Según indica Heródoto en su volumen de Historias, Bato de Thera (hoy, Santorini) colonizó la ciudad interior de Cirene en el año 631 a.C., diciendo que había recibido revelaciones proféticas. En los años siguientes los habitantes del asentamiento griego construyeron Apolonia, un puerto artificial para embarcaciones comerciales y militares, pero no sabían que su logro de ingeniería estaba ubicado sobre una red de fallas activas.
En un trabajo que se publicó en Libyan Studies, los investigadores describen la reevaluación de la historia geomorfológica, oceanográfica y arqueológica de Apolonia, puerto principal que brindaba servicio a Cirene. Según el estudio el puerto refleja el agudo conocimiento de los arquitectos de la antigüedad sobre las limitaciones naturales, y muestra cómo resolvieron esos problemas al idear un puerto artificial, mediante la hazaña de quitar unos 170.000 metros cúbicos de piedra. El estudio también investiga por qué en los últimos 2.500 años Apolonia se ha hundido bajo el agua unos 2,4 metros, y apunta a los terremotos más que a los cambios en el nivel del mar como se podría suponer.

El equipo de investigadores incluyó al oceanógrafo Nic Flemming y al arqueólogo Ahmad Emrange del Centro Nacional de Oceanografía de Reino Unido y la Universidad de Benghazi de Libia, respectivamente.
Tallaron la costa
Uno de los objetivos principales del estudio era definir hasta qué punto los ingenieros de la antigua Grecia habían logrado modificar intencionalmente la costa natural de Cirene. Según el trabajo los estudios anteriores de la región habían dado como resultado el hallazgo de objetos de cerámica de períodos anteriores.
Eso sugiere que “casi con certeza” la región había sido utilizada por pescadores y mercaderes como pequeño centro de comercio, pero el puerto natural era demasiado pequeño y peligroso para embarcaciones más grandes, según explicaron los investigadores.

Sin embargo los registros históricos indican que Cirene creció y llegó a ser una ciudad bastante próspera. Para el siglo IV a.C. Cirene exportaba silfio, una planta milagrosa de aquella época y que no se ha identificado. Además tenía una flota de antiguos barcos de guerra, lo que muestra que era “mucho más que un puesto menor donde atracaban las embarcaciones”, indica el trabajo. Incluso al dejar aparte la evidencia física el contexto histórico sugiere que las características naturales de Apolonia pasaron por importantes trabajos de renovación.

En cuanto a cómo lo hicieron, es probable que los ingenieros griegos construyeran un rompeolas con piedras durante el primer siglo de ocupación. En 1959 Flemming descubrió un área de piedras y bloques de roca en una inspección submarina que respalda esa idea. También, eso está en línea con las tácticas de la Edad de Bronce para proteger a los puertos del oleaje, según el trabajo. Hay además signos de tallado vertical en los muros de piedra que están sumergidos en el arrecife de Grotto y la Isla Hammam, con lo que es probable que de allí los ingenieros tomaran las rocas para sus fortificaciones.
Una decisión desafortunada
Sin embargo, los griegos probablemente desconocían el hecho de que Cirene estaba ubicada sobre una red de fallas que, por la convergencia de las placas tectónicas de África y Eurasia, ha provocado siempre terremotos entre leves y graves en la región. Parte de esos terremotos más fuertes aparecen detallados en la literatura histórica, causando “daños considerables” a la arquitectura de Cirene, añaden los investigadores.
Pero han destacado que no se sabe si fue un terremoto en particular el que provocó el hundimiento de Apolonia. Los estudios geofísicos anteriores indican que la región pasó por una subsidencia tectónica de unos 3,8 metros entre los siglos ocho y nueve de la era cristiana. Hubo también episodios de movimiento que dejaron un desplazamiento de unos 2,4 metros, consistentes con la profundidad submarina de los senderos descendentes artificiales de la Isla de Hammam.

Antes de que el puerto desaparezca
La última evaluación ha avanzado mucho en el entendimiento de la historia de Apolonia, pero el equipo dice que al mismo tiempo surgen más preguntas. Por ejemplo, sería útil averiguar la cronología precisa de cómo, y cuándo, se tallaron las rocas de las islas y el momento y magnitud de los eventos tectónicos importantes. Lamentablemente podría ser una carrera contra el tiempo porque el daño natural y antropogénico de la región se ha acelerado en las últimas décadas.
“Apolonia ofrece uno de los casos de estudio más importantes para entender cómo gestionaban y modificaban los entornos costeros las comunidades de la antigüedad. El ingenio de la obra de este antiguo puerto, la escala de la ingeniería griega y la excepcional preservación de los restos sumergidos hacen de este sitio un lugar de importancia destacada”, concluyeron los miembros del equipo.