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Ciencia

La sonda BepiColombo ha tardado ocho años y nueve sobrevuelos en alcanzar Mercurio. Ahora llega la parte más peligrosa: desmontarse en pleno vuelo mientras soporta un infierno de 450 °C

El 3 de septiembre comenzará una secuencia de separaciones y 16 encendidos que se prolongará hasta marzo de 2027. Un solo error podría comprometer la misión más compleja enviada al planeta más cercano al Sol.
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Mercurio es uno de nuestros vecinos planetarios, pero alcanzarlo resulta tan complicado que algunas estimaciones consideran que requiere más energía que viajar hasta Plutón. La culpa la tiene el Sol: cualquier nave que se dirija hacia el interior del Sistema Solar comienza a caer dentro de su enorme pozo gravitatorio y acelera mucho más de lo conveniente.

Eso obliga a frenar durante años para evitar llegar tan rápido que la pequeña gravedad de Mercurio no pueda capturar la nave. BepiColombo despegó el 20 de octubre de 2018 y desde entonces ha sobrevolado una vez la Tierra, dos veces Venus y seis veces Mercurio. Ahora, después de ocho años de viaje, comienza una llegada que no sucederá en un único día.

El 3 de septiembre expulsará para siempre el módulo que la ha impulsado durante todo el trayecto. Será el primer movimiento irreversible de una cadena de operaciones que no terminará hasta marzo de 2027.

Para llegar a Mercurio primero tuvo que aprender a frenar

La sonda BepiColombo ha tardado ocho años y nueve sobrevuelos en alcanzar Mercurio. Ahora llega la parte más peligrosa: desmontarse en pleno vuelo mientras soporta un infierno de 450 °C
© ESA/ATG medialab.

La paradoja de BepiColombo es que sus nueve sobrevuelos no se utilizaron principalmente para ganar velocidad, sino para perderla. Cada encuentro gravitatorio modificó su trayectoria y redujo progresivamente la diferencia entre su velocidad y la de Mercurio.

La ESA explica que, sin desprenderse de suficiente energía orbital, la nave pasaría junto al planeta sin posibilidad de quedarse atrapada. Durante el viaje también utilizó cuatro motores iónicos alimentados con xenón, reconocibles por el tenue resplandor azul de su propulsión eléctrica.

Esos motores se apagaron definitivamente el 15 de junio de 2026. Su trabajo había terminado y el Módulo de Transferencia de Mercurio, conocido como MTM, quedó convertido en un enorme peso muerto.

El trayecto estuvo cerca de complicarse en 2024, cuando un problema eléctrico impidió que los propulsores funcionaran a plena potencia. La llegada, originalmente prevista para diciembre de 2025, tuvo que retrasarse casi un año. Los ingenieros diseñaron una trayectoria alternativa que aprovechó aún más los últimos sobrevuelos y permitió conservar intactos los objetivos científicos.

No habrá un aterrizaje ni una única “llegada”

La sonda BepiColombo ha tardado ocho años y nueve sobrevuelos en alcanzar Mercurio. Ahora llega la parte más peligrosa: desmontarse en pleno vuelo mientras soporta un infierno de 450 °C
© ESA/QiniteQ.

El 3 de septiembre, la nave se dividirá por primera vez. El MTM se separará del conjunto formado por el orbitador europeo MPO, el japonés Mio y el escudo térmico MOSIF. A partir de ese momento, los motores químicos del MPO tendrán que encargarse de todas las maniobras.

La inserción orbital comenzará el 21 de noviembre, pero tampoco consistirá en un único encendido espectacular. Según el calendario operativo de la ESA, serán necesarias 16 maniobras de propulsión repartidas durante cuatro meses.

El 9 de diciembre, MPO liberará a Mio para que ocupe su órbita polar elíptica. Una semana después expulsará el parasol MOSIF, que durante el viaje ha protegido al orbitador japonés mientras permanecía encerrado y sin poder girar. MPO continuará descendiendo hasta alcanzar su propia órbita científica en marzo de 2027. Los dos vehículos comenzarán las observaciones regulares en abril.

Dos sondas contra el planeta más extremo

Mercurio puede superar los 450 °C durante el día y recibe una intensidad solar hasta diez veces mayor que la Tierra. BepiColombo deberá soportar simultáneamente la radiación directa del Sol y el calor infrarrojo emitido por la superficie. Para conseguirlo, el orbitador europeo está recubierto con aislamiento multicapa de cerámica y titanio, mientras uno de sus laterales actúa como radiador orientado hacia el espacio.

MPO estudiará la composición, la geología, el enorme núcleo metálico y la delgada exosfera del planeta. Mio investigará su campo magnético y la violenta interacción con el viento solar. Juntos intentarán explicar cómo un planeta tan pequeño conserva una magnetosfera y por qué existen depósitos de hielo en cráteres que nunca reciben luz.

La misión incluso realizará mediciones extremadamente precisas de su posición y su órbita para poner nuevamente a prueba la relatividad general de Einstein. BepiColombo ha pasado ocho años intentando no caer demasiado rápido hacia el Sol. Ahora debe desprenderse pieza por pieza, convertirse en dos sondas independientes y sobrevivir junto a un planeta capaz de fundir algunos metales. Llegar hasta allí solo era la primera mitad del desafío.

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