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Ciencia

Una nube invisible podría estar acechando en la galaxia. Astrónomos creen haber hallado el primer sub halo de materia oscura en la Vía Láctea

Un equipo internacional de investigadores detectó anomalías en el movimiento de 27 pares de púlsares que apuntan a una gigantesca nube invisible, con la masa de 10 millones de soles. Si se confirma, sería la primera evidencia directa de un sub halo de materia oscura en nuestra galaxia y abriría un nuevo método de detección.
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La materia oscura ha sido siempre un fantasma para la ciencia: se calcula que constituye el 85 % del universo, pero nadie la ha visto directamente. Ahora, un estudio liderado por la astrofísica Sukanya Chakrabarti propone que esa sombra por fin ha dejado huella. A través de los pulsos de estrellas muertas, los astrónomos creen haber detectado la primera nube compacta de materia oscura dentro de la Vía Láctea.

El enigma de los sub halos

Una nube invisible podría estar acechando en la galaxia. Astrónomos creen haber hallado el primer sub halo de materia oscura en la Vía Láctea
© Unsplash – NASA.

La teoría predice que nuestra galaxia no solo está envuelta en un halo de materia oscura, sino que contiene decenas de miles de nubes más pequeñas, llamadas sub halos. Hasta ahora eran estructuras hipotéticas, demasiado tenues para delatarse en observaciones directas. Estudios en galaxias vecinas habían dado algunas pistas, pero en nuestro vecindario cósmico seguían siendo invisibles.

El nuevo trabajo apunta a que esas nubes existen y podrían estar más cerca de lo que creemos. Si nuestros ojos pudieran ver esta posible nube, ocuparía un área mayor que la Luna llena en el cielo nocturno.

Púlsares como centinelas en la oscuridad

Una nube invisible podría estar acechando en la galaxia. Astrónomos creen haber hallado el primer sub halo de materia oscura en la Vía Láctea
© Unsplash – NASA.

La clave del hallazgo fueron 27 sistemas binarios de púlsares, estrellas de neutrones que giran a gran velocidad y emiten pulsos regulares de radiación. Los astrónomos los comparan con faros en el océano cósmico: cualquier alteración en su ritmo puede revelar fuerzas invisibles alrededor.

El equipo analizó sus periodos orbitales y encontró un patrón común: los púlsares se aceleraban más de lo esperado, como si una gigantesca masa los estuviera empujando. Tras descartar la influencia de agujeros negros, nubes de gas y estrellas cercanas, quedó una opción plausible: un sub halo de materia oscura de 10 millones de masas solares.

Lo que significa para la ciencia

Aunque todavía es una hipótesis en proceso de validación, el método abre un camino inédito. Usar púlsares como “detectores naturales” podría transformar la búsqueda de materia oscura, aportando información sobre cómo se formaron las galaxias y qué compone realmente el universo.

“Estamos ante una nueva vía de estudio con implicaciones enormes para la astrofísica”, señalan los autores. Si futuras observaciones confirman este sub halo, la Vía Láctea dejará de ser solo nuestro hogar estelar para convertirse también en el primer laboratorio galáctico de la materia oscura.

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