Hay decisiones de ingeniería que parecen razonables sobre el papel y desastrosas en la práctica. Construir un embalse de 170.000 metros cúbicos de agua sobre un glaciar rocoso en los Alpes franceses, a 2.270 metros de altitud, para garantizar nieve artificial a una estación de esquí de lujo es una de ellas. El embalse de La Loze fue inaugurado en 2020 en Courchevel con una inversión de 5,7 millones de euros. Seis años después, el dique ha cedido entre 40 y 50 centímetros, se está hundiendo a 15 centímetros por año, las autoridades lo ordenaron vaciar de emergencia y hay una denuncia penal por posible falsificación de los estudios geológicos que autorizaron su construcción.
Para qué se construyó: nieve artificial para los Mundiales y los Juegos Olímpicos

La Société des Trois Vallées construyó el embalse para garantizar la producción de nieve artificial en los 3,2 kilómetros de la pista Éclipse de Courchevel, que fue sede de los Campeonatos del Mundo de Esquí Alpino de 2023 y que está prevista como infraestructura clave para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2030. El objetivo era proteger la temporada de esquí frente a la reducción de nevadas naturales asociada al cambio climático.
La elección del emplazamiento respondía a razones prácticas: la altitud garantizaba temperaturas más frías para la fabricación de nieve y el agua podía almacenarse cerca de las pistas que debía abastecer. Lo que los promotores no evaluaron correctamente —o eligieron ignorar, según la investigación judicial en curso— es que el terreno elegido era un glaciar rocoso que todavía contenía hielo en profundidad.
El mecanismo del colapso: el agua calentó el subsuelo helado desde dentro
Los problemas aparecieron desde el primer año. David Vignon, director de proyectos de la Société des Trois Vallées, reconoció al diario Le Monde que nada más llenarse el embalse ya se detectaron los primeros asentamientos en el dique. La empresa encargó una evaluación a Artelia, empresa líder mundial en ingeniería hidráulica, que llegó a una conclusión contundente: la presa había sufrido un fallo estructural.
El mecanismo es relativamente simple: la masa de agua del embalse actuó como un radiador, transmitiendo calor al subsuelo. Ese calor derritió el permafrost —el suelo permanentemente helado sobre el que se asentaba el dique— desde dentro. Sin permafrost estable, el terreno cede. El desplazamiento del dique es de 15 centímetros por año y ya acumula entre 40 y 50 centímetros desde su inauguración. En su sección sureste, la cesión total llega ya a 90 centímetros.
El escenario de colapso: 170.000 metros cúbicos ladera abajo en 30 minutos
Un informe técnico confidencial advierte que una rotura total del dique liberaría los 170.000 metros cúbicos de agua y lodo en menos de 30 minutos. En la trayectoria directa de ese flujo está La Tania, un núcleo turístico con 90 cabañas alpinas y varios complejos hoteleros. Treinta minutos es un margen demasiado corto para una evacuación completa de toda la zona afectada.
La prefectura de Saboya reaccionó ordenando vaciar el embalse de forma progresiva hasta dejarlo en 25.000 metros cúbicos —un 85% menos de su capacidad original—. Sensores geotécnicos monitorizan las 24 horas el desplazamiento del dique. Pese al riesgo, la estación no ha descartado el proyecto: el plan prevé nuevas perforaciones geológicas, la construcción de un dique interior provisional y una reconstrucción definitiva en 2027.
La denuncia penal: ¿se falsificaron los estudios de impacto ambiental?
La dimensión judicial del caso es quizás la más grave. Las auditorías geológicas posteriores a los primeros problemas revelaron que los promotores turísticos infravaloraron los riesgos del cambio climático y la fragilidad del permafrost en favor de la viabilidad económica de las pistas. La asociación anticorrupción AC!! interpuso una denuncia penal ante la fiscalía de Annecy por puesta en peligro del prójimo. La justicia investiga si los estudios de impacto ambiental previos a la construcción fueron falsificados para ocultar la presencia de permafrost inestable en el terreno donde se construyó el embalse.
Un síntoma de una industria atrapada entre la crisis climática y la negación climática
El caso de Courchevel ilustra una tensión que afecta a todas las estaciones de esquí de los Alpes: la reducción de nevadas naturales por el calentamiento global obliga a aumentar la producción de nieve artificial, lo que requiere más infraestructura de almacenamiento de agua, que a su vez presiona sobre ecosistemas de montaña ya fragilizados por ese mismo calentamiento. La respuesta tecnológica al cambio climático choca con las consecuencias físicas del cambio climático. El embalse de La Loze es el caso más extremo de esa contradicción, pero no el único.