Cataluña está preparando el regreso de un mamífero marino que desapareció de sus costas hace más de cinco décadas. Se trata de la foca monje del Mediterráneo (Monachus monachus), una de las especies más escasas de su tipo, cuya recuperación representa un importante desafío para la conservación de la biodiversidad.
Sin embargo, el proyecto impulsado por la Generalitat ha despertado una fuerte oposición entre pescadores y autoridades municipales. La preocupación principal está relacionada con la alimentación de estos animales, que, según los gobiernos locales, podrían consumir hasta 30 kilogramos de pescado diarios.
El regreso de una especie desaparecida hace décadas
La foca monje habitó históricamente diferentes sectores del litoral mediterráneo, incluyendo la Costa Brava. No obstante, la persecución humana, las capturas accidentales y la transformación de sus hábitats provocaron una disminución progresiva de sus poblaciones.
Uno de los últimos avistamientos registrados en Cataluña ocurrió en 1973, cerca del cabo de Creus. Ahora, las autoridades ambientales estudian recuperar su presencia mediante el traslado de ejemplares procedentes de poblaciones del Atlántico africano.
La iniciativa contempla comenzar las actuaciones a partir de 2027, aunque todavía no existe una fecha confirmada para liberar animales.

El consumo de pescado genera preocupación
Uno de los principales obstáculos aparece en El Port de la Selva, donde el Ayuntamiento y la Cofradía de Pescadores manifestaron su rechazo al proyecto.
Según las autoridades municipales, una foca monje adulta podría consumir hasta 30 kilos de pescado en un día, una cantidad que comparan con las capturas semanales de determinadas embarcaciones artesanales.
Es importante aclarar que esta cifra corresponde a una estimación utilizada por los sectores que cuestionan la iniciativa y no representa un consumo diario promedio científicamente establecido.
Los pescadores consideran que introducir nuevamente estos depredadores podría incrementar la competencia por los recursos marinos y perjudicar una actividad fundamental para la economía regional.

Las restricciones también afectarían al turismo
El municipio de Cadaqués también expresó su desacuerdo, especialmente ante la posibilidad de construir un recinto experimental en Cala Jugadora, dentro del Parque Natural del Cap de Creus.
La propuesta podría implicar restricciones de navegación, fondeo y acceso a determinadas calas. Estas medidas generan inquietud entre los operadores turísticos, los centros de buceo y los propietarios de embarcaciones.
Las autoridades locales reclaman mayor participación en las decisiones y garantías de que las actividades tradicionales no resultarán perjudicadas.

Una especie que todavía necesita protección
La foca monje del Mediterráneo continúa siendo uno de los mamíferos marinos más amenazados. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, actualmente sobreviven aproximadamente entre 800 y 1.000 ejemplares.
Aunque su población mostró señales de recuperación y en 2023 su clasificación pasó de “En peligro” a “Vulnerable”, enfrenta amenazas como la degradación de su hábitat y los conflictos con la pesca. Ante la oposición de los municipios, los responsables del proyecto comenzaron a considerar otros emplazamientos próximos a Portbou.
Por ahora, la reintroducción continúa en una etapa preliminar. Su desarrollo dependerá no solamente de las condiciones ecológicas, sino también de alcanzar acuerdos con las comunidades costeras.
El desafío será recuperar una especie desaparecida sin comprometer las actividades económicas de quienes actualmente habitan el territorio.