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Ciencia

Astrónomos españoles encuentran dos mundos opuestos alrededor de una misma estrella. Uno podría conservar agua a 18 °C; el otro completa un año cada 22 horas mientras su superficie se derrite

El sistema TOI-1752 reúne un sub-Neptuno templado y un planeta rocoso abrasado por su estrella. La combinación permitirá estudiar cómo dos mundos nacidos juntos pueden terminar de formas completamente diferentes.
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A 337 años luz de la Tierra, una pequeña estrella roja tiene dos planetas que parecen pertenecer a sistemas completamente distintos. El primero gira tan cerca que completa un año en solo 22 horas y 26 minutos. El segundo tarda casi 33 días, recibe mucha menos radiación y presenta una temperatura de equilibrio calculada en unos 18 °C.

El sistema se llama TOI-1752 y ha sido validado por un equipo internacional dirigido desde el Instituto de Astrofísica de Andalucía. Sus dos mundos fueron detectados inicialmente por TESS, el satélite de la NASA que busca las pequeñas caídas de brillo producidas cuando un planeta pasa delante de su estrella.

Las observaciones posteriores desde Hawái y el Observatorio del Teide descartaron que las señales fueran eclipses estelares u otros falsos positivos. El resultado, publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, confirma un sistema planetario que funciona casi como un experimento natural.

Dos planetas parecidos en tamaño, pero con destinos opuestos

Astrónomos españoles encuentran dos mundos opuestos alrededor de una misma estrella. Uno podría conservar agua a 18 °C; el otro completa un año cada 22 horas mientras su superficie se derrite
© Alberto Peláez Torres (IAA-CSIC).

TOI-1752 b es el mundo interior. Mide aproximadamente 1,69 veces el radio terrestre y tarda 0,935 días en completar una órbita. La exposición constante a su estrella habría eliminado buena parte de la atmósfera original, dejando un planeta predominantemente rocoso.

Su temperatura de equilibrio estaría entre 1.000 y 1.300 kelvin, dependiendo de cómo absorba y reparta la energía. Es un intervalo cercano al punto de fusión de algunos materiales de silicato, por lo que parte del hemisferio permanentemente orientado hacia la estrella podría encontrarse cubierto de roca fundida.

El planeta exterior, TOI-1752 c, mide 2,29 veces el radio de la Tierra y completa una vuelta cada 32,714 días. Se encuentra mucho más lejos de la estrella y dentro de la denominada “zona habitable optimista”, donde determinadas combinaciones de presión, temperatura y composición atmosférica permitirían mantener agua líquida.

La arquitectura resulta especialmente interesante porque ambos planetas probablemente se formaron dentro del mismo entorno. Uno habría sido despojado y abrasado; el otro podría haber conservado una envoltura gaseosa mucho más extensa.

Los 18 °C no significan que tenga un clima como el terrestre

La temperatura de TOI-1752 c no ha sido medida con un termómetro remoto. Los 291 kelvin (unos 18 °C) corresponden a una temperatura de equilibrio estimada mediante la energía que recibe de su estrella. El clima real dependerá de factores que todavía desconocemos, como la reflectividad, la presión y la composición de su atmósfera.

Tampoco se ha detectado agua. Estar en una zona habitable solo establece que podría existir bajo determinadas condiciones. Al tratarse de un sub-Neptuno, el planeta podría poseer una gruesa envoltura de hidrógeno y helio y quizá ni siquiera una superficie sólida accesible como la terrestre.

Sus características, sin embargo, recuerdan a K2-18 b, uno de los exoplanetas más estudiados con el James Webb. Ambos tienen radios cercanos a 2,3 veces el terrestre, orbitan en unos 33 días alrededor de enanas rojas y reciben una cantidad relativamente moderada de energía.

El IAA-CSIC considera que TOI-1752 c podría convertirse en un objetivo igualmente valioso para estudiar atmósferas templadas, aunque su posible habitabilidad seguirá abierta a debate.

El planeta infernal podría revelar antes sus secretos

Paradójicamente, el mundo más fácil de investigar podría ser el abrasado TOI-1752 b. Al completar tantas órbitas en poco tiempo, los telescopios pueden observar numerosos pasos delante y detrás de su estrella sin necesitar meses de seguimiento.

Los modelos incluidos en el estudio original indican que el James Webb podría distinguir entre una superficie desnuda y una atmósfera secundaria formada por gases liberados desde el interior. Entre las posibilidades aparecen envolturas dominadas por dióxido de carbono o vapor de agua, continuamente alimentadas por la roca fundida.

TOI-1752 reúne así dos de las grandes preguntas de la astronomía moderna alrededor de una sola estrella: cómo un planeta pierde su atmósfera hasta convertirse en una roca incandescente y cómo otro consigue conservarla lo suficiente para seguir siendo templado. Uno podría esconder agua. El otro podría tener mares de magma. Haberlos encontrado juntos es precisamente lo que vuelve extraordinario al sistema.

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