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Ciencia

China multiplicó sus parques solares en la última década: un estudio en 2344 condados detectó un costo ambiental oculto en las aves

Durante diez años, un equipo de investigadores cruzó datos de política energética, clima, uso del suelo y observaciones de aves en más de 2300 condados chinos. La conclusión no fue la que muchos hubieran esperado del país que lidera la carrera solar mundial: cuanto más agresiva fue la política de expansión fotovoltaica en una región, más cayó ahí la diversidad de aves
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China quiere llegar a la neutralidad de carbono antes de 2060, y buena parte de esa apuesta pasa por el sol: se proyecta que la energía solar represente el 45% de su matriz energética para ese año. Es una de las transiciones energéticas más rápidas de la historia. Pero un estudio publicado esta semana, cuyo autor principal es Huiming Zhang, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de la Información de Nankín, encontró que ese avance tiene una cara menos visible: allí donde la política solar fue más estricta, las aves se vieron perjudicadas.

Diez años de datos en más de 2300 condados

China cubrió un desierto entero con paneles solares. Lo que descubrió debajo podría cambiar cómo entendemos la energía y los ecosistemas
© Unsplash – zhao chen.

Según reportó la agencia AFP, Zhang y su equipo analizaron cómo varió la política de expansión solar en 2344 condados chinos entre 2014 y 2023, y cruzaron esos datos con clima, condiciones socioeconómicas, cobertura del suelo y registros de observación de aves aportados por la ciencia ciudadana. La elección de dónde instalar los parques solares en China no es azarosa: responde en gran medida a los planes quinquenales del gobierno para impulsar el desarrollo económico de determinadas regiones, lo que permitió a los investigadores comparar zonas con distinto nivel de presión regulatoria a favor de la energía solar.

El resultado fue lo que los propios autores llamaron una compensación negativa: a mayor rigor de la política solar, menor diversidad de aves, aunque el efecto medido fue moderado. Tanto especies nativas como migratorias sufrieron caídas significativas. La excepción llamativa fueron las aves propias de hábitats montañosos, poco adecuados para instalar parques solares, que no mostraron cambios.

Un dilema verde entre reducir carbono y proteger la biodiversidad

Los autores describieron el hallazgo como un ejemplo de “dilema verde”: la tensión entre reducir emisiones de carbono y conservar la biodiversidad, dos objetivos que en teoría deberían reforzarse mutuamente pero que en la práctica pueden entrar en conflicto según dónde y cómo se construya la infraestructura renovable. Es un fenómeno que la literatura científica sobre energías renovables y conservación viene documentando también para parques eólicos, hidroeléctricas de pasada y otras infraestructuras de baja huella de carbono pero con impacto territorial concreto.

“El mensaje principal no es frenar la transición hacia las energías renovables, sino lograr que el desarrollo de la energía solar esté mejor informado desde el punto de vista ecológico”, dijo Zhang a la AFP. Es una distinción importante: el estudio no cuestiona la necesidad de descarbonizar, sino la forma en que se está haciendo.

Por qué un parque solar puede ahuyentar a las aves

Paneles Solares Y Aves
© ARKphoto – Shutterstock

El motivo detrás de esta caída no suele ser dramático ni único: rara vez se trata de un solo factor, sino de una combinación de cambios en el terreno. Instalar un parque solar de gran escala implica despejar y nivelar terreno, tender caminos internos, líneas de transmisión y en muchos casos cambiar por completo la cobertura vegetal de una parcela que antes podía ser cultivo, pastizal o humedal, hábitats que distintas especies de aves usan para anidar, alimentarse o descansar durante la migración.

A eso se suma el propio panel: una superficie extensa de vidrio y metal puede alterar la temperatura superficial y la humedad del suelo bajo y alrededor de la instalación, cambiar qué insectos y plantas prosperan ahí, y por lo tanto qué aves encuentran motivos para quedarse. Ninguno de estos mecanismos requiere que el panel en sí sea tóxico para un ave: alcanza con que el paisaje deje de ofrecer lo que antes ofrecía.

Qué proponen los investigadores

El equipo de Zhang no se limitó a describir el problema. Entre sus recomendaciones figura direccionar los grandes proyectos solares hacia ubicaciones con menos conflictos ecológicos y limitar la conversión de tierras en regiones que sean a la vez productivas y ricas en hábitats naturales, es decir, incorporar un criterio de biodiversidad en la etapa de planificación, no como corrección posterior.

Es un enfoque que se acerca al de otros estudios sobre energía eólica marina y terrestre en China, que también proponen cruzar mapas de potencial energético con mapas de prioridades de conservación antes de decidir dónde construir, en lugar de resolver el conflicto proyecto por proyecto una vez que la obra ya está en marcha.

El mismo problema se repite en la energía eólica

Cuando el viento no alcanza para todos: la guerra silenciosa de la eólica marina en el norte de Europa
© FreePIk

Aunque el estudio se centró en energía solar, los propios autores señalaron que los problemas identificados también se aplican a otras formas de energía renovable, como los parques eólicos. No es una novedad: distintos trabajos previos ya habían documentado tensiones similares entre la expansión eólica y la conservación de aves migratorias en las costas chinas, así como entre pequeñas centrales hidroeléctricas y la fauna de los ríos donde se instalan.

El punto en común de todos estos casos es que ninguna de estas tecnologías es, por sí sola, buena o mala para la biodiversidad. Lo que determina el impacto es dónde se construyen. Un parque solar en un desierto con poca vida silvestre y otro instalado sobre un humedal migratorio pueden tener exactamente la misma potencia y una huella ecológica completamente distinta.

Un costo que conviene medir antes, no después

China es, hoy, el país que más rápido instala energía solar en el mundo, y también uno de los que concentra mayor diversidad de aves, con presencia de rutas migratorias clave en Asia oriental. Esa combinación hace que el país sea, al mismo tiempo, un caso extremo y un buen laboratorio para entender qué pasa cuando la transición energética avanza a máxima velocidad sin un mapa de conservación igual de detallado.

El estudio no propone elegir entre clima y biodiversidad. Propone, en cambio, que esa elección deje de ser implícita. Si el criterio para ubicar un parque solar es únicamente la conveniencia de un plan económico regional, la biodiversidad termina pagando un costo que nadie planificó, y que en muchos casos sería evitable con relativamente poco esfuerzo adicional: elegir el terreno de al lado en lugar del hábitat sensible.

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