Erupción. AP

Hay unas cuantas “erupciones perdidas” en la historia, eventos volcánicos señalados en el hielo o registros de sedimentos que no se han identificado en los libros geológicos. Uno de estos eventos produjo un cataclismo tan bestial que supuso la pequeña Edad de Hielo. Nadie sabe dónde está el volcán que lo originó.

Cuando hablamos de estas erupciones perdidas, probablemente la más evidente sea la de 1815 en Tambora, aunque seguimos sin dar con un volcán que sea candidato firme. Sin embargo, si tenemos que hablar de un evento extraño y enigmático, ese es sin duda el ocurrido a mediados de la década de 1450.

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Fue un período con inviernos extremadamente fríos en gran parte del globo, de nieblas secas que enmudecieron Constantinopla, del retraso en el crecimiento de los árboles que sufrió gran parte del planeta, de uno de los mayores casos de carga de azufre en la atmósfera en los últimos miles de años, rivalizando con la famosa erupción Laki de 1783 (Islandia).

Y aún así, nadie sabe dónde demonios está el volcán que originó todo.

La boda de un rey y el eclipse solar

Pequeña Edad de Hielo. Wikimedia Commons

Los libros de historia cuentan un relato que tuvo lugar el 10 de octubre de 1465. Se casaba el rey Alfonso II de Nápoles con Ippolita Maria Sforza, una noble de Milán, en una ceremonia suntuosa. Ambos llegaron a la ciudad en una entrada triunfal, el público gritaba y aplaudía con fuerza, pero no los estaban mirando a ellos.

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El gentío miraba al cielo, con cara de incredulidad y sorpresa. A pesar de que era mediodía, el Sol se había vuelto de azul profundo, hundiendo la ciudad en una misteriosa oscuridad. ¿Se trataría de un eclipse Solar?

Nadie lo sabía entonces, pero aquello era el comienzo de algo mucho más grande. En los meses siguientes el clima europeo se volvió loco. Dicen que en Alemania llovió tan intensamente que los cadáveres de los cementerios salieron de la tierra. En Polonia, sus habitantes iban en barco donde antes había calles.

Pequeña Edad de Hielo. Wikimedia Commons

Cuatro años después, Europa fue golpeada por lo que se ha denominado como la Pequeña Edad de Hielo. Un período de frío extremo donde los peces se congelaron en sus estanques. Los árboles no florecían y la hierba no crecía. En Bolonia, Italia, la nieve pesada forzó a sus habitantes a viajar con sus caballos y carruajes a lo largo de los canales congelados.

Y según los expertos, todos estos sucesos estaban conectados con el día que se casaba el rey Alfonso II. Ese día, a miles de kilómetros de distancia en los trópicos, un volcán gigante estaba haciendo historia geológica. Su erupción fue tan grande que produjo una nube de cenizas que envolvió a la Tierra y la llevó a la década más fría durante siglos.

Aquella explosión se oyó a 2.000 kilómetros de distancia y creó un tsunami que causó la devastación a cientos de kilómetros de distancia. En términos de escala, desató una energía equivalente a más 2 millones de bombas atómicas Little Boy.

Hoy, muchísimos años después, se han encontrado rastros de la erupción de la Antártida a Groenlandia.

Sin embargo, nadie sabe dónde demonios está el volcán que originó todo.

Un invierno volcánico

Erupción inicial de Pinatubo, origen de un invierno volcánico. Wikimedia Commons

Es posible que te preguntes cómo podemos tener una helada a partir de un evento volcánico. En realidad se trata de lo que se denomina como “invierno volcánico”, la reducción de temperatura motivada por ceniza volcánica y motas de ácido sulfúrico obstaculizando el paso de los rayos del Sol.

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Para que nos hagamos una idea de las consecuencias, los inviernos volcánicos pueden causar un fenómeno denominado como cuello de botella, es decir, una caída drástica en la variedad de especies animales seguido, casi de forma inmediata, de un período de gran divergencia genética entre los supervivientes. En este sentido, el antropólogo Ambrose decía lo siguiente sobre el evento:

Este tipo de sucesos disminuyen el tamaño de la población a niveles lo suficientemente bajos como para dar pie a cambios evolutivos, los cuales se producen de forma más acelerada en poblaciones reducidas dando lugar a una diferenciación de la población.

Laki. Wikimedia Commons

Se cree que en el pasado se han dado varios inviernos de este tipo, pero si hablamos de casos en la época reciente, sus efectos han marcado claramente el devenir de los habitantes de la Tierra. El comentado en el volcán Laki (1783) es uno de ellos. El evento liberó enormes cantidades de dióxido de azufre, resultando en la muerte de una parte importante de la ganadería y provocando una hambruna que acabó con una cuarta parte de la población. Además, las temperaturas cayeron aproximadamente 1 °C en el hemisferio norte al año siguiente.

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Sin embargo, en este punto de la historia (y por tercera vez), volvemos al mismo punto de partida. En algún momento de 1450, una erupción cataclísmica provocó daños en todo el mundo como pocas veces se ha visto.

Con una diferencia del resto. Nadie sabe dónde demonios está el volcán que originó todo.

En busca del volcán perdido 

Área de las islas junto a la caldera Kugae. Wikimedia Commons

Que la erupción perdida de la que hablamos sucedió, esta fuera de toda duda y es indiscutible. Como la mayoría de las mega-erupciones, vaporizó vastas cantidades de roca rica en azufre que posteriormente fue arrojado a la atmósfera, y que finalmente originó una gran nevada de ácido sulfúrico en los polos.

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Así fue como se enterró en el hielo, formando parte de un registro natural de la actividad geológica que abarca milenios. De hecho, no hay ningún otro evento capaz de hacer esto (a falta de un impacto de asteroide). Sin embargo, establecer su existencia es la parte fácil. Lo que los científicos no saben es prácticamente todo lo demás. Es un verdadero misterio geológico que ha dejado a los expertos con la gran duda durante décadas.

Veamos. En la década de 1950 comienza a correrse un rumor. Unos arqueólogos que visitan Tonga (Vanuatu) escuchan la historia de una antigua masa terrestre que, varias generaciones atrás, se vinculó a la vecina isla de Epi. Esta masa era conocida como Kuwae y en el centro había un volcán. El relato decía que un día, después de varios terremotos muy potentes, una catastrófica erupción rompió la isla a la mitad.

Imagen: AP

Hoy, todo lo que queda del volcán es un cráter de poco más de un kilómetro de profundidad escondido bajo el océano, la caldera Kuwae, y una gruesa capa de ceniza en Epi y Tongoa creada por los flujos de gas sobrecalentado y la roca que se elevó sobre la isla a cientos de kilómetros por hora.

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Lo cierto es que los científicos no sabían nada acerca de la erupción del siglo XV hasta la década de 1980, cuando descubrieron un pico de acidez de alrededor de esa época en núcleos extraídos del hielo polar. De repente, para aquellos que investigaban Kuwae, parecían haber dado con algo. Según sus datos, la erupción debía estar entre 1540 y 1654.

Poco después, descubrieron otra evidencia. Las lenguas de las islas que rodean al cráter parecían ser comunes, lo que sugería que podían haber evolucionado desde el mismo dialecto hace muchos cientos de años.

Imagen: Volcano

En 1993, un científico de la NASA se puso a investigar a través de la atmósfera. Al parecer, los aerosoles de sulfato reflejan la luz del sol hacia el espacio, y el efecto atenuador de estas erupciones puede ser muy poderoso. El hombre concluyó que la erupción en Kuwae había ocurrido en 1453. Si estaba en lo cierto, era demasiado pronto para la boda de Alfonso II, aunque el momento adecuado para coincidir con otro año especialmente letal.

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Ese año en Suecia, los cultivos fracasaron y las reservas de granos se vaciaron. En toda Europa los árboles dejaron de crecer. En China, decenas de miles de personas murieron congeladas. Meses después, nevó sin parar durante 40 días por debajo del río Yangtze y el Mar Amarillo se congeló hasta 20 kilómetros desde la costa. En la otra parte del mundo, los aztecas se enfrentaron a la mayor hambruna experimentada en la prehistoria.

Durante su trabajo, el investigador de la NASA sugirió una fecha exacta para la erupción, el 22 de mayo. ¿La razón? Ese día Constantinopla quedo oscurecida por una niebla densa, “un gran fuego”, lo llamaron, aunque podría tratarse de la ceniza.

Poco después, un nuevo estudio venía a confirmar los datos del hombre de la NASA. Un equipo de geólogos franceses estimaron que la erupción de Kuwae había liberado enormes cantidades de magma, lo suficiente para llenar el Empire State Building 37 millones de veces, y disparar escombros a 40 kilómetros en el cielo.

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De ser así, habría incluido tres veces más sulfato que la erupción en Tambora. Dicho de otra forma, más que suficiente para tener un impacto global sobre el clima. Finalmente, este equipo indicó una fecha entre 1420 y 1430. Los científicos comenzaron a referirse a la erupción del siglo XV como el “evento Kuwae”.

Sin embargo, una década después, un nuevo equipo de investigadores regresó a las islas que rodeaban el cráter. Buscaban señales de una erupción explosiva capaz de alterar el clima global. Desgraciadamente, no encontraron nada.

¿Por qué? Este equipo, liderado por el científico Karoly Nemeth, encontró depósitos volcánicos, pero su alcance no era lo que se espera de una erupción realmente masiva. De hecho, la evidencia apuntaba a que el volcán fue relativamente pequeño.

Erupción. AP

En el año 2012 ocurre un hecho que podría cambiarlo todo. Un núcleo de hielo de la Antártida revela una muestra en Law Dome, famosa por sus nevadas inusualmente altas y un lugar predilecto para la investigación climática, ya que el hielo espeso hace más fácil distinguir capas individuales.

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Allí encontraron que el origen de lo ocurrido en el siglo XV no fue causado por una sola erupción, sino por dos. Además y para colmo, el primero de ellos ocurrió en 1458, es decir, mucho más tarde que la erupción en Kuwae.

¿Qué demonios estaba pasando? En cuestión de décadas los científicos habían situado el origen de las erupciones en lugares y años diferentes.

El problema reside en la forma en que los núcleos de hielo están fechados. No pueden proporcionar un momento exacto, sólo una secuencia de eventos anuales, uno tras otro. Además, hay que sumar el caos climático que se registró en la época.

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Entonces, ¿dónde ocurrió? Hoy, y a la espera de que surja un nuevo estudio o hallazgo, se da por válido que las erupciones ocurrieron en los trópicos. La razón se debe a que sólo así se pudo tener un impacto tan grande, porque el aire ascendente es capaz de atraer la nube volcánica hacia la atmósfera, y allí puede permanecer muchos años.

En cualquier caso, el misterio de la erupción del siglo XV sigue siendo uno de los misterios más fascinantes de la naturaleza. Un evento tan descomunal, que cambio el clima del planeta. Tan misterioso, que nadie sabe dónde demonios se encuentra el volcán que lo originó. [Wikipedia, Wired, BBC, Journal of Geophysical Research]