Cada temporada, miles de tortugas verdes regresan a las playas donde encuentran las condiciones necesarias para depositar sus huevos. Repiten un ciclo natural que lleva millones de años, pero que durante mucho tiempo estuvo amenazado por la caza, la pesca accidental y la transformación de las costas.
En algunas regiones, la presión humana redujo las oportunidades de supervivencia de estos reptiles marinos. Sin embargo, una serie de iniciativas de conservación está mostrando que la tendencia puede cambiar cuando se protegen los lugares de anidación y se trabaja junto a las comunidades locales.
Los resultados son especialmente visibles en determinados archipiélagos del Pacífico y del sudeste asiático, donde el seguimiento de los nidos permite medir los avances. Allí, la recuperación no depende de una única medida, sino de décadas de vigilancia, investigación científica y cambios en las costumbres. Aunque los indicadores ofrecen motivos para el optimismo, todavía existen desafíos que podrían comprometer los progresos alcanzados.

Una recuperación que no significa que todas las tortugas estén a salvo
La tortuga verde (Chelonia mydas) recibió una noticia alentadora en 2025, cuando la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) modificó su clasificación global y la situó en la categoría de «preocupación menor». La decisión refleja una mejora general de la especie, cuya población mundial habría aumentado aproximadamente un 28 % desde la década de 1970.
Sin embargo, esa evaluación no significa que todas las poblaciones se encuentren fuera de peligro. Las tortugas verdes presentan situaciones diferentes según la región en la que viven, se alimentan y se reproducen. De acuerdo con la Convención sobre Especies Migratorias de las Naciones Unidas, algunas subpoblaciones del Pacífico central-sur continúan en peligro, mientras que otras del Pacífico oriental y del norte del océano Índico permanecen en situación vulnerable.
Las amenazas explican por qué los avances deben interpretarse con cautela. La extracción de huevos, la caza para obtener carne y caparazones y las capturas accidentales en redes de pesca siguen afectando a estos animales. A esto se suman la contaminación y la urbanización de las costas, que deterioran las playas utilizadas para desovar.
El cambio climático añade otra dificultad. La temperatura durante la incubación influye en el sexo de las crías, por lo que el calentamiento de la arena puede favorecer el nacimiento de hembras y alterar el equilibrio entre sexos. En ese contexto, proteger los lugares de reproducción se vuelve fundamental para mantener poblaciones saludables a largo plazo.
El archipiélago que triplicó sus nidos en cinco décadas
Uno de los ejemplos más destacados se encuentra en las islas Tortuga de Sabah, en Malasia. Allí, la cantidad de nidos de tortuga verde se triplicó desde la década de 1970 y actualmente supera los 20.000 por año.
La recuperación es el resultado de una estrategia que comenzó hace décadas. Las islas están protegidas desde 1977 y, en 1997, se prohibió localmente el consumo de carne y huevos de estos reptiles. La continuidad de las medidas permitió consolidar un sistema de conservación que combina protección ambiental, vigilancia y participación comunitaria.
Para Maklarin Lakim, director de Sabah Parks, los resultados representan mucho más que un indicador biológico: forman parte del patrimonio natural de la región. La experiencia también demuestra que las regulaciones pueden producir cambios cuando se mantienen durante períodos prolongados.
El trabajo cotidiano es igualmente importante. Sitti Rasah Abdul, integrante de una comunidad de pescadores, colabora desde 2012 en el traslado de huevos desde las playas hasta un centro de incubación. Junto a una cooperativa de mujeres, ayuda a protegerlos de los depredadores y de los cazadores furtivos hasta que las crías salen del cascarón.
Estas iniciativas muestran que la conservación no depende exclusivamente de los investigadores o de las autoridades. También necesita la participación de quienes viven cerca de los ecosistemas y conocen sus cambios a lo largo del tiempo.
Playas aisladas donde miles de tortugas regresan a desovar
Otro escenario relevante está en el archipiélago de Entrecasteaux, situado a más de 200 kilómetros de la costa de Nueva Caledonia. Sus atolones forman parte del Parque Natural del Mar del Coral y tienen restricciones estrictas de acceso. Solo las misiones científicas autorizadas pueden ingresar.
La protección de esta zona permite que cada año unas 40.000 hembras de tortuga verde lleguen a sus playas para reproducirse. Durante el momento de mayor actividad de la temporada, pueden registrarse hasta 400 puestas en una sola noche.
El archipiélago está integrado en un área marina protegida de aproximadamente 1,3 millones de kilómetros cuadrados. Desde enero de 2024, algo más del 10 % de esa superficie cuenta con el nivel más estricto de protección.
Aun así, los científicos necesitan comprender cómo evolucionan estas poblaciones y qué efectos podría tener el calentamiento global sobre sus hábitats. Por ese motivo, investigadores comenzaron en 2025 un estudio para evaluar el estado de conservación de las tortugas y anticipar posibles cambios en las condiciones de anidación.
La información obtenida puede ayudar a determinar qué áreas necesitan medidas adicionales y cómo adaptar las estrategias de protección frente a las transformaciones ambientales.
Miles de huevos protegidos, pero pocas crías llegan a adultas
En la isla de Mataking, también en Malasia, un centro de incubación vinculado al Mataking Reef Resort protege nidos de tortugas verdes y carey. El proyecto experimentó un crecimiento considerable desde 2006.
Sophia Sie, propietaria del establecimiento, explicó que el centro pasó de recolectar unos 600 huevos a manejar alrededor de 36.000. Además de favorecer la conservación, la iniciativa busca preservar el entorno natural del que depende buena parte de la actividad turística local.
Sin embargo, existe una dificultad que los números de huevos protegidos no siempre permiten apreciar: la supervivencia de las crías continúa siendo extremadamente baja. Según los datos citados sobre el proyecto, apenas una de cada 1.000 tortugas liberadas en una playa de Mataking llega a la madurez sexual, alrededor de los 20 años.
Durante ese período, los animales deben superar numerosos peligros, desde los depredadores hasta la contaminación y las actividades humanas. Por eso, conseguir que nazcan más ejemplares es solo una parte del desafío. También es necesario garantizar que encuentren alimento y refugio durante sus primeros años y que puedan regresar a reproducirse.
Además, la mejora en la clasificación de la tortuga verde no se extiende automáticamente al resto de las especies. Seis de las otras tortugas marinas continúan catalogadas como vulnerables o en peligro crítico de extinción, mientras que la información disponible sobre la tortuga de dorso plano todavía resulta insuficiente para establecer su situación con certeza.
El ADN se convierte en una herramienta contra el tráfico ilegal
La investigación genética está abriendo nuevas posibilidades para proteger a estos animales. Los especialistas necesitan conocer dónde se alimentan las tortugas, qué rutas siguen durante sus desplazamientos y cuáles son sus zonas de reproducción. Esa información permite diseñar medidas de conservación que tengan en cuenta sus movimientos entre distintos países.
En Malasia, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) participa en estos esfuerzos mediante Shellbank, una base de datos mundial que reúne información genética de tortugas marinas a partir de muestras de tejidos y caparazones.
Los análisis permiten relacionar determinados ejemplares con sus poblaciones de origen. Por ejemplo, las investigaciones identificaron tortugas que se alimentan en aguas malasias y proceden de Micronesia, en el Pacífico occidental. Las herramientas genéticas también ayudaron a investigar el posible origen de escamas de tortuga incautadas en el Reino Unido.
Estos avances pueden contribuir a combatir el comercio ilegal y a identificar poblaciones que necesitan protección específica.
La recuperación de los nidos demuestra que las medidas sostenidas pueden producir resultados concretos. Sin embargo, el futuro de las tortugas verdes dependerá de mantener esos esfuerzos, proteger sus hábitats y comprender mejor todo su ciclo de vida. La mejora registrada en algunas regiones es una señal alentadora, pero todavía queda mucho por hacer para que las próximas generaciones sigan encontrando tortugas marinas en estas playas.
[Fuente: Infobae]