero incluso si las modificaciones se mantienen, la AKA sigue reclamando una regulación más estricta de la industria del kratom sintético.
«Creemos que el Congreso debe establecer un criterio todavía más riguroso. La limitación actual de la DEA es que solo puede identificar un producto que ya se encuentra en el mercado», explicó Harrow.
«El Congreso tiene que endurecer aún más las restricciones y prohibir de forma preventiva cualquier producto derivado de los alcaloides presentes en la planta natural del kratom que haya sido potenciado y sintetizado de una manera que pueda perjudicar a las personas».
Harrow también considera necesario establecer una especie de amnistía para quienes hayan consumido 7-OH u otros compuestos sintéticos. Dado que estos productos se han comercializado ampliamente bajo el nombre de kratom, propone proteger a sus consumidores frente a posibles procesos judiciales federales.
Al mismo tiempo, la AKA continúa defendiendo otras medidas incluidas en la Ley de Protección del Consumidor de Kratom (Kratom Consumer Protection Act, KCPA), un conjunto de reformas propuestas que cuenta con el respaldo de la asociación y otros grupos de defensa.
Entre ellas figuran establecer una edad mínima para comprar kratom, exigir análisis obligatorios realizados por laboratorios independientes para detectar contaminantes e impurezas y garantizar que las etiquetas indiquen claramente los ingredientes y sus concentraciones.
Una legislación federal también permitiría poner orden en el complicado mosaico de regulaciones estatales y locales que existe actualmente en torno al kratom.
Mientras que algunas jurisdicciones ya han aprobado, o están intentando aprobar, sus propias versiones de la KCPA, otras han optado por prohibir directamente todos los productos de kratom, sean sintéticos o no.
Sin embargo, los derivados sintéticos no son el único problema que rodea a esta sustancia.
El kratom sigue estando muy poco estudiado en comparación con muchas otras drogas. Además, incluso las personas que consumen exclusivamente kratom natural pueden desarrollar una dependencia perjudicial, capaz de provocar síntomas de abstinencia.
Aunque estos síntomas podrían ser, de media, más leves que los asociados a los opioides tradicionales y otras drogas, el riesgo sigue existiendo. Las sobredosis mortales relacionadas únicamente con el kratom natural parecen ser extremadamente raras y, a menudo, los casos registrados también implican el consumo de otras sustancias.
Dicho esto, McCabe asegura que su esposa, Vita McCabe, quien también participó como coautora en su reciente estudio, ha observado un aumento de los casos de adicción grave tanto al kratom sintético como al natural en su trabajo como psiquiatra especializada en adicciones.
El investigador también sostiene que la creciente popularidad del kratom refleja problemas sistémicos mucho más profundos en la manera en que Estados Unidos está afrontando el consumo problemático de drogas.
«Muchas de las preocupaciones y los problemas relacionados con el kratom ponen de manifiesto la falta de financiación para los tratamientos de los trastornos por consumo de sustancias basados en pruebas científicas en nuestro país», afirmó.
«Sencillamente, no contamos con suficientes psiquiatras especializados en adicciones, médicos formados en medicina de las adicciones, enfermeros, trabajadores sociales y otros profesionales cualificados para satisfacer la demanda existente en nuestros estados y en el conjunto del país».
Al mismo tiempo, McCabe cree que es posible alcanzar un acuerdo con los defensores del kratom natural.
«Una posible solución intermedia sería prohibir todos los productos de kratom y 7-OH con un elevado potencial adictivo y gravar con impuestos el kratom de hoja natural, cuyo potencial adictivo es menor, para destinar esos fondos a financiar tratamientos contra las adicciones basados en pruebas científicas», explicó.
Harrow reconoce que el hecho de que un producto de kratom sea natural no significa necesariamente que sea seguro.
Precisamente por eso, la AKA quiere que los fabricantes cumplan unos estándares uniformes respecto a los ingredientes que incorporan a sus productos.
«En definitiva, la planta natural tiene ciertas limitaciones en cuanto a los efectos que puede producir, y queremos asegurarnos de que esas limitaciones se respeten, en lugar de permitir una carrera armamentística dentro de la industria para encontrar formas de modificar los productos y conseguir que sus efectos sean cada vez más intensos», afirmó.
Mientras tanto, Harrow recomienda a quienes consumen kratom que extremen las precauciones con los productos que compran.
«No confiéis en algo que acaba de aparecer en el mercado hasta que se haya investigado adecuadamente, porque hay muchos actores que actúan de mala fe y queremos limpiar este mercado», concluyó.