16 de octubre de 1988, se estrenaba en los cines de Japón la película que junto al manga abriría las puertas de una industria al mundo entero. El anime encontraba por fin un hilo conductor para exportar su imaginario e influir de manera notable en la cultura popular occidental. Se estrenaba Akira, basada en la monumental obra homónima de Katsuhiro Otomo.

Neo Tokyo está a punto de E-X-P-L-O-T-A-R

¿Hay alguien que no la haya visto? Sin spoilers y para aquellos que aún no hayan atacado a los tomos o a la película, la sinopsis de Akira nos sitúa en el año 2019 sobre Neo-Tokio, una megalópolis construida sobre las ruinas de Tokio 30 años después de una gran explosión nuclear que dejó parte del planeta en ruinas.

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Un trasfondo con el que Otomo inicia las tramas o subtramas encabezadas por la figura de Kaneda, un joven líder de una banda de motoristas callejeros. La realidad es que la antología que conforma el manga es mucho más que eso. Akira es ciencia ficción, ciberpunk, anarquía, religión, thriller, drama, acción… y el conjunto es simplemente brillante.

Akira, el anime y la película

Otomo comenzaría su carrera como dibujante de manga a comienzos de la década de los 70. Lo hacía en Action Comics con títulos como The Gun Report o Fireball, pero no fue hasta comienzos de los 80 cuando comenzó a darle vueltas a una idea que tenía en la cabeza. El artista había crecido en Hasama (prefectura de Miyagi, Japón) en los convulsos 60, el cóctel para que hoy exista Akira fueron sus vivencias en una época de grandes cambios, con continuas manifestaciones de estudiantes y revueltas, todo ello bajo un marco un tanto caótico y en un país de contraste con su pasado reciente tras la Segunda Guerra Mundial. A su vez, Otomo sentía predilección por muchas cintas clásicas de los 60 y 70 con un claro y marcado tono contracultural, films como Easy Rider, Bonnie and Clyde o Five Easy Pieces fueron una influencia para el artista que luego se plasmaría en la obra de Akira.

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El manga vio la luz en 1984 en Japón, siendo un rotundo éxito desde el principio. Con todo, lo realmente histórico fue que los tomos se convirtieron en pioneros exportando esa parte de la cultura japonesa en occidente. Marvel Comics se hacía con los derechos para su publicación en Estados Unidos y Europa y el resultado fue un impacto tremendo, una obra extensa que popularizaba la narrativa de un país hasta ese momento fuera del circuito americano. Tanto fue así, que pasado el tiempo y tras la reedición en 6 tomos en blanco y negro (igual que el original), Akira se haría con el Premio Eisner 2002 de obra extranjera, algo así como los Oscar en su liga.

No contento con la antología que tenía entre manos, Otomo decidió producir la película. En esa época, finales de los ochenta, el autor aún no había terminado el manga que llegaría finalmente dos años más tarde, en 1990. Esta es la razón por la que el anime tiene un final (bastante) diferente. En cualquier caso se trata de Otomo en ambas facetas. El creador del cómic quiso trasladar su obra a la animación en un esfuerzo titánico, tanto fue así, que para la producción se necesitó de la ayuda de varias compañías bajo el paraguas de lo que se llamó Comité Akira. La idea: construir un film único y excelso con un universo propio, una obra tremenda y ambiciosa donde el autor no quería dejar escapar ningún detalle ni épica de la historia.

Hablamos de un presupuesto de más de mil millones de yenes (lo que supondrían casi 10 millones de dólares) y hablamos de hace más de 25 años. Se trataba por tanto de la obra más cara jamás realizada en el país. Otomo finalmente conseguiría la financiación a través del Comité Akira, un consorcio de grandes empresas del país unidas para sacar adelante un macro-proyecto de animación (una apuesta que aún hoy resulta increíble). Todo un hito en Japón por el que lograba unir a ocho gigantes para la financiación del anime: Bandai, Toho, Laserdisc Corporation (sí, también), Kodansha, Mainichi Broadcasting System, TMS Entertainment, Hakuhodo Incorporated y Sumitomo.

Akira en números

Para entender el alcance de la obra de Otomo nada mejor que refrescarla con números, muchos de ellos aún hoy son inauditos para una obra de animación. Obviamente no sabemos lo que le hubiera pasado al autor de no haber tenido éxito, quizá nunca hubiéramos visto llegar su obra a occidente, pero Akira tuvo un rotundo impacto en el país con una recaudación de 6,3 mil millones de yenes (casi 50 millones de dólares) solo en la taquilla nipona de 1988. El salto a occidente y el paso de los años han conformado a la producción como una obra de culto, y posiblemente junto a Miyazaki, en el máximo exponente de la cultura de animación japonesa.

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Más números. Akira fue también una revolución en la propia factura y realización de una producción anime. Por ejemplo, mientras que la gran mayoría de obras de la época utilizaban una técnica de animación más bien limitada (como muchos dibujos, donde las caras y el cuerpo se mantienen estáticas y solo se animan los labios), la película de Otomo rompe todas las reglas establecidas poniendo énfasis en el detalle más mínimo, estamos ante escenas cinematográficas, diálogos pregrabados (y no al revés como se solía hacer) para obtener un timing perfecto entre diálogo y personajes.

No sólo eso, en un tour de force, la película termina con nada menos que 160.000 dibujos para una producción que contaría con 2.212 planos y una paleta de 327 colores. Es tal la inmensidad del film, que Akira jugaba en otra liga si lo comparábamos con cualquier otra de la época. El mismo Otomo, en su intento por trasladar su imaginario al cine, presiona (y consigue) que su equipo de artistas desarrollen nada menos que 50 tonalidades nuevas en busca del color perfecto. Todos estos números siguen hoy muy vigentes. Visionar ese Neo-Tokio de extremada belleza o la fuerza de cada escena o persecución en moto es una delicia a la que muy pocas obras aún hoy pueden acercarse.

La moto

Existen un gran número de elementos icónicos y referencias de la obra que con el tiempo se han granjeado la categoría de “culto”, pero si tuviera que elegir una, sin duda esa es la moto de Kaneda. Un termómetro que suele indicar hasta que punto un objeto se ha consolidado como referente son las páginas que hablan de ella en la red. Acudir a Google y teclear Kaneda + Motorbike nos da como resultado todo un universo de páginas de fans, desarrollo de versiones reales de la moto o diseños y esbozos basados en la misma.

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Si hacemos caso a una de las páginas que el mismo Otomo da por buena, en Akira2019, estamos ante una moto eléctrica (¿Honda?) de 154 Kg de peso con una carga máxima de dos horas de duración. Una máquina que pasaría de 0 a 400 metros en 9,8 segundos y de 0 a 100 Km/h en 8,7 segundos. Su velocidad máxima sería de 243 Km/h y vendría equipada de serie con ordenador integrado, radar, sistema de navegación automática y lector de CDs (estamos en los 80, aunque con vistas a un Tokio de 2019).

Una pena que el modelo como tal no exista en la vida real, aunque existen réplicas y versiones que podemos encontrar rastreando la web (de todas, me quedo con esta), auténticas versiones tuneadas de la moto del manga y anime. En cualquier caso, el siguiente vídeo es un ejemplo del asombroso vehículo que salió de la mente de Otomo, además se trata una de las escenas más recordadas por la mayoría de seguidores, posiblemente también, de las mejores en la historia del cine de animación. The Capsules vs The Clowns:

Curiosidades

  • Otomo, tras acabar la película, tiene ante sí la difícil tarea de encajar el puzzle con la conclusión de los libros. Al final y en palabras del artista, la inspiración para el desenlace del manga se la daría otro “grande”, Alejandro Jodorowsky, tras una charla entre ambos.
  • Si hay una obra que inspiró a Otomo para desarrollar Akira, esa fue sin duda Tetsujin 28-go (Iron Man 28 en muchos países), un manga de finales de los 50 que pasó a anime unos años más tarde. Tal es así, que Otomo llamó a los personajes de Akira como los de la obra a la que rinde homenaje.
  • Un detalle que muchos no sabían es que en su momento, el Comité Akira presentó el film al mismísimo Steven Spielberg con el fin de que se hiciera con los derechos de distribución en Estados Unidos. Cuenta la leyenda que Spielberg la vio y dijo que no, argumentando que Akira no funcionaría en su país. Acto seguido el Comité se la lleva a otro jefazo, George Lucas, y también negó la mayor. Finalmente se hace con los derechos Streamline Pictures. El resto es historia.
  • ¿Cómo sería Akira en Los Simpson? Una maravilla alucinada donde se mezclan ambos mundos. Enorme el trabajo de los artistas James Harvey y Ryan Humphrey.

  • La banda sonora de la película corre a cargo del científico (y músico) Tsutomu Ohashi.
  • Otomo comentaría tras acabar el film que contaba con más de 2.000 páginas de cuadernos con ideas y diseños de los personajes para la película, aunque el guión final rebajó el mismo a 700 páginas.
  • En 1988 saldría el primer videojuego basado en Akira (de Taito), una obra lanzada para la extinta Famicom y exclusiva en Japón. Hubieron varios proyectos en desarrollo para Super Nintendo, Sega Genesis y Sega CD que finalmente se cancelaron.

El trailer

No podíamos acabar este homenaje sin el trailer original. Es muy posible que la mayoría de los que nos leéis ya habéis visto la peli o los libros (o ambos). Si no has leído Akira ni visto la película, te recomendamos encarecidamente que vayas a por ella porque te estás perdiendo una antología que ha influenciado e inspirado a otras tantas como Ghost In The Shell, Matrix, o Looper e Inception más recientemente, cuyos creadores han confirmado la clara influencia del imaginario de Otomo. Una obra casi tan gigante y difícil como la propia historia para que viera la luz.

Akira en carne y hueso

¿Habrá por fin una película con actores reales o es otra leyenda urbana? El último nos sitúa a Christopher Nolan al frente del proyecto de una trilogía... ojalá, pero mientras esperamos que en Hollywood (y Warner) se decidan, hace un año vio la luz el proyecto más interesante y cercano bajo el título de Project Akira. Un tráiler de lo que podría ser esa película “real” que pasó por el crowdfunding para poder financiarse. El resultado de la pieza, aunque algo vitaminado de efectos, es una auténtica joya que pone los dientes muy largos.

Bonus : Las “portadas” de Akira

Acabamos con el poster original del anime en Japón junto al conjunto de diseños paralelos (y nada oficiales) al mismo. La imagen aérea de Kaneda acercándose a la moto es probablemente uno de los carteles de cine más utilizado en la red, ya sea para homenajear a la obra, como simple broma o incluso para comercializarlo.

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