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Ciencia

Cómo la pesca de arrastre transforma el fondo marino y amenaza a las comunidades bentónicas

Bajo nuestros océanos existe un ecosistema enorme que rara vez vemos. Corales, esponjas, moluscos, crustáceos, gusanos y numerosas especies de peces dependen directa o indirectamente del bentos, el conjunto de organismos que viven sobre el fondo marino o enterrados en sus sedimentos. Sin embargo, una actividad humana puede modificar estos ambientes en cuestión de minutos: la pesca de arrastre de fondo.
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Una enorme red recorriendo el fondo del océano

La pesca de arrastre utiliza grandes redes remolcadas por embarcaciones para capturar especies que viven cerca del lecho marino, como gambas, merluzas o lenguados. Para mantener la red abierta y en contacto con el fondo se emplean diferentes componentes, entre ellos puertas de arrastre, cables, rodillos o cadenas.

El efecto depende enormemente del tipo de arte utilizado y del terreno. Las puertas de algunos arrastres pueden dejar surcos en los sedimentos, mientras que otros sistemas pueden penetrar varios centímetros y aplanar irregularidades del fondo.

El problema se vuelve especialmente importante cuando estas estructuras atraviesan hábitats formados por organismos que tardan décadas o incluso siglos en desarrollarse.

Corales y esponjas pueden desaparecer

Los ecosistemas de fondos duros dominados por grandes organismos inmóviles se encuentran entre los más vulnerables.

Corales de aguas profundas y esponjas crean estructuras tridimensionales que sirven como refugio, lugar de reproducción y zona de alimentación para numerosas especies. Cuando una red atraviesa esos lugares puede romperlas, aplastarlas o arrancarlas.

La FAO señala que precisamente los hábitats con grandes organismos sésiles muestran algunos de los efectos más importantes del arrastre. En cambio, algunos fondos arenosos sometidos naturalmente a fuertes olas y otras perturbaciones pueden recuperarse con mayor rapidez. Por eso, no existe un único efecto universal del arrastre.

Cómo la pesca de arrastre transforma el fondo marino y amenaza a las comunidades bentónicas
© Altitude Films – Youtube.

Toneladas de sedimentos vuelven al agua

Existe además otro impacto menos visible.

Cuando el equipo remueve el fondo, partículas que permanecían depositadas pueden volver a la columna de agua. Esa resuspensión modifica temporalmente la turbidez y redistribuye nutrientes y materia orgánica.

En determinados ecosistemas, el aumento de sedimentos suspendidos puede perjudicar organismos filtradores como esponjas y algunos moluscos, además de alterar las condiciones físicas del hábitat.

El arrastre repetido también puede cambiar progresivamente la composición de las comunidades: especies grandes, longevas y sensibles a la perturbación pueden perder terreno frente a organismos pequeños capaces de crecer y reproducirse rápidamente.

¿También libera carbono?

Aquí la respuesta científica es más compleja.

Los sedimentos marinos almacenan enormes cantidades de carbono orgánico y existen estudios que relacionan el arrastre intenso con una reducción de esas reservas.

Una investigación publicada en Nature Geoscience en 2024 encontró que las zonas intensamente arrastradas del mar del Norte presentaban una pérdida neta de carbono almacenado en sus sedimentos. Sin embargo, la magnitud del efecto a escala global y cuánto de ese carbono termina finalmente como CO₂ siguen siendo cuestiones debatidas. Por eso no es correcto equiparar directamente todo sedimento removido con nuevas emisiones a la atmósfera.

Proteger los fondos más vulnerables

Una de las principales estrategias consiste en restringir el arrastre allí donde el daño potencial es mayor.

Las áreas con corales profundos, esponjas, montes submarinos y otros ecosistemas marinos vulnerables requieren especial protección porque su recuperación puede ser extremadamente lenta. La propia FAO contempla medidas específicas para minimizar los impactos de la pesca profunda sobre estos ambientes.

También pueden aplicarse cierres espaciales o temporales, modificaciones de los equipos y artes que reduzcan el contacto con el fondo.

El objetivo no consiste simplemente en dejar de pescar, sino en evitar que la obtención de alimento destruya precisamente los ecosistemas que permiten que las poblaciones marinas continúen existiendo.

 

 

Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnología.

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