El murciélago común que actúa como protector de los libros.
Photo: olivierbxl (Flickr)

En la Biblioteca Joanina en Portugal, hay unos visitantes que siempre son bienvenidos. Se puede decir que son los visitantes favoritos de los empleados de la biblioteca. No se trata de personas famosas, investigadores o niños curiosos por conocer la magia de los libros. Los visitantes en realidad no son humanos: son murciélagos.

Advertisement

El murciélago común, llamado Pipistrellus pipistrellus, ha residido en la Biblioteca Joanina, en la ciudad central de Coimbra, desde por lo menos el siglo XIX. Aunque parezca un poco raro que los bibliotecarios les tengan tanto cariño a los murciélagos que les dejan vivir ahí, especialmente considerando la cantidad de libros antiguos en el lugar, se trata de una relación mutuamente beneficiosa.

La Biblioteca Joanina en la Universidad de Coimbra.
Photo: Alvesgaspar (Wikimedia)

Los murciélagos, que viven detrás de las estanterías, se comen todos los insectos de la biblioteca que, de lo contrario, destrozarían las páginas de los libros. El ritual de los murciélagos y los bibliotecarios es simple y antiguo. Los murciélagos salen por las noches, se alimentan de los insectos en la biblioteca y luego salen por las ventanas para coger agua. Los bibliotecarios no les molestan, dejándoles seguir sus instintos naturales.

Advertisement

La Biblioteca Joanina en Portugal.
Photo: Ernesto von Rückert (Wikimedia)

Para proteger las mesas del siglo XVIII de los excrementos de los murciélagos, los bibliotecarios cubren las mesas con unas telas hechas de pieles de animales importadas de Rusia. Al llegar la mañana, los bibliotecarios retiran las telas y barren los suelos de la biblioteca.

Considerando que los murciélagos salen por las noches, no suelen molestar a los visitantes humanos de la biblioteca.

Advertisement

Además, la práctica de utilizar murciélagos como un servicio de control de plagas natural tampoco es tan rara. La Biblioteca en el Palacio Nacional de Mafra, unos 200 kilómetros de Lisboa, también depende en los murciélagos para proteger sus libros. No está claro desde cuándo los murciélagos han estado protegiendo a los libros en Mafra, aunque los expertos deducen que han residido en la biblioteca durante siglos.

[National Enquirer]