Hay un truco para congelar el agua en un instante. Más que algo práctico es un experimento de ciencia casero, pero te servirá para ganarle una apuesta a algún amigo. Necesitarás una botella de agua (mejor si es desmineralizada o destilada, pero también puede ser filtrada) y un poco de paciencia para preparar el truco.

Antes de perpetrar el truco, el agua de tu botella tiene que estar a unos -8 ºC. Un momento, ¿el agua no se congelaba a 0 ºC? No siempre, ahora explicaremos eso. Para conseguir que la botella esté a esa temperatura, puedes meterla dos horas en el congelador o —más rápido— media hora en un bol con abundante hielo y sal. Puesto que la sal se disuelve en el agua pero no interactúa con el hielo, en la mezcla habrá menos moléculas de agua en congelación que moléculas de hielo en fusión, lo que en definitiva acelerará el proceso de enfriamiento de la botella.

Superado el primer paso, retira con mucho cuidado la botella de agua y prepárate para el acto final. Hay dos formas de realizar el truco, elige la que te parezca más teatral. Primera opción: dale un golpe a la botella sobre la mesa y observa con satisfacción cómo el agua que contiene se congela en un instante. Segunda opción: abre cuidadosamente la tapa y derrama el contenido de la botella sobre los cubos de hielo que quedaban en el bol; el agua líquida se congelará al instante, formando una pequeña escultura de hielo.

El truco se basa en el fenómeno de la sobrefusión, más conocido como superenfriamiento. Aunque el punto de congelación del agua sea de 0 ºC, si se reúnen las condiciones adecuadas se puede “superenfriar” hasta los -42 ºC sin llegar a convertirse en hielo. A -8 ºC, el agua pura (recuerda que usamos agua destilada, desmineralizada o filtrada) no encuentra impurezas alrededor de las cuales formar los cristales de hielo, así que se mantiene líquida. Sin embargo, las burbujas que se forman cuando le das un golpe a la botella actúan como núcleos que desencadenan el proceso de cristalización.