Durante siglos, cada vez que fabricábamos un lápiz de grafito estábamos creando sin saberlo una sustancia invisible. En 2004, un grupo de científicos consiguió aislar el grafeno. Desde entonces no paramos de encontrarle aplicaciones a la formas de carbono más extraordinaria.

Este vídeo muestra el proceso de creación de un chip de grafeno en una empresa llamada Graphene Frontiers. Estos laboratorios con base en Filadelfia lo producen a presión atmosférica y lo adhieren en unos sensores médicos para realizar análisis de sangre. El grafeno es el mejor conductor eléctrico que se conoce y sólo mide un átomo de espesor, así que es el material indicado.

El problema es que no se ve, de modo que los investigadores tienen que ayudarse con otros materiales para poder manipularlo. Primero meten una lámina de cobre en un horno y activan un sistema de gas argón para extraer el oxígeno. Esto da lugar a una reacción que deposita el grafeno en el cobre. Después la hoja es extraída del horno y bañada en plástico líquido.

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La mezcla se revoluciona a 3.000 rpm para que el plástico se esparza de manera homogénea sobre el cobre. A continuación, el film se despega del cobre con agua y se sumerge en una serie de soluciones para extraer cualquier contaminante. Por fin, el grafeno se adhiere al chip de silicio... pero todavía nos hemos terminado.

El chip de silicio se introduce en una máquina que evapora el grafeno junto a unas bolitas de oro. Al enfriarse, el oro solidificado se habrá quedado pegado al grafeno. Después una máquina de plasma hará desaparecer el grafeno sobrante y sólo quedarán los contactos de oro en el circuito. Por último, un disolvente removerá cualquier rastro de plástico y el oro, y sólo nos quedará grafeno sobre el chip. Fascinante. [Science Channel]


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