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Tecnología

No todos deberían usar el ventilador igual durante una ola de calor: los mayores corren más riesgo

Los ventiladores no enfrían una habitación: aceleran la evaporación del sudor y ayudan al cuerpo a perder calor. Sin embargo, cuando el aire es extremadamente caliente, pueden aumentar la carga térmica. La temperatura no es el único factor: la humedad, la edad, la hidratación y el estado de salud cambian por completo el resultado.
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Durante una ola de calor, encender el ventilador parece una solución inmediata. El aire en movimiento produce una sensación de alivio sobre la piel y permite soportar mejor una habitación calurosa sin recurrir permanentemente al aire acondicionado.

Sin embargo, el ventilador no reduce la temperatura ambiental. De hecho, su motor genera una pequeña cantidad adicional de calor. Su verdadero efecto ocurre sobre el cuerpo: mueve el aire que rodea la piel, facilita la evaporación del sudor y mejora el intercambio de calor.

El problema aparece cuando el aire está tan caliente que puede transferir más calor al cuerpo del que este consigue eliminar. Por eso, distintas autoridades sanitarias advierten que no conviene confiar únicamente en un ventilador durante episodios de calor extremo.

El ventilador no enfría el aire

El cuerpo humano necesita mantener su temperatura interna cerca de los 37 °C. Para hacerlo, aumenta el flujo de sangre hacia la piel y produce sudor, cuya evaporación retira calor de la superficie corporal.

Un ventilador acelera ese proceso al reemplazar continuamente la capa de aire húmedo que se forma junto a la piel. Si el sudor puede evaporarse, la persona se refresca aunque el termómetro de la habitación no cambie.

Pero este mecanismo tiene límites. Cuando la temperatura del aire supera la de la piel, que suele rondar los 35 °C, el flujo de aire también aumenta la transferencia de calor desde el ambiente hacia el cuerpo. En ese punto, el resultado depende de si la evaporación adicional del sudor alcanza para compensar ese calentamiento.

La OMS ha utilizado tradicionalmente los 35 °C como referencia para advertir que los ventiladores podrían no prevenir las enfermedades relacionadas con el calor. Su información más reciente sitúa en torno a los 40 °C el nivel por encima del cual el aire impulsado puede calentar el cuerpo, aunque insiste en que un ventilador nunca debe ser la única protección durante temperaturas extremas.

No todos deberían usar el ventilador igual durante una ola de calor: los mayores corren más riesgo
© Alessandro Rosetti – Unsplash

No existe una temperatura universal

Decir que un ventilador se vuelve peligroso exactamente a los 35 °C simplifica demasiado el fenómeno. La humedad ambiental es decisiva porque determina la facilidad con la que se evapora el sudor.

En un ambiente caluroso y húmedo, el aire ya contiene mucho vapor de agua y el sudor permanece sobre la piel. El ventilador puede romper esa capa húmeda y mejorar considerablemente la evaporación. Experimentos de la Universidad de Sídney encontraron que, en condiciones cálidas y húmedas, el uso del ventilador reducía la temperatura corporal y el esfuerzo cardiovascular incluso con índices de calor muy elevados.

En condiciones extremadamente cálidas y secas puede ocurrir lo contrario. Como el sudor ya se evapora rápidamente, el beneficio adicional es menor, mientras que el ventilador continúa empujando aire muy caliente contra la piel. En ensayos con temperaturas cercanas a 45 °C y una humedad relativa de aproximadamente el 15%, su uso aumentó el estrés térmico y cardiovascular.

Por eso, dos habitaciones con la misma temperatura pueden producir resultados diferentes. Tampoco deben confundirse la temperatura del aire y la sensación térmica, que combina calor y humedad.

Las recomendaciones tampoco coinciden

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos mantienen una recomendación más conservadora: indican que, por encima de los 32,2 °C en interiores, el ventilador puede aumentar la temperatura corporal y no debería utilizarse como principal método para evitar un golpe de calor.

Estas diferencias entre organismos no significan que uno esté necesariamente equivocado. Las recomendaciones generales buscan proteger a poblaciones muy distintas y suelen establecer márgenes amplios de seguridad.

La revisión de Cochrane sobre ventiladores y olas de calor concluyó que no existían pruebas clínicas suficientes para determinar con certeza su impacto sobre hospitalizaciones o muertes. Los estudios fisiológicos actuales explican mejor cómo responde el cuerpo, pero no permiten reducir la decisión a una única cifra válida para todas las personas.

No todos deberían usar el ventilador igual durante una ola de calor: los mayores corren más riesgo
© Wolrider YURTSEVEN – Pexels

Las personas mayores necesitan más precauciones

La edad, las enfermedades cardiovasculares, ciertos medicamentos y una menor capacidad para sudar pueden reducir la eficacia del enfriamiento por evaporación. Una persona mayor también puede sentir menos sed y deshidratarse antes sin darse cuenta.

En estas situaciones, el ventilador puede proporcionar comodidad sin proteger realmente frente al agotamiento por calor. Por eso conviene combinarlo con hidratación, ropa ligera, duchas frescas, paños húmedos y el acceso durante algunas horas a espacios climatizados.

Si aparecen confusión, desmayo, piel muy caliente, debilidad intensa, vómitos o dificultad para hablar, no basta con aumentar la velocidad del ventilador: son señales de una posible emergencia relacionada con el calor.

El ventilador sigue siendo una herramienta útil, económica y de bajo consumo. La clave es no tratarlo como un aire acondicionado ni aplicar ciegamente la regla de los 35 °C. El riesgo real depende de cómo se combinan la temperatura, la humedad y la capacidad de cada cuerpo para liberar el calor acumulado.

 

 

Fuente: Xataka.

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