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Ciencia

China vuelve a dejar basura en una de las zonas más transitadas del espacio, y el problema ya empieza a parecer un patrón

La etapa superior de un cohete chino Zhuque-2E se rompió en órbita baja y dejó decenas de fragmentos cerca de rutas usadas por satélites y estaciones espaciales. No es el episodio más grave de basura espacial, pero sí otro aviso incómodo: China acumula antecedentes preocupantes en la gestión de restos orbitales.
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Un cohete chino volvió a romperse donde menos conviene

El espacio alrededor de la Tierra ya no es un lugar vacío. Está lleno de satélites de comunicaciones, plataformas científicas, estaciones espaciales, cohetes abandonados y miles de fragmentos que viajan a velocidades enormes. En ese escenario, cada nueva pieza de basura espacial suma un riesgo, aunque sea pequeña, porque cualquier impacto puede desencadenar daños muy difíciles de controlar.

El último aviso llegó tras el lanzamiento del cohete chino Zhuque-2E, que el 9 de junio colocó dos satélites en órbita baja. La misión principal salió bien, pero la etapa superior del cohete quedó abandonada y poco después se fragmentó. Según estimaciones de seguimiento orbital, el evento pudo generar entre 100 y 150 piezas de escombros.

La cifra no lo convierte en el peor episodio de basura espacial de la historia, pero sí resulta preocupante por el lugar donde ocurrió. Los fragmentos quedaron en una región muy utilizada de la órbita baja, cerca de altitudes donde circulan satélites de Starlink y que también se cruzan con la órbita de la Estación Espacial Internacional. La buena noticia es que la resistencia atmosférica debería hacer que muchos de esos restos reentren en la atmósfera en los próximos meses.

China vuelve a dejar basura en una de las zonas más transitadas del espacio, y el problema ya empieza a parecer un patrón
© Randoba – Youtube.

El problema no es un caso aislado

La preocupación de los expertos no nace solo por este episodio. China ya arrastra antecedentes importantes en generación de basura espacial. El caso más conocido ocurrió en 2007, cuando destruyó su propio satélite meteorológico Fengyun-1C durante una prueba antisatélite. Aquella operación generó miles de fragmentos y se convirtió en uno de los eventos más contaminantes de la historia orbital.

A eso se suman los problemas con etapas superiores del cohete Long March 6A. En 2022, una de ellas se desintegró y dejó más de 500 piezas rastreables. En 2024, otro evento similar volvió a generar cientos de fragmentos, con estimaciones que superaban ampliamente las primeras cifras oficiales. Esos restos pueden permanecer durante años o décadas si quedan a mayor altitud.

La diferencia con el caso del Zhuque-2E es que sus fragmentos parecen estar en una órbita lo bastante baja como para caer relativamente rápido. Pero el patrón sigue siendo inquietante: etapas superiores que completan su misión, quedan en órbita y terminan rompiéndose, posiblemente por combustible residual, presurización o falta de pasivación adecuada.

Por qué una explosión pequeña puede convertirse en un problema enorme

La basura espacial no preocupa solo por la cantidad de fragmentos, sino por la velocidad a la que se mueven. Un objeto de pocos centímetros puede dañar seriamente un satélite si impacta a miles de kilómetros por hora. Y si ese satélite se rompe, puede generar todavía más fragmentos, aumentando el riesgo para otros objetos cercanos.

Ese escenario se conoce como síndrome de Kessler: una reacción en cadena de colisiones donde cada choque produce más basura, y esa basura provoca nuevos choques. No es algo que ocurra de un día para otro como en una película, pero sí es una amenaza real para una órbita cada vez más saturada.

La solución no es misteriosa. Las etapas superiores pueden desorbitarse de forma controlada, vaciar sus tanques para evitar explosiones, enviarse a órbitas menos peligrosas o diseñarse para reentrar en la atmósfera tras completar su trabajo. Muchas agencias y empresas ya aplican estas prácticas con más rigor porque saben que el espacio cercano a la Tierra se está convirtiendo en infraestructura crítica.

China necesita demostrar más responsabilidad orbital

China es una potencia espacial y su presencia en órbita seguirá creciendo. Tiene misiones científicas, una estación espacial propia, planes lunares y redes de satélites que competirán con grandes constelaciones occidentales. Precisamente por eso, sus prácticas de mitigación de basura espacial importan más que nunca.

El caso del Zhuque-2E no es catastrófico, pero sí funciona como una señal de advertencia. Si cada nueva constelación, cohete o misión deja restos sin controlar, la órbita baja puede volverse más peligrosa para todos. Y en el espacio no hay fronteras nacionales que detengan un fragmento.

El mensaje de fondo es simple: lanzar más no alcanza. La nueva carrera espacial también se medirá por la capacidad de dejar menos basura detrás. China ya demostró que puede competir en lanzamientos, estaciones orbitales y exploración lunar. Ahora tiene que demostrar que también puede hacerlo sin convertir la órbita terrestre en un vertedero cada vez más difícil de gestionar.

 

 

Fuente: Xataka.

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