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Ciencia

Ya conocemos más de 6.000 exoplanetas, pero ninguno ha respondido a la pregunta importante. Europa quiere “apagar” estrellas y China propone 900 telescopios para buscar vida

Encontrar planetas fuera del Sistema Solar ha dejado de ser extraordinario: el catálogo ya supera los 6.000 mundos confirmados. El verdadero desafío ahora es descubrir si alguno está vivo. Dos propuestas llevan esa búsqueda al extremo: LIFE quiere hacer desaparecer la luz de una estrella; Life 2.0 plantea observarla con 900 telescopios a la vez.
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Durante tres décadas hemos sido bastante buenos encontrando planetas. La NASA ya contabiliza más de 6.000 exoplanetas confirmados, desde gigantes abrasadores pegados a sus estrellas hasta pequeños mundos rocosos. El siguiente salto es mucho más complicado: encontrar una Tierra situada a la distancia adecuada de una estrella parecida al Sol y averiguar qué contiene su atmósfera.

Ahí aparece un problema casi absurdo. Si alguien situado a decenas de años luz intentase observar la Tierra mientras cruza por delante del Sol, algunas de las señales atmosféricas que buscamos producirían variaciones del orden de una parte por millón. Además, nuestro planeta solo completa un tránsito cada año, así que no existe la posibilidad de acumular rápidamente decenas de observaciones como hacemos con mundos que orbitan sus estrellas cada pocos días.

No basta, por tanto, con descubrir otra Tierra. Hay que construir algo capaz de leer su aire desde años luz de distancia. Y dos grupos de investigadores están imaginando formas radicalmente distintas de hacerlo.

LIFE quiere hacer algo extraño: conseguir que la estrella desaparezca

Ya conocemos más de 6.000 exoplanetas, pero ninguno ha respondido a la pregunta importante. Europa quiere “apagar” estrellas y China propone 900 telescopios para buscar vida
© Jian Ge et al.

Una de esas propuestas se llama LIFE, Large Interferometer for Exoplanets. La idea desarrollada alrededor de ETH Zürich sustituye el enorme espejo de un telescopio convencional por una formación de varias naves. Los colectores captan radiación infrarroja procedente del sistema planetario y envían la luz hacia una nave central, donde las señales se combinan mediante una técnica conocida como interferometría de anulación.

El objetivo es casi contraintuitivo: hacer que las ondas procedentes de la estrella interfieran entre sí hasta cancelar buena parte de su luz. La estrella, en cierto modo, se apaga. El planeta no.

Eso permitiría aislar su débil emisión térmica y estudiar directamente un rango aproximado de 4 a 18,5 micras, especialmente interesante porque allí aparecen huellas de moléculas como dióxido de carbono, agua, ozono o metano. Simulaciones del concepto LIFE muestran que un observatorio de este tipo podría recuperar información sobre la temperatura, estructura atmosférica y composición de mundos parecidos a la Tierra. Y aquí está una de las claves.

Encontrar oxígeno, ozono o metano por separado no demostraría automáticamente que existe vida. Procesos geológicos y fotoquímicos también pueden generarlos. Lo verdaderamente interesante sería encontrar combinaciones difíciles de mantener simultáneamente sin alguna fuente que las reponga, además de conocer la temperatura, presión y contexto químico del planeta. LIFE está pensado precisamente para ampliar ese contexto.

NASA prepara mientras tanto su propio gran salto, el Habitable Worlds Observatory, concebido específicamente para obtener imágenes directas y estudiar alrededor de 25 mundos potencialmente habitables. LIFE sería complementario: HWO trabajaría principalmente con luz reflejada en ultravioleta, visible e infrarrojo cercano; LIFE observaría la emisión térmica en infrarrojo medio.

China ha planteado la solución opuesta: si un telescopio no basta, utilizar 900

Ya conocemos más de 6.000 exoplanetas, pero ninguno ha respondido a la pregunta importante. Europa quiere “apagar” estrellas y China propone 900 telescopios para buscar vida
© Life Space Mission.

La segunda propuesta resulta todavía más difícil de visualizar. El 5 de agosto de 2026, Jian Ge y un equipo internacional publicaron Life 2.0, un concepto relacionado con la futura misión china Earth 2.0. Su arquitectura de referencia no plantea un telescopio gigantesco. Plantea 900 telescopios espaciales.

Cada uno tendría un espejo de aproximadamente un metro y observaría simultáneamente el mismo tránsito planetario. Sus espectros serían calibrados por separado y después combinados estadísticamente para reunir aproximadamente la capacidad colectora correspondiente a una apertura de 30 metros.

No formarían un espejo virtual mediante interferometría como LIFE. La filosofía es distinta: repartir una superficie colectora gigantesca entre cientos de instrumentos relativamente pequeños y repetibles.

Life 2.0 observaría aproximadamente entre 0,2 y 1,05 micras, cubriendo desde el ultravioleta hasta parte del infrarrojo cercano. Allí podría buscar señales de ozono, oxígeno molecular y agua, además de estudiar dispersión de Rayleigh y otras características atmosféricas.

La propuesta pretende aprovechar los candidatos que encuentren observatorios como PLATO y Earth 2.0, misión china actualmente proyectada para 2028 y diseñada alrededor de varios telescopios dedicados a detectar tránsitos, incluyendo observaciones continuadas de la región estudiada por Kepler. Pero lanzar 900 telescopios es solamente la parte espectacular del problema.

Después habría que hacer que 900 instrumentos diferentes midiesen cambios de brillo extraordinariamente pequeños durante varias horas y que sus errores no fingiesen una atmósfera que no existe.

El propio estudio reconoce desafíos en estabilidad instrumental, calibración, comportamiento de los detectores y variabilidad de las estrellas. Es una propuesta tecnológica, no una misión aprobada ni una flota de satélites que esté actualmente esperando en una fábrica.

Llevamos 30 años buscando otros mundos. Ahora queremos saber si alguno respira

LIFE tampoco es todavía una misión seleccionada para volar. Es un concepto en desarrollo que recupera ideas que llevan décadas persiguiendo los astrónomos: utilizar interferometría espacial para separar un planeta terrestre del resplandor brutalmente superior de su estrella. Lo diferente es que tecnologías necesarias para volar naves en formación han progresado considerablemente; ESA, por ejemplo, ya ha demostrado vuelo de formación de alta precisión con Proba-3.

Life 2.0 propone el camino contrario: aceptar que construir un telescopio espacial de 30 metros sería extraordinariamente difícil y dividir el problema en 900 piezas de un metro. Ninguno garantiza encontrar extraterrestres.

Ni siquiera detectar oxígeno, agua y metano en otro planeta equivaldría automáticamente a anunciar vida. Harían falta observaciones complementarias, modelos atmosféricos y una enorme cautela para descartar falsos positivos. Pero ambos proyectos muestran algo curioso sobre el momento en el que se encuentra la astronomía.

Hace apenas unas décadas, la gran pregunta era si existían planetas alrededor de otras estrellas. Ahora conocemos miles y estamos construyendo instrumentos específicamente pensados para encontrar mundos parecidos al nuestro.

La siguiente pregunta requiere máquinas bastante más extrañas. Cinco naves capaces de borrar una estrella. O 900 telescopios mirando exactamente al mismo punto del cielo. Porque después de descubrir miles de mundos, hemos llegado por fin a la parte realmente difícil: averiguar si en alguno de ellos hay alguien, aunque solo sea un microbio.

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