La confianza en uno mismo suele asociarse con la capacidad de asumir riesgos, afrontar dificultades o defender una opinión. Sin embargo, también puede estar relacionada con algo mucho más cotidiano: las personas con las que elegimos pasar nuestro tiempo.
Amy Morin, psicoterapeuta y trabajadora social clínica, lleva años estudiando hábitos vinculados con la fortaleza mental. Una de sus recomendaciones consiste en observar si determinadas relaciones aportan apoyo o, por el contrario, terminan debilitando nuestra percepción personal.
Esto no significa eliminar automáticamente de nuestra vida a cualquiera que tenga un mal día o sea pesimista. La cuestión está en identificar relaciones caracterizadas de manera persistente por las críticas, la manipulación, el menosprecio o el desgaste emocional.
El entorno puede influir en cómo nos vemos
Morin sostiene que las personas más cercanas pueden afectar nuestra forma de pensar, sentir y comportarnos. En un artículo publicado en Psychology Today, señala que algunas relaciones pueden inspirarnos y apoyarnos, mientras otras pueden desgastar nuestra confianza y energía emocional.
Las relaciones saludables tampoco tienen que ser perfectas ni estar libres de conflictos. Lo importante es que exista respeto y que ambas personas se sientan valoradas. Cuando la negatividad es constante, en cambio, Morin recomienda evaluar cuánto espacio ocupa esa relación en nuestra vida.

Poner límites también forma parte de la confianza
Alejarse físicamente de una persona no siempre es posible.
Puede tratarse de un compañero de trabajo, un familiar o alguien con quien existe una obligación cotidiana. En esos casos, Morin propone establecer límites y concentrarse en aquello que sí podemos controlar: nuestros pensamientos, emociones y comportamiento.
Los límites pueden incluir decir que no, expresar claramente qué comportamientos resultan inaceptables o reducir determinadas interacciones.
Según la especialista, establecerlos puede resultar incómodo al principio, especialmente para quienes temen decepcionar a los demás o ser rechazados.
El diálogo interno también importa
La confianza no depende exclusivamente del comportamiento de otras personas.
Morin también pone énfasis en las creencias que desarrollamos sobre nosotros mismos. Una idea negativa repetida durante años puede convertirse en una conclusión aparentemente indiscutible, incluso cuando existen pruebas que la contradicen.
Por eso, una de las estrategias consiste en identificar pensamientos excesivamente limitantes y cuestionarlos. La idea no es repetir frases positivas sin creerlas, sino evitar convertir un fracaso, una crítica o un rechazo en una definición permanente de quiénes somos.

No hace falta sentirse seguro para empezar
Otro punto que aparece de manera recurrente en el trabajo de Morin es que la fortaleza mental no significa eliminar el miedo o la inseguridad. Las personas pueden experimentar rechazo, ansiedad o dudas y aun así actuar de acuerdo con sus objetivos.
La confianza, desde esta perspectiva, no sería simplemente sentirse capaz antes de hacer algo.
También puede construirse después: estableciendo límites, revisando relaciones que nos desgastan, modificando determinadas creencias y tomando pequeños pasos incluso cuando todavía existen dudas.