Durante décadas, la Antártida fue considerada un desierto helado sin mayor misterio que su inmensidad blanca. Sin embargo, un equipo internacional de investigadores ha descubierto que bajo dos kilómetros de hielo permanece sepultado un paisaje intacto que no había visto la luz en más de 34 millones de años.
Se trata de una red de valles, crestas y antiguas cuencas fluviales esculpidas por ríos cuando el continente austral aún estaba cubierto de bosques. Para los científicos, este hallazgo equivale a abrir una cápsula del tiempo que muestra cómo era la región antes de que se formara la gigantesca capa de hielo.
El “mundo perdido” bajo la Antártida Oriental

El hallazgo fue posible gracias al satélite canadiense RADARSAT, que detectó irregularidades sutiles en la superficie del hielo y permitió reconstruir la topografía subyacente. El área mapeada alcanza unos 32.000 km² —un tamaño similar al de Gales— y reveló tres bloques elevados, conocidos como Highland A, atravesados por valles ramificados y fiordos que descienden hasta 1.480 metros bajo el nivel del mar.
Los patrones del terreno demuestran que este paisaje nació de ríos caudalosos antes de la glaciación, y más tarde fue modificado por glaciares locales, pero sin llegar a borrar sus rasgos originales.
De Gondwana al hielo eterno

Hace decenas de millones de años, la Antártida no era un desierto congelado, sino parte del supercontinente Gondwana, compartiendo territorio con Sudamérica, África, India y Australia. En aquel tiempo, disfrutaba de un clima templado, con vegetación abundante y una biodiversidad hoy enterrada bajo el hielo.
Todo cambió durante la transición del Eoceno al Oligoceno, cuando la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera cayó drásticamente. Ese enfriamiento global dio origen a la Capa de Hielo de la Antártida Oriental, que desde entonces actúa como un sello natural que preservó este paisaje en un estado casi intacto.
“Lo que encontramos es una superficie fluvial fósil, conservada como si el tiempo se hubiese detenido”, señaló el glaciólogo Stewart Jamieson, líder del estudio publicado en Nature Communications.
Lo que este hallazgo revela sobre el cambio climático
Más allá de la curiosidad científica, este descubrimiento aporta claves para entender cómo reaccionan las capas de hielo ante un planeta en transformación. La estabilidad de este paisaje durante millones de años muestra que la Antártida ha resistido fluctuaciones climáticas extremas, pero también advierte de los riesgos actuales: los niveles de CO₂ y temperatura global se acercan a los que prevalecieron antes de la gran glaciación.
Eso significa que, si el calentamiento global continúa, los mecanismos que mantuvieron oculto este mundo perdido podrían desestabilizarse, con consecuencias directas sobre el nivel del mar y el clima mundial.
[Fuente: Infobae]