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Ciencia

La NASA ha medido una masa de algas de 33,6 millones de toneladas cruzando el Atlántico. En mar abierto sostiene la vida; cuando llega al Caribe, la asfixia y libera gases tóxicos

El Gran Cinturón de Sargazo tuvo su segundo mayor año desde que existen registros por satélite. El total bajó respecto a 2025, pero el Caribe y el golfo de México alcanzaron cifras nunca vistas.
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Desde el espacio parece una enorme mancha marrón atravesando el océano. En realidad, son miles de parches, líneas y mantos de algas que se extienden desde África occidental hasta el Caribe y el golfo de México. Juntos forman el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, una estructura tan grande que solo puede seguirse por completo desde satélites.

En junio de 2026, esa masa alcanzó los 33,6 millones de toneladas métricas. La estimación, elaborada por el Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida a partir de observaciones satelitales, convierte a 2026 en el segundo mayor año de la serie, apenas un 10% por debajo del récord de 2025.

La cifra global, sin embargo, esconde la parte más preocupante. El informe de junio de la USF registró máximos históricos en el Caribe y el golfo de México: nueve millones de toneladas en el Caribe oriental, 3,6 millones en el occidental y cinco millones en el golfo, casi el doble de su anterior récord mensual.

El mismo bosque flotante puede convertirse en una trampa mortal

La NASA ha medido una masa de algas de 33,6 millones de toneladas cruzando el Atlántico. En mar abierto sostiene la vida; cuando llega al Caribe, la asfixia y libera gases tóxicos
© Mona GeoInformatics Institute.

El sargazo no es una plaga por naturaleza. Mientras permanece disperso en mar abierto funciona como un bosque flotante: alimenta y protege a peces juveniles, tortugas, cangrejos, camarones, aves e invertebrados. La NOAA lo considera un hábitat esencial para numerosas especies del Atlántico.

El problema comienza cuando millones de toneladas llegan juntas a aguas poco profundas. Los mantos bloquean la luz que necesitan los corales y los pastos marinos. Al morir, las algas son descompuestas por bacterias que consumen el oxígeno del agua hasta crear zonas hipóxicas o directamente anóxicas, capaces de asfixiar peces y organismos del fondo.

En tierra, la transformación resulta todavía más desagradable. Después de unas 48 horas, las acumulaciones pueden liberar sulfuro de hidrógeno y amoníaco. El primero es un gas tóxico y corrosivo reconocible por su olor a huevo podrido. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos recuerda que, durante 2018, Martinica y Guadalupe registraron 11.402 casos de exposición aguda relacionados con estos gases.

Así se pesan 33 millones de toneladas desde el espacio

La NASA ha medido una masa de algas de 33,6 millones de toneladas cruzando el Atlántico. En mar abierto sostiene la vida; cuando llega al Caribe, la asfixia y libera gases tóxicos
© WDP / Bethany Augliere.

El mapa publicado por el Observatorio de la Tierra de la NASA fue construido con datos del instrumento OCI del satélite PACE. El sensor identifica el sargazo porque su estructura vegetal y su clorofila reflejan más radiación infrarroja cercana que el agua circundante.

Los algoritmos calculan qué fracción de cada píxel está cubierta por algas y convierten esa superficie en una estimación de biomasa húmeda. OCI utiliza más de 200 bandas espectrales, suficientes para distinguir el sargazo de otros organismos flotantes que podían confundir a instrumentos anteriores.

Esto permite crear mapas casi diarios, pero no saber con precisión qué playa amanecerá cubierta. La llegada final depende de vientos, corrientes y de la forma de cada costa. De hecho, la biomasa descendió a 25,5 millones de toneladas en julio, aunque los arribazones continuaron en el Caribe, las Antillas y Florida.

Convertir el problema en negocio no será suficiente

La NASA ha medido una masa de algas de 33,6 millones de toneladas cruzando el Atlántico. En mar abierto sostiene la vida; cuando llega al Caribe, la asfixia y libera gases tóxicos
© Helene VALENZUELA.

Una investigación publicada en Nature Geoscience señala que las grandes floraciones se alimentan, en parte, del fósforo transportado desde aguas profundas y de bacterias capaces de fijar nitrógeno. No existe, por tanto, una única tubería de contaminación que pueda cerrarse para detenerlas.

El sargazo puede transformarse en biocombustible, fertilizante, materiales de construcción o productos cosméticos. Pero llega mezclado con arena, plástico y organismos muertos, acumula sales y puede contener concentraciones problemáticas de arsénico. Recogerlo antes de que toque tierra reduce daños y conserva mejor la materia prima, aunque también corre el riesgo de retirar peces y tortugas que viven entre las algas.

Y ahí está la verdadera escala del problema: ninguna planta industrial puede procesar fácilmente 33,6 millones de toneladas repartidas por un océano. El sargazo no es basura que invade el Caribe ni un recurso milagroso esperando ser explotado. Es un ecosistema flotante que ha crecido hasta superar la capacidad de las costas para recibirlo.

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