Durante décadas, la historia del Homo sapiens se contó como una línea relativamente clara: África como cuna, una población ancestral y una expansión progresiva. Pero cada nuevo fósil importante ha ido complicando ese relato. El último en hacerlo procede del norte de África y tiene una edad difícil de ignorar: 773.000 años.
Un equipo internacional de científicos ha identificado en una cantera de Casablanca, Marruecos, los restos humanos más cercanos conocidos hasta ahora al linaje directo de nuestra especie. El hallazgo, publicado en Nature, no solo adelanta piezas clave de nuestra historia evolutiva, sino que obliga a revisar qué entendemos por “antepasado del sapiens”.
Un descubrimiento enterrado en una cantera

Los fósiles fueron hallados en un entorno poco habitual: una cantera en funcionamiento en las afueras de Casablanca. Allí aparecieron restos pertenecientes al menos a tres individuos: dos adultos y un niño. El conjunto incluye mandíbulas, dientes y vértebras.
El estado de los huesos sugiere un final violento. Según los análisis tafonómicos, los cuerpos habrían sido devorados por grandes carnívoros poco después de la muerte, dejando marcas claras en los restos. No es un detalle menor: ayuda a reconstruir el ecosistema en el que vivieron y murieron estos homínidos.
El estudio está liderado por el paleoantropólogo Jean-Jacques Hublin, una de las figuras más influyentes en el estudio de la evolución humana, y se apoya en décadas de trabajo previo en el norte de África.
Cómo se pudo fechar con tanta precisión
Determinar una antigüedad tan concreta —773.000 años— no fue casual. Los investigadores analizaron los sedimentos que rodeaban los fósiles y detectaron señales de la última reversión del campo magnético terrestre registrada en esa época. Ese “sello magnético” funciona como un reloj geológico extremadamente fiable.
Gracias a ello, el equipo pudo situar a estos individuos en un momento clave del Pleistoceno medio, una etapa aún poco conocida de la evolución humana.
Un mosaico entre lo primitivo y lo moderno
La gran sorpresa no es solo la edad, sino la anatomía. Los científicos describen a estos homínidos como un “mosaico biológico”. Presentan rasgos típicos del Homo erectus, pero combinados con características que anticipan la morfología del Homo sapiens.
No encajan del todo con los neandertales europeos ni con los homínidos asiáticos de la misma época. En palabras del propio Hublin, se trataría de una población norteafricana de Homo erectus evolucionados, que ya se estaba desviando hacia el linaje que acabaría dando lugar a nuestra especie.
Esta mezcla de rasgos refuerza una idea cada vez más aceptada: la evolución humana no fue una escalera lineal, sino una red de poblaciones interconectadas, con intercambios y desarrollos paralelos a ambos lados del Mediterráneo.
Por qué este hallazgo cambia el relato
La importancia del descubrimiento se resume en varios puntos clave. Primero, refuerza la idea de que el origen profundo del Homo sapiens está en África, y no en Asia como defendían algunas hipótesis más antiguas.
Segundo, debilita el papel de especies europeas como Homo antecessor como posibles ancestros directos del sapiens. Y tercero, aporta continuidad a una historia que el propio equipo ya había ampliado en 2017, cuando identificó en Marruecos los restos más antiguos conocidos de Homo sapiens, con unos 300.000 años de antigüedad.
Entre ambos hallazgos se abre ahora un puente evolutivo que reduce un vacío crucial en nuestra cronología.
Las preguntas que siguen abiertas
Aun así, el debate está lejos de cerrarse. Algunos expertos señalan que el estudio no incorpora fósiles clave hallados en Asia y que todavía existe una brecha importante entre los restos de hace 700.000 años y los de 300.000.
La imagen que emerge no es la de un único ancestro claro, sino la de una población diversa, repartida y en constante cambio, de la que el Homo sapiens acabaría emergiendo.
Lo que queda claro es que nuestra historia es más antigua, más compleja y más africana de lo que se pensaba. Y que, bajo capas de tierra aparentemente anodinas, todavía esperan fósiles capaces de volver a cambiarlo todo.