Recordar parece sencillo hasta que el cerebro se enfrenta a un pequeño problema: el mundo nunca vuelve a presentarse exactamente igual.
Entramos en una habitación conocida y una silla ha cambiado de lugar. Seguimos reconociendo el espacio, pero también somos capaces de detectar que algo es diferente. Para conseguir ambas cosas al mismo tiempo, el cerebro necesita encontrar un equilibrio bastante delicado: actualizar los recuerdos cuando aparece información relevante sin convertir cada mínimo cambio en una experiencia completamente nueva.
Un equipo del Instituto de Neurociencias CSIC-UMH ha identificado en ratones uno de los mecanismos que podrían ayudar a resolver ese dilema. El trabajo, publicado en PLOS Biology, apunta a la actividad inhibitoria de determinadas neuronas del giro dentado, una región del hipocampo implicada en la formación de recuerdos. Y lo interesante es que cambiar esa inhibición modifica directamente el tipo de memoria que termina imponiéndose.
Menos freno permite detectar hasta los cambios más pequeños

Los investigadores trabajaron con interneuronas que expresan parvalbúmina (PV+), unas células que actúan como una especie de freno sobre otras neuronas del giro dentado.
Para estudiar qué efecto tenía ese freno, manipularon farmacogenéticamente su actividad mientras los ratones aprendían la posición de distintos objetos. Después cambiaron ligeramente esos objetos de sitio y observaron si los animales eran capaces de detectar la diferencia.
Cuando redujeron la inhibición durante la formación del recuerdo, los ratones distinguieron mejor cambios muy pequeños. El circuito se había vuelto más sensible: pequeñas diferencias en una experiencia producían representaciones neuronales más diferenciadas. Eso puede ser útil cuando necesitamos recordar con precisión dónde ocurrió algo o distinguir dos situaciones casi idénticas. Pero había un problema.
Recordarlo todo con demasiada precisión también puede jugar en contra

El equipo acompañó los experimentos con un modelo computacional para estudiar qué sucedía cuando aumentaba la cantidad de recuerdos que el sistema tenía que gestionar. Ahí apareció la otra cara del mecanismo. Con poca inhibición, la sensibilidad aumenta, pero también lo hace la vulnerabilidad frente a las interferencias. A medida que el número de recuerdos crecía, aquellas representaciones tan detalladas comenzaban a estorbarse unas a otras.
Una inhibición más elevada producía justamente el efecto contrario: los recuerdos se volvían más consistentes y resistentes a cambios, aunque perdían sensibilidad ante pequeñas diferencias. No había, por tanto, una configuración perfecta.
El propio modelo mostró que el punto óptimo cambia según la cantidad de información que haya que manejar. Con una carga baja de memoria puede resultar ventajoso ser especialmente sensible. Cuando hay muchas experiencias compitiendo, conservar representaciones más estables empieza a ser más importante.
En otras palabras, el cerebro parece moverse sobre un continuo entre dos extremos: flexibilidad y estabilidad.
El equilibrio se decide mientras el recuerdo está naciendo
Otro resultado ayuda a situar exactamente cuándo ocurre este fenómeno. Las manipulaciones produjeron cambios relevantes cuando se aplicaron durante la codificación, el momento inicial en el que una experiencia empieza a convertirse en recuerdo. Los resultados apuntan, por tanto, a que la inhibición ayuda a configurar desde el comienzo qué tan sensible o resistente será esa representación.
Eso no significa que el cerebro tenga un simple interruptor capaz de elegir entre “recordar” y “olvidar”. El propio estudio reconoce además una limitación importante: las manipulaciones no permiten excluir completamente cierta participación de regiones cercanas como CA3, por lo que el mecanismo debe entenderse dentro del circuito hipocampal y no como una función absolutamente aislada del giro dentado. Y, sobre todo, los experimentos fueron realizados en ratones, por lo que no pueden trasladarse automáticamente al funcionamiento de la memoria humana.
Aun así, el estudio pone mecanismo neuronal a algo que hacemos continuamente sin darnos cuenta: reconocer que seguimos viviendo la misma historia aunque algunas piezas cambien. Porque una memoria útil necesita justamente esas dos cosas. Debe ser suficientemente flexible como para aprender algo nuevo, pero también suficientemente obstinada como para no reescribirse cada vez que el mundo mueve una silla.