Photo: Bhattacharya S et al. 2018

Detrás del estudio genético de aquella diminuta momia del desierto de Atacama hay una historia de contrabando que indigna a los chilenos. Según denuncia ahora la comunidad científica de Chile, el esqueleto fue exhumado ilegalmente en 2003 y terminó en manos de un coleccionista privado de Barcelona.

Le pusieron Ata. Fue descubierto hace 15 años en un pueblo abandonado al norte de Chile. Su cuerpo, momificado gracias a las extremas condiciones del desierto de Atacama, era increíblemente extraño. Tan pequeño como un feto de pocos meses, pero con la composición ósea de un niño de seis años. Con las cuentas oculares hundidas, la mandíbula sin desarrollar y 10 costillas en lugar de 12. Los ufólogos siempre lo han tenido claro: aquello era un extraterrestre. Sin embargo, una investigación conjunta de la Universidad de Stanford y la Universidad de California en San Francisco acaba de desmentir definitivamente el incesante rumor: Ata era una niña chilena que nació sin vida. Un feto de unas 16 semanas que había sufrido numerosas mutaciones sin precedentes.

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El estudio, globalmente mediático gracias al aliciente paranormal, no fue recibido con el mismo entusiasmo por los científicos chilenos. “Independientemente de cuán interesante pueda ser el análisis”, escribió el académico Gabriel León, de la Universidad Andrés Bello, “es necesario tener en cuenta la forma en que el cuerpo fue encontrado y tratado como mercancía”.

El sitio arqueológico de La Noria, donde se encontraba la diminuta momia, es blanco habitual de los saqueadores de tumbas atraídos por una leyenda local que habla de un tesoro enterrado a finales del siglo XIX por un cura. Fue en 2003 cuando una excavación cerca de la iglesia del pueblo dio con una bolsa de tela atada con una cinta violenta. “En el interior, cuidadosamente depositado con los brazos sobre el torso —continúa León— había un cuerpo humano perteneciente a una niña chilena que fue exhumado, vendido, exhibido y analizado ilegalmente sin la menor consideración por quienes la enterraron allí”.

La comunidad científica de Chile denuncia que Ata fue víctima del contrabando y que el “irresponsable” estudio genético de sus restos sin molestarse en conocer la verdad de su exhumación promueve el saqueo del patrimonio arqueológico de Chile. La pequeña momia fue probablemente vendida y acabó, de alguna forma, en la colección privada de Ramón Navia-Osorio, en España.

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“No teníamos conocimiento de cómo se obtuvo el esqueleto ni de cómo se vendió o exportó a España”, explicó Atul Butte, uno de los autores del estudio, ante el New York Times. “No teníamos ninguna razón para sospechar que esta muestra se había obtenido ilegalmente ilegalmente”.

Los investigadores estadounidenses llegaron a Ata de la forma menos científica posible: el cineasta Amardeep Kaleka les pidió que analizaran el esqueleto para su película sobre Steven Green, un hombre que abandonó su carrera como médico para dedicarse a buscar evidencias de vida extraterrestre.

Gracias a la presión de los científicos chilenos, el Consejo de Monumentos Nacionales del gobierno de Chile anunció que comenzaría una investigación para esclarecer si, como se cuenta, la momia de Atacama fue exhumada ilegalmente y contrabandeada fuera del país.