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Ciencia

Astrónomos captan casi desde el primer instante la muerte de una estrella gigante: lo extraño es lo que nunca apareció

El telescopio Einstein Probe detectó el fugaz destello de rayos X producido cuando una estrella masiva comenzó a explotar a 500 millones de años luz. Durante meses, decenas de observatorios siguieron la supernova SN 2026gzf. Parecía una explosión capaz de producir un brote de rayos gamma, pero ese brote nunca llegó.
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La muerte de una estrella masiva puede liberar en segundos cantidades extraordinarias de energía. El problema para los astrónomos es que los primeros instantes de una supernova son extraordinariamente difíciles de observar.

Esta vez tuvieron suerte. El 21 de marzo de 2026, el telescopio espacial chino Einstein Probe detectó un brevísimo destello de rayos X procedente de una galaxia situada a unos 500 millones de años luz. En menos de una hora, telescopios de todo el mundo ya estaban observando la región.

Lo que encontraron fue SN 2026gzf, una explosión que permitió seguir con una precisión excepcional las últimas etapas de una estrella masiva.

Einstein Probe captó uno de los momentos más difíciles de observar

El primer destello, denominado EP260321a, correspondía a lo que los astrónomos llaman ruptura de la onda de choque o shock breakout. Cuando el núcleo de una estrella masiva colapsa, una poderosa onda de choque atraviesa sus capas exteriores. En el momento en que finalmente alcanza la superficie —o el material inmediatamente alrededor de ella— libera un breve pulso de radiación ultravioleta y rayos X.

El fenómeno debería acompañar a gran parte de las supernovas, pero puede durar desde segundos hasta unas pocas horas, por lo que capturarlo directamente es extremadamente raro. SN 2026gzf representa uno de los casos más claros detectados en rayos X desde SN 2008D en 2008.

Astrónomos captan casi desde el primer instante la muerte de una estrella gigante: lo extraño es lo que nunca apareció
© NOIRLabAstro – Youtube.

Parecía la clase de supernova que produce un brote de rayos gamma

Las observaciones posteriores revelaron que SN 2026gzf era una supernova de tipo Ic de líneas anchas, o Ic-BL. Estas explosiones proceden de estrellas masivas que han perdido sus capas externas antes de morir y expulsan material a velocidades enormes. Además, algunas de ellas están asociadas a brotes de rayos gamma (GRB) y potentes chorros relativistas capaces de viajar cerca de la velocidad de la luz.

SN 2026gzf tenía muchas de las características de esas supernovas: su espectro, evolución, luminosidad y velocidades de expansión se parecían a las de explosiones que sí producen GRB.

Pero faltaba algo. No apareció ningún brote de rayos gamma.

Chandra buscó un chorro escondido y tampoco lo encontró

Era posible que el chorro hubiera existido pero simplemente no hubiese apuntado directamente hacia la Tierra. Para comprobarlo, los investigadores utilizaron el Observatorio de rayos X Chandra de la NASA y el radiotelescopio Very Large Array.

Si un potente chorro relativista hubiera escapado de la estrella, al chocar con el material circundante debería producir un resplandor detectable durante días, semanas o incluso meses. Chandra no encontró esa señal.

Las observaciones fueron suficientemente sensibles como para haber detectado prácticamente cualquiera de los resplandores de rayos X conocidos asociados a GRB similares. Los datos de radio llegaron a la misma conclusión: SN 2026gzf no produjo un chorro relativista potente y exitoso.

El chorro pudo nacer y morir dentro de la propia estrella

Ahí aparece la hipótesis más interesante. Los investigadores plantean que el colapso pudo generar un flujo débil y moderadamente relativista que quedó “asfixiado” antes de escapar.

El chorro podría haber chocado contra las propias capas de la estrella o contra el material expulsado por ella poco antes de morir. En lugar de atravesarlo y producir un GRB, habría depositado allí su energía. Los llamados choked jets llevan décadas apareciendo en los modelos teóricos, pero identificarlos observacionalmente resulta extremadamente complicado.

Y aquí conviene corregir otro detalle: las observaciones no demuestran directamente que SN 2026gzf haya formado un agujero negro. El estudio analiza el colapso de la estrella y su explosión, pero no identifica de manera observacional cuál fue el objeto compacto que quedó en el centro.

El verdadero descubrimiento es diferente. Dos estrellas aparentemente parecidas pueden morir de maneras radicalmente distintas: una consigue lanzar un chorro que atraviesa su superficie y produce uno de los destellos más potentes del universo; otra puede intentar exactamente lo mismo y quedar sofocada desde dentro.

 

 

Fuente: Biobiochile.

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