Saltar al contenido
Ciencia

El carbono enterrado durante miles de años está saliendo a la atmósfera en Indonesia

En Indonesia, algunos incendios pueden avanzar durante meses bajo tierra casi sin llamas visibles. Ocurren en las turberas tropicales cuando la sequía y El Niño las resecan, convirtiendo miles de años de materia vegetal acumulada en combustible capaz de liberar enormes cantidades de carbono y contaminación.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Cuando pensamos en un incendio forestal solemos imaginar árboles envueltos en llamas. En las turberas de Indonesia, sin embargo, buena parte del fuego puede permanecer escondido bajo nuestros pies.

Estos humedales contienen grandes cantidades de materia vegetal parcialmente descompuesta que se ha acumulado durante miles de años. Mientras permanece saturada de agua, esa turba funciona como un enorme almacén de carbono. El problema aparece cuando pierde humedad.

Indonesia alberga alrededor del 36% de las turberas tropicales del planeta, y muchas han sido drenadas durante décadas mediante canales construidos para agricultura, plantaciones y explotación forestal. Cuando a ese paisaje ya alterado se suma una sequía intensa, el suelo puede convertirse literalmente en combustible.

El Niño vuelve el problema mucho más grave

Los episodios de El Niño suelen reducir las precipitaciones en buena parte de Indonesia. En 2026, además, el fenómeno coincidió con una fase positiva del Dipolo del Océano Índico, intensificando todavía más la sequedad.

Según NASA, alrededor del 90% del país recibió poca o ninguna lluvia a comienzos de agosto, creando condiciones especialmente favorables para que los incendios penetraran en las capas profundas de turba.

Una chispa en superficie puede entonces iniciar un proceso muy diferente al de un incendio convencional.

Un fuego que avanza sin grandes llamas

La turba puede arder mediante combustión latente o smoldering. En lugar de producir grandes llamas, el material se consume lentamente a temperaturas relativamente bajas y con poco oxígeno.

El frente puede desplazarse por debajo de la superficie y reaparecer a cierta distancia, haciendo extremadamente difícil saber dónde termina realmente el incendio.

Ese es también el motivo por el que apagarlo resulta tan complicado. El agua aplicada desde arriba no siempre penetra hasta las capas donde continúa la combustión, y algunos focos pueden mantenerse activos durante meses hasta que las lluvias vuelven a empapar profundamente el terreno. NASA señala que estos incendios pueden continuar ardiendo hasta la llegada de las lluvias de octubre o noviembre.

El humo también es especialmente contaminante

La combustión lenta de la turba genera una mezcla de gases y partículas diferente a la de muchos incendios forestales.

Estimaciones citadas por NASA indican que estos fuegos pueden producir aproximadamente tres veces más partículas finas, cinco veces más dióxido de azufre y alrededor del doble de metano y monóxido de carbono que otros incendios tropicales.

El resultado son enormes capas de humo capaces de extenderse por Indonesia y países vecinos, provocando alertas sanitarias, cierre de escuelas, problemas de visibilidad y retrasos de vuelos.

En 2015 llegaron a superar a Estados Unidos

La escala de las emisiones puede ser extraordinaria.

Durante la crisis de 2015, las estimaciones del Global Fire Emissions Database calcularon que los incendios de Indonesia liberaron alrededor de 1.750 millones de toneladas de CO₂ equivalente a lo largo del año.

En 26 de 44 días analizados durante el momento más intenso de aquella temporada, las emisiones diarias estimadas de los incendios incluso superaron las emisiones medias diarias de toda la economía de Estados Unidos.

Incluso los satélites pueden perderlos de vista

Paradójicamente, cuanto más intenso se vuelve el episodio, más difícil puede ser observarlo desde el espacio.

Instrumentos como MODIS y VIIRS detectan anomalías térmicas, pero el humo espeso, las nubes y el hecho de que parte del fuego arda bajo tierra pueden ocultar los focos. NASA advierte que durante los peores episodios de humo el número aparente de incendios detectados incluso puede disminuir.

Por eso, la estrategia más efectiva no consiste únicamente en apagar las llamas una vez iniciadas. Mantener las turberas húmedas y evitar su drenaje es fundamental para impedir que uno de los mayores depósitos naturales de carbono del planeta se transforme en un incendio subterráneo capaz de arder durante meses.

Fuente: Muy Interesante.

Compartir esta historia

Artículos relacionados