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Ciencia

Boeing tenía un problema con el Wi-Fi de sus aviones y necesitaba cientos de pasajeros para resolverlo. Encontró una solución mucho mejor en nueve toneladas de papas

Los ingenieros descubrieron que las papas podían imitar la interacción del cuerpo humano con las señales inalámbricas. Así nació uno de los experimentos más extraños de la historia de Boeing.
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Imaginemos entrar en un avión comercial y encontrar una escena completamente absurda: no hay pasajeros, ni tripulación preparándose para despegar, ni maletas en los compartimentos superiores. En su lugar, los asientos están ocupados por enormes bolsas de papas. Y no son unas pocas. Hay más de nueve toneladas distribuidas por toda la cabina.

Aunque parece una broma, esto ocurrió realmente en 2012, cuando Boeing buscaba una manera de mejorar la conectividad inalámbrica de sus aviones. Sus ingenieros tenían que resolver un problema que afectaba al funcionamiento del Wi-Fi, pero realizar las pruebas con personas resultaba complicado, lento y costoso.

La solución llegó desde un lugar inesperado: la agricultura. Boeing descubrió que las papas podían comportarse de manera suficientemente parecida al cuerpo humano frente a determinadas señales electromagnéticas. Así nació un experimento que permitió transformar un proceso de medición de más de dos semanas en otro de apenas diez horas.

El verdadero problema del Wi-Fi en los aviones eran los propios pasajeros

Cuando utilizamos internet durante un vuelo, normalmente pensamos que la calidad de la conexión depende de los equipos instalados en la aeronave o de la comunicación con los satélites. Pero existe otro factor menos evidente: las personas que viajan dentro del avión.

Nuestros cuerpos contienen grandes cantidades de agua, un material que interactúa con las ondas electromagnéticas. Esto significa que podemos absorber parte de las señales inalámbricas y modificar su propagación. Dentro de una cabina metálica, el problema se vuelve especialmente complejo. Las señales pueden reflejarse en distintas superficies, mientras los pasajeros cambian de posición o los carritos de servicio recorren los pasillos.

Boeing tenía un problema con el Wi-Fi de sus aviones y necesitaba cientos de pasajeros para resolverlo. Encontró una solución mucho mejor en nueve toneladas de papas
En 2012, Boeing utilizó aproximadamente nueve toneladas de papas distribuidas en los asientos de un avión para estudiar el comportamiento de las señales inalámbricas. © Gizmodo / ChatGPT.

El resultado son zonas con cobertura fuerte y otras donde la señal resulta considerablemente más débil. Según explicó el ingeniero Dennis Lewis en declaraciones recogidas por WIRED, incluso pequeños movimientos dentro de la cabina podían alterar la distribución de las señales.

Para comprender el fenómeno, los ingenieros necesitaban reproducir las condiciones de un avión lleno. Pero pedir a decenas de personas que permanecieran sentadas durante días no parecía una solución demasiado práctica.

Por qué nueve toneladas de papas podían sustituir a los pasajeros de Boeing

La respuesta estaba en las propiedades físicas de este alimento. Las papas contienen aproximadamente un 80% de agua y poseen características dieléctricas que, a determinadas frecuencias, permiten reproducir parte de la interacción del cuerpo humano con las ondas de radio. No significa que una papa sea eléctricamente idéntica a una persona. La semejanza era suficiente para simular ciertas condiciones relevantes para las mediciones.

Los investigadores bautizaron el procedimiento como SPUDS, siglas de Synthetic Personnel Using Dielectric Substitution. El nombre también es un juego de palabras, porque spud es una expresión coloquial inglesa para referirse a las papas.

El experimento consistió en llenar un avión retirado del servicio con sacos que contenían unas 20.000 libras del alimento, equivalentes a 9.072 kilogramos. Con los asientos ocupados por estos improvisados pasajeros, los técnicos podían medir la propagación de las señales sin preocuparse por movimientos inesperados, descansos o cambios en las condiciones del experimento.

Posteriormente, compararon los resultados con mediciones realizadas utilizando personas reales. La idea resultó lo suficientemente precisa como para validar la metodología y mejorar la repetibilidad de las pruebas.

De más de dos semanas de pruebas a solo diez horas

Lo verdaderamente importante del experimento no fueron las papas, sino el sistema de medición que Boeing estaba desarrollando. Los ingenieros combinaron instrumentos especializados con herramientas estadísticas para identificar cómo se propagaban las ondas electromagnéticas y localizar regiones donde la señal resultaba demasiado débil o intensa. Además de mejorar la cobertura para los pasajeros, debían comprobar que las conexiones inalámbricas no produjeran interferencias perjudiciales en los sistemas electrónicos esenciales del avión.

Los resultados fueron sorprendentes. Según confirmó Boeing en su anuncio oficial de diciembre de 2012, el nuevo procedimiento permitió completar en aproximadamente diez horas evaluaciones que antes necesitaban más de catorce días. Conviene aclarar que esa reducción correspondió al conjunto de la metodología de medición y análisis, no exclusivamente al uso de papas.

La compañía también consiguió evaluar con mayor precisión la distribución de las señales y realizar ajustes para mejorar la conectividad dentro de la cabina. El experimento demostró algo que trasciende la industria aeronáutica: las soluciones tecnológicas más ingeniosas no siempre requieren materiales sofisticados.

En ocasiones, basta con comprender las propiedades de un objeto cotidiano y encontrar una aplicación que nadie había imaginado. Porque mientras los ingenieros buscaban perfeccionar los sistemas inalámbricos de algunas de las máquinas más complejas del mundo, una parte de la respuesta estaba en algo tan sencillo como nueve toneladas de papas.

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