Saltar al contenido
Ciencia

Contra todo pronóstico, una idea de la Edad de Piedra apunta al espacio. Y podría llevarnos a Proxima b en apenas dos décadas

Proxima b, a 4,24 años luz, es el planeta que más opciones tiene de albergar vida. La distancia parecía imposible de salvar, hasta que un proyecto financiado por Stephen Hawking y Mark Zuckerberg rescató una tecnología ancestral: velas, rediseñadas para navegar a la velocidad de las estrellas.
Por

Tiempo de lectura 2 minutos

Comentarios (3)

Durante miles de milenios, la humanidad desplegó velas para atravesar los mares desconocidos. Hoy, ese mismo principio podría convertirse en la llave hacia otros mundos. Breakthrough Starshot, la iniciativa que une a científicos y visionarios, prepara diminutas sondas que, impulsadas por láseres desde la Tierra, prometen llegar a Proxima b en apenas dos décadas.

Proxima b y el desafío de la distancia

Una idea de la Edad de Piedra apunta al espacio. Velas que podrían llevarnos a Proxima b antes de lo que imaginamos
© S. Dagnello, NRAO/AUI/NSF.

Proxima b, el planeta que orbita en la zona habitable de Alpha Centauri, se ha convertido en el gran foco de la búsqueda de vida extraterrestre. Su cercanía lo hace especialmente atractivo, pero los 4,24 años luz que lo separan de la Tierra siguen siendo una frontera inalcanzable para la tecnología espacial actual. Las sondas más rápidas tardarían decenas de millones de años en llegar.

Por eso, la propuesta de Breakthrough Initiatives resulta tan disruptiva: usar un principio tan viejo como la navegación para vencer lo que parecía imposible.

Velas en clave cósmica

Una idea de la Edad de Piedra apunta al espacio. Velas que podrían llevarnos a Proxima b antes de lo que imaginamos
© NASA.

El proyecto, impulsado por Stephen Hawking y Mark Zuckerberg, plantea lanzar cientos de diminutas sondas equipadas con velas ultraligeras. En lugar de viento, serían impulsadas por un haz de láser proyectado desde la Tierra, capaz de acelerar hasta el 20% de la velocidad de la luz, unos 60.000 km por segundo. Ese impulso reduciría el viaje a apenas 21 años.

La estrategia del enjambre responde a la crudeza del trayecto: a esa velocidad, la radiación y el impacto con partículas espaciales pueden destruir las naves. La multiplicación de intentos asegura que al menos algunas sobrevivan y logren enviar información a la Tierra, aunque la señal tardaría otros cuatro años en regresar.

El largo camino al futuro

El entusiasmo convive con grandes y complejas dificultades técnicas. Nadie sabe aún cómo frenar sondas tan rápidas al llegar a destino, y la miniaturización de sus sistemas de comunicación e instrumentación es un reto sin precedentes. Incluso con optimismo, los cálculos sitúan un lanzamiento hacia 2040 y la llegada de datos de Proxima b alrededor de 2080.

Pero la idea tiene un atractivo irresistible: que una tecnología usada por nuestros ancestros para cruzar mares pueda, con un giro futurista, convertirse en la primera herramienta que nos lleve más allá del sistema solar.

Compartir esta historia

Artículos relacionados