Durante 100 días, seis personas compartirán un espacio cerrado, con rutinas estrictas, recursos limitados y contacto reducido con el exterior. No habrá ventanas al mundo real ni pausas emocionales. No es un reality show, sino un experimento científico que busca anticiparse a uno de los grandes desafíos de la exploración espacial: el aislamiento prolongado.
La iniciativa está impulsada por la Agencia Espacial Europea junto al Centro Aeroespacial Alemán, y forma parte de un proyecto llamado SOLIS100. El escenario será una estación espacial simulada ubicada en Colonia, Alemania, diseñada para replicar con la mayor fidelidad posible la vida en una misión real.
Por qué el encierro es un problema espacial real

Las próximas misiones humanas no serán como las de antes. Ir a la Luna durante semanas o viajar a Marte durante meses implica convivir en espacios mínimos, con la misma tripulación, sin posibilidad de escapar del conflicto o la rutina. Cada centímetro cuenta. Cada gesto pesa.
En ese contexto, el aislamiento deja de ser una molestia psicológica y se convierte en un riesgo operativo. El estrés, la falta de estímulos, la distancia del hogar y la convivencia forzada pueden afectar la toma de decisiones, la cooperación y el rendimiento general de una misión.
Por eso, antes de enviar astronautas a destinos lejanos, las agencias espaciales prefieren ensayar en la Tierra. No para probar cohetes, sino personas.
Cómo será vivir 100 días como astronauta

El experimento SOLIS100 recreará una misión espacial completa. Los participantes deberán seguir horarios estrictos, realizar ejercicio físico diario, cooperar como una tripulación real y llevar adelante tareas científicas bajo presión.
No estarán completamente incomunicados, pero el contacto con el exterior será limitado y mediado, simulando la distancia que existiría en una misión fuera de la órbita terrestre. El objetivo no es solo observar cómo resiste el cuerpo, sino cómo se adapta la mente.
La compensación económica asciende a 23.000 euros, una cifra que refleja tanto la duración como la exigencia del estudio. No se trata de “aguantar” el encierro, sino de mantener un desempeño estable durante más de tres meses sin interrupciones.
Quiénes podían postularse
La convocatoria estuvo abierta hasta el 12 de diciembre de 2025, con inicio del experimento previsto para abril de 2026. Los requisitos no eran menores: personas de entre 25 y 55 años, con excelente estado físico, muy buen nivel de inglés y título universitario.
No buscan aventureros improvisados, sino perfiles capaces de seguir protocolos, adaptarse a la convivencia extrema y responder a evaluaciones constantes. En otras palabras, perfiles similares a los que se necesitan para una misión espacial real.
El otro experimento (menos atractivo, pero igual de importante)

En paralelo, el DLR lleva adelante otro estudio en su centro envihab, aunque con condiciones bastante más duras para los voluntarios. En este caso, el foco está en la ausencia de gravedad.
Los participantes deben permanecer 60 días acostados, con la cama inclinada seis grados hacia abajo en dirección a la cabeza. Esta posición provoca un desplazamiento de fluidos corporales similar al que ocurre en microgravedad, permitiendo estudiar sus efectos sin salir de la Tierra.
No hay ventanas al espacio ni épica alguna. Solo ciencia dura y una pregunta clave: qué le pasa al cuerpo humano cuando la gravedad deja de ser la norma.
El espacio empieza mucho antes del lanzamiento
Estos experimentos no tienen la espectacularidad de un despegue ni la épica de una caminata lunar. Pero son igual de cruciales. Antes de conquistar otros mundos, hay que entender cómo resistimos el encierro, la soledad y la convivencia extrema.
El futuro de la exploración espacial no se decide solo en los motores. También se define en habitaciones cerradas, camas inclinadas y personas comunes que aceptan vivir, por un tiempo, como si ya estuvieran en el espacio.