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China apuesta 170.000 millones de dólares a una presa gigantesca en el Tíbet y sus vecinos miran con preocupación

Un proyecto hidroeléctrico de dimensiones extraordinarias promete transformar el suministro energético de China. Pero su ubicación abre preguntas que van mucho más allá de la ingeniería y cruzan las fronteras.
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En las montañas del Tíbet, un río concentra el potencial para impulsar una de las mayores transformaciones energéticas de China. Allí, donde el agua atraviesa un paisaje de fuertes desniveles, Pekín proyecta un complejo hidroeléctrico capaz de superar a sus propias construcciones más emblemáticas.

La inversión estimada alcanza los 170.000 millones de dólares. Sin embargo, el dinero es apenas una parte de lo que está en juego: la obra también reúne expectativas sobre el abastecimiento eléctrico, advertencias ambientales y preocupaciones de países que dependen del mismo río.

El desafío que China ha decidido asumir refleja la escala de sus ambiciones tecnológicas. Pero, detrás de las cifras que acompañan al anuncio, aparece una pregunta más difícil de resolver: qué consecuencias puede tener intervenir un entorno tan particular.

Un descenso de 2.000 metros explica la elección del lugar

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© Pixabay

El proyecto se ubica en el curso bajo del Yarlung Zangbo. En ese tramo, el río pierde unos 2.000 metros de altura en apenas 50 kilómetros, una característica que permite entender por qué esta región llamó la atención de los responsables del plan.

La energía hidroeléctrica aprovecha el movimiento del agua para generar electricidad. Por eso, un desnivel de semejante magnitud ofrece una oportunidad extraordinaria, aunque convertir ese potencial en una infraestructura operativa exige una intervención igualmente ambiciosa.

La propuesta contempla cinco centrales hidroeléctricas en cascada. Aunque suele describirse como una gran presa, se trata de un complejo pensado para aprovechar sucesivamente la fuerza del río.

La futura obra hidroeléctrica tendría una producción estimada de 300 teravatios hora anuales. Esa cifra corresponde a la electricidad que se espera generar durante un año, y ayuda a dimensionar el papel que podría ocupar dentro del suministro chino.

De concretarse esas previsiones, el complejo superaría la producción de la presa de las Tres Gargantas, uno de los grandes símbolos de la ingeniería del país. La entrada en funcionamiento se proyecta para la década de 2030, aunque ese horizonte debe entenderse como una previsión.

La promesa energética convive con advertencias sobre el entorno

Según la información difundida por Xinhua, el primer ministro Li Qiang presentó el proyecto como un avance para fortalecer la seguridad energética y el desarrollo de las renovables. Para Pekín, el atractivo resulta evidente: disponer de una fuente de generación de enorme escala para atender la demanda del país.

El anuncio se suma a las grandes iniciativas de infraestructura chinas, pero su ubicación introduce dificultades que no se resuelven únicamente con inversión.

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© Pixabay

Organizaciones ambientales advierten sobre las consecuencias de alterar un ecosistema frágil. Además, la elevada actividad sísmica de la región incorpora una preocupación adicional para una construcción de estas dimensiones.

El debate enfrenta dos cuestiones inseparables. Por un lado, la posibilidad de generar grandes cantidades de electricidad mediante el aprovechamiento del agua. Por otro, los efectos que una transformación de esa escala puede tener sobre el territorio donde se instala.

Esa combinación explica por qué el proyecto despierta entusiasmo y controversia alrededor de sus posibles consecuencias. La capacidad de construirlo es solo una parte de la discusión; también importa cómo se evalúan y gestionan sus impactos.

El río continúa más allá de China y la preocupación también

Las dudas trascienden el territorio chino. India y Bangladesh han manifestado preocupación porque millones de personas dependen de las aguas del río en su recorrido posterior.

Para los países situados aguas abajo, la pregunta central es cómo podría afectar el complejo al caudal y a la disponibilidad del recurso. Una infraestructura concebida para responder a necesidades nacionales puede generar inquietudes regionales cuando interviene un río compartido.

Las preocupaciones de los vecinos acompañan la expansión de los megaproyectos chinos. En este caso, el abastecimiento de agua añade una dimensión especialmente sensible al debate.

China sostiene que el diseño evitará alteraciones significativas del flujo y respetará el equilibrio natural de la zona. Esas garantías, sin embargo, conviven con las advertencias ambientales y las dudas de sus vecinos.

El resultado tendrá que medirse en algo más que electricidad producida. La gran apuesta del Tíbet también dependerá de su capacidad para compatibilizar las necesidades energéticas de China con la seguridad del entorno y de quienes viven río abajo.

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