Desde mucho antes de la histórica llegada del Apolo 11 a la Luna, los astronautas ya estaban entrenando ante las condiciones de la vida en nuestro satélite natural, basándonse en todo lo que conocíamos sobre este. ¿Y cuál era la mejor forma para simular las caminatas lunares? Caminar sobre las paredes.

En el año 1964 la NASA estrenó su centro de entrenamiento de caminatas lunares en el centro de investigación Langsley. Simular la gravedad de la Luna no era tarea fácil, por lo que se les ocurrió que la única forma de permitir a los astronautas saltar libremente y librarlos de más del 83% de su peso era... hacerlos caminar por las paredes.

La gravedad de la luna es de apenas 1.62 m/s², mientras que la de la Tierra es de 9.78 m/s², por lo que en la Luna solamente “sentimos” una sexta parte de nuestro peso sobre su superficie. Colgando a los astronautas sobre una “pared” ubicada en una posición específica y con cierto ángulo de inclinación, la NASA lograba simular esta condición, y así preparar a los astronautas para su viaje, hasta que por fin en el año 1969 Neil Armstrong y Buzz Aldrin nos contaron cómo era cambiar sobre la Luna, dado que lo vivieron en carne propia.

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[vía NASA]

Imágenes: NASA.

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