Arrival es el tipo de película de ciencia ficción con la que a menudo soñamos. Tiene grandes actores, una gran idea y, cuanto más avanza, más le pide a su audiencia. El ritmo es metódico, la historia cautivadora y la filmografía maravillosa. Rara vez tienes una sola pista de hacia donde te lleva, y cuando lo hace ya no eres capaz de quitártela de la cabeza.


Aviso: esta crítica no tiene un solo spoiler, ni nada que se le parezca. Puedes leer tranquilo.


Basada en el relato corto de Ted Chiang llamado Story of Your Life, Arrival, la película cuenta con Amy Adams como la doctora Louise Banks, una experta en lenguaje cuyos servicios son requeridos para ayudar a traducir lo que parece ser el idioma de una misteriosa especie de alienígenas que ha aterrizado pacíficamente 12 gigantescas naves a lo largo y lo ancho del globo. Esto, como puede imaginarse, causa una gran crisis internacional. A Adams se le une un físico teórico llamado Ian Donnelly (Jeremy Renner) y juntos toman contacto con los alienígenas intentando descifrar las preguntas más inmediatas: ¿Por qué están aquí? ¿Qué quieren? ¿De dónde vienen?

Si te gusta el cine de ciencia ficción, es posible que hayas leído la descripción y hayas pensando en lo peor: los alienígenas van a atacar de vuelta y todo será parecido a una mezcla entre Independence Day y War of the World. Aunque no voy a revelar las intenciones de los aliens, no es ningún spoiler afirmar que las intenciones de los mismos en Arrival no es precisamente esas. A través del ojo agudo del director Denis Villeneuve y el screenplay estructurado de manera brillante por Eric Heisserer, Arrival se distancia muy rápido de las típicas películas de invasión alienígena. La primera escena de la película es una escena silenciosa en la que Banks, con la voz en off, cuestiona la validez y la importancia de algunos de los beneficios de la sociedad moderna que la humanidad da por sentados. Parece superfluo al inicio, pero conforme el misterio de los alienígenas va enfocándose poco a poco se convierte en lo mas importante.

Como ocurre con el inicio, hay pocos momentos en la película que sean predecibles. Aunque eso es bueno, impacta negativamente en el ritmo de la película. A falta de un término mejor, Arrival es un drama de ciencia ficción. Las escenas de acción más grandes de hecho tienen que ver con Banks analizando la estructura de una frase y con una explosión aislada. Todo lo que gira en torno al argumento y la dispersión de la información es tan deliberado que a pesar de añadirse al total y resultar interesante, hay una oportunidad de que llegue a aburrir. Te recomiendo: no dejes que eso ocurra. Sí, puede sentirse algo lenta, especialmente hacia la mitad de la película, pero confía en mí: el destino no merece el viaje, y va a hacer que quieras verla otra vez de nuevo al instante.

Sin revelar cuál es ese destino es complicado entrar en detalles acerca de por qué Arrival es una gran película, pero lo intentaré. La banda sonora de Jóhan Jóhansson crea un balance único entre amenazador e inquietante, pero a la vez satisfactorio. La cinematografía de Bradford Young hace que todo se sienta etéreo, atrayendo a la audiencia lo más cerca posible de los personajes. Los personajes secundarios de Forest Whitaker, Michael Stuhlbarg y Tzi Ma le añaden peso a la cinta.

Al final, y con todo, Arrival es más importante por sus ideas que por cualquier otra cosa. Una vez esas ideas calan en tu mente y empiezas a filtrarlas a partir de la película exquisitamente editada que acabas de contemplar, todo florece como una mariposa desde el capullo. Esta película de alienígenas aparentemente sencilla se revela a sí misma como una celebración del pensamiento. Una celebración del poder del cine. De las cosas especiales en la vida. Y es algo que quieres volver a experimentar de nuevo, inmediatamente, esta vez con otros ojos. Cuando una película consigue hacer algo así, siempre es especial. Arrival lo consigue.

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Llega a los cines el próximo 11 de noviembre.