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Ciencia

Cinco vacas quedaron abandonadas en una isla remota y se multiplicaron durante más de un siglo. Su ADN terminó desmontando una historia que la ciencia daba por cierta

En 1871, cinco vacas quedaron aisladas en una isla del océano Índico. Más de un siglo después, su ADN reveló una historia evolutiva inesperada que obligó a revisar una explicación científica.
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En 1871, un agricultor francés llamado Heurtin llegó a una pequeña isla volcánica del océano Índico con la intención de establecerse allí. Su aventura duró apenas unos meses. Cuando decidió marcharse, dejó atrás cinco bovinos que tendrían que sobrevivir sin ayuda humana en uno de los territorios más aislados del planeta.

Todo indicaba que aquellos animales acabarían desapareciendo. Sin embargo, ocurrió lo contrario. Las cinco reses se multiplicaron hasta formar una población de aproximadamente 2.000 ejemplares, capaces de soportar durante generaciones fuertes vientos, temperaturas bajas y una disponibilidad limitada de agua dulce.

Durante décadas, su historia fue considerada un ejemplo extraordinario de adaptación evolutiva. Pero en 2024, un equipo de genetistas recuperó muestras de ADN conservadas antes de la desaparición del rebaño y encontró algo inesperado: las vacas habían sobrevivido por razones muy distintas de las que se creían.

Una isla perdida, cinco animales y una evolución demasiado rápida

Cinco vacas quedaron abandonadas en una isla remota y se multiplicaron durante más de un siglo. Su ADN terminó desmontando una historia que la ciencia daba por cierta
Fotografías documentales de las vacas de Amsterdam utilizadas en la investigación genética de 2024. El estudio identificó una ascendencia mixta europea y del océano Índico, y cuestionó la hipótesis de una reducción acelerada de tamaño. © François Colas.

La isla Amsterdam, perteneciente a los territorios australes franceses, tiene apenas 55 kilómetros cuadrados y se encuentra a unos 4.440 kilómetros al sureste de Madagascar. Allí, sin depredadores terrestres comparables a los de sus regiones de origen y con abundantes extensiones de vegetación, el ganado comenzó a reproducirse.

El aislamiento parecía haber provocado algo todavía más sorprendente. En 2017, una investigación publicada en Scientific Reports por Roberto Rozzi y Mark Lomolino sostuvo que las vacas habían experimentado un proceso extraordinariamente rápido de nanismo insular. Este fenómeno ocurre cuando determinados animales de gran tamaño evolucionan hacia cuerpos más pequeños en territorios insulares, donde las condiciones ecológicas son diferentes de las continentales.

Según aquella investigación, los bovinos de Amsterdam habían reducido su tamaño hasta aproximadamente el 75% del original en poco más de un siglo. Una transformación que, en otros grandes mamíferos, suele necesitar miles de años. El caso parecía demostrar que la evolución podía actuar a una velocidad mucho mayor de la esperada. Sin embargo, faltaba una pieza fundamental: conocer la verdadera identidad genética de los cinco animales originales.

El ADN mostró que las vacas tenían un secreto desde antes de llegar

Cinco vacas quedaron abandonadas en una isla remota y se multiplicaron durante más de un siglo. Su ADN terminó desmontando una historia que la ciencia daba por cierta
La isla Amsterdam, territorio volcánico francés situado en el sur del océano Índico. Su aislamiento permitió que una pequeña población de ganado se reprodujera durante casi 140 años sin nuevas introducciones conocidas. © Begrenset gjenbruk.

Un equipo dirigido por Mathieu Gautier, del instituto francés INRAE, analizó muestras de 18 animales obtenidas en 1992 y 2006. Los resultados, publicados en 2024 en Molecular Biology and Evolution, cambiaron la interpretación de aquella historia. Los bovinos no descendían de una única raza europea. Aproximadamente tres cuartas partes de su ascendencia correspondían a ganado taurino europeo, emparentado con razas como la Jersey, mientras que el resto procedía de cebúes del océano Índico.

Los investigadores determinaron que esa mezcla genética ya existía antes de la llegada de los animales a Amsterdam. Además, su ascendencia europea podía explicar buena parte de su resistencia al clima frío, húmedo y ventoso. El hallazgo también debilitó la hipótesis del nanismo acelerado. El análisis no encontró evidencias genéticas sólidas de una selección dirigida hacia la reducción del tamaño corporal.

En otras palabras, aquellas vacas probablemente ya eran pequeñas cuando fueron abandonadas. La adaptación más importante parecía encontrarse en otro lugar. Los científicos identificaron señales de selección en genes relacionados con el sistema nervioso, posiblemente vinculadas con los cambios de comportamiento necesarios para que animales domésticos comenzaran a vivir completamente libres.

Sobrevivieron a la consanguinidad, pero no a las consecuencias de su expansión

Cinco vacas quedaron abandonadas en una isla remota y se multiplicaron durante más de un siglo. Su ADN terminó desmontando una historia que la ciencia daba por cierta
El ganado asilvestrado de la isla Amsterdam, fotografiado antes de su erradicación. Los descendientes de cinco animales introducidos en 1871 llegaron a formar una población de miles de ejemplares. © François Colas.

La genética también permitió investigar un segundo misterio: cómo una población fundada por apenas cinco individuos consiguió sobrevivir durante tantas generaciones sin desaparecer por problemas reproductivos. Según el análisis genómico conservado en PubMed Central, el rebaño experimentó un cuello de botella demográfico intenso, pero relativamente breve. Su rápido crecimiento contribuyó a limitar la pérdida de diversidad genética, aunque los investigadores detectaron altos niveles de consanguinidad y señales de una menor eficacia de la selección contra algunas variantes perjudiciales.

La población consiguió prosperar, pero su expansión tuvo un coste ambiental. El ganado alteró la vegetación autóctona y amenazó hábitats fundamentales para especies como el albatros de Amsterdam. Las autoridades francesas comenzaron a controlar su número en 1988 y finalmente eliminaron los últimos ejemplares en 2010, dentro de un programa de restauración ecológica. Paradójicamente, el ADN conservado antes de su desaparición permitió revisar su historia décadas después.

Las vacas de Amsterdam no demostraron necesariamente que la evolución pudiera reducir el tamaño de un gran mamífero en tiempo récord. Su verdadero legado fue mostrar que sobrevivir en un ambiente extremo puede depender tanto de las características heredadas como de los cambios que aparecen después del aislamiento. Una historia que comenzó con cinco animales abandonados y terminó obligando a revisar una explicación científica que parecía convincente.

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