Solemos pensar en los dinosaurios como los gigantes por excelencia, pero el animal más grande que existió jamás no vivió hace millones de años: nada hoy en nuestros océanos. Y no está solo. En los mares, las sabanas y los ríos del planeta sobreviven criaturas de tamaños descomunales, cada una adaptada a su manera para sostener un cuerpo enorme.
Este es un recorrido por algunos de los mayores animales del presente: dónde viven, de qué se alimentan y qué amenazas enfrentan. Y, al final, la respuesta a una pregunta que intriga a los biólogos: por qué no son todavía más grandes.
Los gigantes del océano
El agua es el mejor aliado del gigantismo. Al flotar, los animales marinos no tienen que soportar todo su peso sobre las patas, lo que permite cuerpos mucho más grandes que en tierra firme.
Ballena azul, el animal más grande de la historia

La ballena azul mide en promedio unos 24 metros y pesa alrededor de 110 toneladas, aunque se registraron ejemplares de más de 33 metros. El más pesado que pudo medirse, de 27,6 metros, alcanzó unas 190 toneladas, el peso aproximado de más de 30 elefantes africanos.
Vive en todos los océanos del mundo y realiza largas migraciones entre las aguas frías donde se alimenta y las zonas más templadas donde se reproduce. Lo paradójico es su dieta: se alimenta casi exclusivamente de krill, crustáceos de apenas unos centímetros. Abre la boca, traga enormes cantidades de agua y la expulsa a través de sus barbas, unas láminas que funcionan como un colador. En temporada de alimentación puede comer varias toneladas de krill al día.
La caza comercial del siglo XX la llevó al borde de la extinción. Hoy está protegida, pero sigue catalogada como especie en peligro.
Cachalote, el mayor cazador con dientes

Los machos de cachalote promedian unos 13 metros y pueden llegar a 80 toneladas, lo que lo convierte en el mayor depredador con dientes del planeta. Tiene además el cerebro más grande de cualquier animal conocido.
Habita aguas profundas de todos los océanos y es un buceador extraordinario: desciende a cientos y hasta más de mil metros de profundidad para cazar calamares, incluidos calamares gigantes, que localiza mediante ecolocalización, una especie de sonar biológico.
Tiburón ballena, el pez más grande

El tiburón ballena es el pez más grande del mundo: el ejemplar más largo registrado medía 18,8 metros. Vive en mares tropicales y templados de todo el planeta, y suele acercarse a las costas donde abunda el alimento, lo que lo convirtió en una atracción turística en lugares como México, Filipinas o Australia.
Pese a su tamaño, es inofensivo para los humanos. Igual que la ballena azul, es un filtrador: nada con la boca abierta y retiene plancton, huevos de peces y pequeños peces. Está catalogado como especie en peligro, amenazado por la pesca y los choques con embarcaciones.
Calamar colosal, el gigante de las profundidades
El calamar colosal es el invertebrado más pesado conocido. El mayor ejemplar capturado pesaba 495 kilos, y se estima que algunos podrían superar los 700. Tiene los ojos más grandes del reino animal, del tamaño de un plato, adaptados para detectar luz en la oscuridad de las profundidades.
Vive en las aguas heladas del océano Austral, alrededor de la Antártida, a cientos o miles de metros de profundidad, por lo que casi nunca se lo ha visto vivo. Se alimenta de peces y otros calamares, y a su vez es una de las presas favoritas del cachalote.
Los gigantes de tierra firme
En tierra, el tamaño tiene un límite más estricto: cada kilo de más debe sostenerse sobre las patas y moverse contra la gravedad. Aun así, algunos animales alcanzaron dimensiones impresionantes.
Elefante africano de sabana, el peso pesado terrestre

Es el animal terrestre más grande. Los machos pesan en promedio unas 6 toneladas, y el ejemplar más grande registrado se estima que superó las 10 toneladas, con casi 4 metros de altura hasta el hombro.
Vive en las sabanas, bosques y zonas semiáridas del África subsahariana. Es herbívoro y pasa gran parte del día comiendo pastos, hojas, cortezas y frutos: un adulto puede consumir más de 100 kilos de vegetación por día. La caza furtiva por el marfil y la pérdida de hábitat lo convirtieron en una especie en peligro.
Jirafa, el animal más alto

Los machos adultos de jirafa pueden superar los 5 metros de altura, lo que la convierte en el animal más alto del mundo. Curiosamente, su largo cuello tiene solo siete vértebras, las mismas que el de un ser humano, aunque cada una es mucho más larga.
Habita las sabanas y bosques abiertos de África. Su altura le permite alimentarse de las hojas de las copas de los árboles, especialmente acacias, que arranca con una lengua larga y flexible. Sus poblaciones disminuyeron en las últimas décadas, y la especie está catalogada como vulnerable.
Cocodrilo de agua salada, el reptil más grande

Es el mayor reptil vivo. El ejemplar más grande confirmado medía 6,32 metros y pesaba unos 1.360 kilos. Vive en costas, estuarios y ríos del sudeste asiático, India y el norte de Australia, y es capaz de recorrer largas distancias por el mar.
Es un depredador oportunista que se alimenta de peces, aves y mamíferos, incluidos animales tan grandes como búfalos. Caza al acecho, oculto bajo el agua, y es uno de los pocos animales que pueden representar un peligro real para los humanos.
¿Por qué la ballena azul no es más grande?
Si el océano permite sostener cuerpos enormes, ¿qué impide que las ballenas sean todavía más grandes? Un estudio publicado en la revista Science en 2019, liderado por Jeremy Goldbogen, de la Universidad de Stanford, buscó la respuesta colocando sensores en cientos de ballenas, delfines y marsopas y analizando más de 10.000 eventos de alimentación desde Groenlandia hasta la Antártida.
La conclusión fue que el límite lo pone la comida. Las ballenas filtradoras, como la azul, son extremadamente eficientes y casi siempre obtienen mucha más energía de la que gastan. Pero el krill abunda solo unos pocos meses al año en las regiones frías, y eso marca un techo a su crecimiento.
Los cetáceos con dientes lo tienen todavía más difícil. Cazan sus presas de una en una, y algunos de los más grandes ni siquiera recuperan en cada inmersión la energía que gastaron para bajar. «Ser un cachalote hoy es realmente llevar al extremo un límite biológico», resumió Nicholas Pyenson, del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian.
Ese equilibrio tan ajustado vuelve a los gigantes especialmente vulnerables. El cambio climático, la pesca excesiva y la pérdida de hábitat pueden golpear con más fuerza a quienes viven al límite de lo posible. Proteger a estos animales es, en definitiva, proteger el último capítulo de la era de los gigantes.