Saltar al contenido
Ciencia

El humo de los incendios puede ser hasta 10 veces más dañino que la contaminación urbana: la ceniza no es el mayor problema

Respirar la misma cantidad de partículas finas no siempre produce el mismo daño. Un estudio encontró que el PM2.5 procedente de incendios estaba relacionado con muchas más hospitalizaciones respiratorias que el generado por otras fuentes. Su composición química, los picos de exposición y el ozono explican parte de la diferencia.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Todas las partículas PM2.5 no son iguales

La contaminación urbana y el humo forestal comparten uno de sus principales componentes peligrosos: las partículas PM2.5, cuyo diámetro no supera los 2,5 micrómetros. Son suficientemente pequeñas para atravesar las vías respiratorias y alcanzar las regiones más profundas de los pulmones.

Sin embargo, medir solamente su tamaño y concentración puede ocultar una diferencia importante. Un estudio realizado en el sur de California analizó 1,65 millones de hospitalizaciones respiratorias registradas entre 1999 y 2012. Por cada aumento de 10 microgramos por metro cúbico, el PM2.5 procedente de incendios se asoció con incrementos de entre el 1,3% y el 10% en los ingresos hospitalarios. Para las partículas de otras fuentes, el aumento fue de entre el 0,67% y el 1,3%.

Los investigadores concluyeron que, en algunos modelos, el humo forestal podía resultar hasta diez veces más perjudicial para la salud respiratoria. No obstante, las estimaciones presentaban intervalos de incertidumbre amplios y procedían de una región concreta. Por tanto, no significa que todo humo forestal sea siempre diez veces más tóxico que cualquier contaminación urbana.

El peligro está en la composición química

Las partículas no son pequeñas esferas idénticas. El humo contiene carbono, compuestos orgánicos, aldehídos e hidrocarburos aromáticos policíclicos que cambian según la vegetación quemada, la humedad, la temperatura de combustión y la edad de la columna de humo.

Parte de esos compuestos presenta una elevada capacidad oxidativa. Una vez depositados en los pulmones, pueden favorecer la producción de radicales libres, inflamar los tejidos y dañar las células. Los experimentos con animales y cultivos celulares también han observado alteraciones en la actividad de macrófagos y otras células inmunitarias encargadas de eliminar partículas y microorganismos.

Esto no permite afirmar que el humo “paralice completamente” las defensas pulmonares, como sostienen algunos titulares. La evidencia indica una alteración de la respuesta inmunitaria y un aumento del estrés oxidativo, pero sus efectos dependen de la dosis, la duración y las características del humo.

Los incendios también pueden producir ozono lejos de las llamas

El peligro no termina cuando desaparece la nube más oscura. Los incendios emiten compuestos orgánicos volátiles y óxidos de nitrógeno que, al mezclarse con el aire y recibir radiación solar, pueden formar ozono a nivel del suelo.

La química varía durante el recorrido: una columna densa puede bloquear parte de la luz, mientras el humo más diluido puede mezclarse con emisiones urbanas y generar ozono a cientos de kilómetros del fuego. Una investigación publicada en Science Advances encontró que la contribución del humo a la contaminación por ozono y a su carga de mortalidad está aumentando en Estados Unidos.

El humo puede transportar microorganismos, pero quedan dudas

Los incendios también levantan material biológico presente en la vegetación y el suelo. Un estudio de ocho quemas controladas encontró concentraciones de células microbianas cinco veces superiores a las del aire previo al fuego. Cerca del 80% presentaba señales de actividad y algunas bacterias pudieron cultivarse posteriormente.

Esto demuestra que el humo puede aerosolizar bacterias y hongos viables. Todavía no demuestra, sin embargo, que esos microorganismos provoquen habitualmente infecciones a grandes distancias. Su supervivencia durante el transporte y su impacto clínico continúan bajo investigación.

El humo de los incendios puede ser hasta 10 veces más dañino que la contaminación urbana: la ceniza no es el mayor problema
© Magnific

Cómo reducir la exposición

Durante episodios de humo, las autoridades recomiendan permanecer en espacios interiores con puertas y ventanas cerradas, utilizar filtros HEPA y evitar el ejercicio intenso al aire libre. Cuando sea necesario salir, una mascarilla N95 o P100 bien ajustada puede reducir la inhalación de partículas.

Estas mascarillas no filtran adecuadamente gases como el monóxido de carbono o el ozono. Los niños, embarazadas, adultos mayores y personas con asma, EPOC o enfermedades cardiovasculares deben extremar las precauciones.

El humo forestal no es simplemente contaminación urbana llegada desde el bosque. Puede alcanzar concentraciones extraordinarias y transportar una mezcla química diferente. Por eso, incluso cuando las llamas están lejos, la emergencia puede estar entrando silenciosamente en los pulmones.

 

Fuente: Meteored.

Compartir esta historia

Artículos relacionados