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Ciencia

Los científicos castraron ratones adultos y descubrieron algo inesperado: vivieron un 33% más y ahora sospechan que los testículos tienen un papel oculto en el envejecimiento

Un experimento reveló que los ratones castrados en la edad adulta vivieron casi un 33% más. El resultado sorprendió a los investigadores y plantea nuevas preguntas sobre el papel de los testículos en el envejecimiento masculino.
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¿Por qué las mujeres suelen vivir más que los hombres? La ciencia lleva décadas intentando responder esta pregunta, pero un experimento acaba de aportar una pista tan inesperada como controvertida. Investigadores estadounidenses comprobaron que los ratones machos castrados durante la edad adulta vivieron aproximadamente un 33% más que aquellos que conservaron sus testículos. Lo sorprendente no fue únicamente el aumento de la longevidad, sino el momento en que ocurrió: los animales intervenidos más tarde obtuvieron mejores resultados que los castrados cuando eran jóvenes.

El descubrimiento, presentado en una investigación publicada en bioRxiv, cuestiona algunas ideas sobre la relación entre reproducción y envejecimiento. Aunque todavía no ha superado la revisión por pares y sus resultados no pueden extrapolarse a los seres humanos, los científicos creen que podría ayudar a identificar mecanismos biológicos capaces de prolongar la vida sin necesidad de recurrir a una intervención quirúrgica.

Los ratones castrados de adultos vivieron más que los intervenidos de jóvenes: los resultados sorprendieron incluso a sus investigadores

Los científicos castraron ratones adultos y descubrieron algo inesperado: vivieron un 33 % más y ahora sospechan que los testículos tienen un papel oculto en el envejecimiento
Los ratones son utilizados en investigaciones sobre envejecimiento para estudiar los factores genéticos, hormonales y fisiológicos que pueden modificar la esperanza de vida. © The Jackson Laboratory Japan.

El estudio fue desarrollado por un equipo encabezado por Laurence Maeyens y James Nelson, del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas en San Antonio. Los investigadores utilizaron ratones machos de una población genéticamente diversa, conocida como UM-HET3, en la que las hembras normalmente sobreviven más tiempo que los machos.

Para comprobar cuándo comienzan los efectos de los testículos sobre la longevidad, dividieron a los animales en tres grupos y realizaron la intervención a diferentes edades: antes de la pubertad, poco después y durante la edad adulta. Posteriormente, compararon su supervivencia con la de ratones sometidos a operaciones simuladas.

Los resultados del trabajo experimental original mostraron que todos los grupos castrados experimentaron un aumento de la mediana de supervivencia, aunque las diferencias fueron importantes.

La mayor sorpresa apareció en los animales operados a los 240 días, una etapa adulta de su desarrollo. Ninguno murió durante más de un año después del procedimiento, según la cobertura publicada por la revista Science.

El hallazgo sugiere que algunos factores producidos por los testículos podrían resultar beneficiosos durante las primeras etapas de la vida, pero perjudiciales posteriormente. Es una hipótesis que todavía necesita comprobarse mediante nuevos experimentos.

El descubrimiento abre una nueva vía contra el envejecimiento, pero los científicos todavía no saben qué provoca el efecto

Los científicos castraron ratones adultos y descubrieron algo inesperado: vivieron un 33 % más y ahora sospechan que los testículos tienen un papel oculto en el envejecimiento
Una investigadora manipula un ratón en una instalación científica. Los experimentos de longevidad permiten comparar cómo determinadas intervenciones afectan la supervivencia de los animales. © Facultad de Medicina de la Universidad de Oporto.

La relación entre castración y longevidad no es completamente nueva. Una investigación publicada en Nature en diciembre de 2025 analizó datos de distintas especies de vertebrados y encontró asociaciones entre determinadas intervenciones reproductivas y una mayor supervivencia.

Sin embargo, ese trabajo identificó beneficios especialmente importantes cuando la castración se realizaba antes de la pubertad. El nuevo experimento introduce una contradicción interesante: al menos en esta población de ratones, intervenir durante la edad adulta produjo resultados superiores.

Los investigadores tampoco encontraron una mejora general equivalente en el estado físico de los animales. Aunque vivieron más, continuaron perdiendo fuerza muscular y desarrollando otros signos del envejecimiento. Es decir, sobrevivir más tiempo no significó necesariamente conservar durante más años un organismo saludable.

Una posible explicación involucra las hormonas sexuales, especialmente la testosterona, cuya producción depende principalmente de los testículos. Pero atribuirle directamente el resultado sería prematuro. Estos órganos también liberan otras sustancias capaces de influir sobre distintos sistemas del cuerpo.

De acuerdo con la investigación previa publicada en Aging Cell, la eliminación temprana de los testículos ya había permitido que ciertos ratones machos alcanzaran una longevidad semejante a la de las hembras. La nueva investigación sugiere que el momento de exposición a determinados factores testiculares podría ser tan importante como su presencia.

El siguiente objetivo será identificar las sustancias responsables para estudiar tratamientos capaces de imitar sus posibles beneficios sin eliminar los órganos reproductivos. Por ahora, no existe evidencia suficiente para recomendar la castración como estrategia antienvejecimiento en personas. Sus consecuencias hormonales, sexuales, óseas y metabólicas pueden ser importantes, y los resultados proceden de un experimento en animales.

La gran pregunta ya no es solamente por qué los hombres viven menos que las mujeres, sino si algunos mecanismos biológicos relacionados con la reproducción cambian su efecto con la edad. Y comprenderlos podría abrir nuevas líneas de investigación sobre la longevidad.

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